{"id":953,"date":"2010-06-01T10:41:28","date_gmt":"2010-06-01T08:41:28","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=953"},"modified":"2010-06-01T10:41:28","modified_gmt":"2010-06-01T08:41:28","slug":"269-la-elocuencia-de-los-batracios-por-ambrose-bierce","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=953","title":{"rendered":"269- La elocuencia de los batracios. Por Ambrose Bierce"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em>\u201cAd\u00e1n, no abras esa bocaza de sapo<br \/>\nsi no tienes nada inteligente que decir\u201d<br \/>\nG\u00e9nesis 1, 12<\/em><\/p>\n<p>Las ranas se la tienen jurada a Pit\u00e1goras y Arist\u00f3teles. Perm\u00edteme que te lo explique. Cuando los Dioses crearon el mundo y a todas sus criaturas, otorgaron a cada una de ellas una virtud y, para compensar, un defecto. <!--more-->As\u00ed, a los batracios les fue concedido el don de la sabidur\u00eda aunque a cambio deber\u00edan arrastrarse sobre sus vientres incitando as\u00ed el desprecio del resto de los seres de la creaci\u00f3n. Al hombre, por otro lado, le beneficiaron con la capacidad de interpretar los sue\u00f1os pero le perjudicaron con el pecado de la envidia.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Ranas, sapos, tritones, salamandras y cecilias se congregaban en multitudinarias asambleas donde se discut\u00eda sobre ret\u00f3rica, po\u00e9tica o filosof\u00eda mientras que renacuajos y dem\u00e1s larvas escuchaban con atenci\u00f3n las sabias ense\u00f1anzas de sus progenitores.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Una noche, un hombre tuvo un extra\u00f1o sue\u00f1o en el que un orondo comensal se desayunaba un plato de deliciosas ancas de rana. Todos los humanos estuvieron de acuerdo: aquello significaba que los hombres eran, despu\u00e9s de los dioses,\u00a0 los seres m\u00e1s importantes del universo y por tanto les correspond\u00eda considerarse en todo momento superiores a los batracios.<\/p>\n<p>Siendo de esta manera, los hombres no tardaron en plantear sus quejas a los Dioses, argumentado cuan injusto era que unas entidades rastreras y despreciables fuesen m\u00e1s inteligentes que ellos, quienes, por derecho propio, se encontraban en la cumbre de la creaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Para resolver la disputa, decidieron los Dioses que las ranas no podr\u00edan hablar mientras un ser humano permaneciese despierto. Y desde entonces, las ranas y sus cong\u00e9neres se entregaban a sus discursos y razonamientos durante la noche, mientras los hombres so\u00f1aban. M\u00e1s cuando el primero de estos se despertaba, el \u00fanico sonido que aquellas podr\u00edan articular ser\u00eda un ronco y quejumbroso croar. La luz del d\u00eda qued\u00f3 entonces reservada a los hombres y los batracios vieron postergadas sus reuniones a la oscuridad de la noche.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 As\u00ed sucedi\u00f3 durante muchos a\u00f1os, mientras perdur\u00f3 la creencia de que la Tierra era plana. M\u00e1s el hombre, envidioso como era por naturaleza, no ces\u00f3 hasta privar a estos animales de su don m\u00e1s preciado. Dos aprendices de sabio, conocidos entre sus semejantes como Pit\u00e1goras y Arist\u00f3teles, convencieron al resto de criaturas de que el mundo que habitaban era redondo como una pelota de tenis. Bueno, en realidad, redondo como\u00a0 una naranja, puesto que todav\u00eda no se hab\u00eda inventado aquel deporte.<\/p>\n<p>\u00a1Ay, amigo! Esto tuvo funestas consecuencias para los desdichados anfibios, porque siendo de esta forma tan peculiar, mientras en una cara del planeta reinaba la oscuridad de la noche y los hombres permanec\u00edan dormidos, en la mitad opuesta luc\u00eda la luz del sol y los humanos continuaban en vigilia. Por esta circunstancia, siempre exist\u00eda alguna persona despierta sobre la faz de la Tierra, as\u00ed que, siguiendo el mandato de los Dioses, las ranas nunca m\u00e1s pudieron articular palabra alguna.<\/p>\n<p>Desde entonces, los infortunados anfibios se esfuerzan por transmitir su sabidur\u00eda mediante una cacofon\u00eda de gemidos, amparados en las sombras de la noche, cuando su mayor enemigo se abandona a la inconsciencia del sue\u00f1o nocturno.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 As\u00ed ha sido hasta nuestros d\u00edas. S\u00f3lo un cataclismo que devuelva su forma original a la Tierra o apague definitivamente el sol sumiendo a la humanidad en una noche interminable devolver\u00e1 a los anfibios su capacidad de di\u00e1logo. Muchos humanos creen que as\u00ed seguir\u00e1 siendo por toda la eternidad. Pero yo te aseguro que ese momento redentor llegar\u00e1 m\u00e1s pronto que tarde.<\/p>\n<p>Por cierto, disculpa mi descortes\u00eda. Ahora que acaba este relato compruebo que ni siquiera me he presentado. Mi nombre es Agatocles y soy ranador, de la estirpe de los batracios cuyo oficio es relatar el modo y la manera en que ha sucedido una historia o un suceso. Esta historia no contiene una moraleja, aunque s\u00ed una advertencia. Uno de vosotros afirm\u00f3 que toda la vida es sue\u00f1o. Puedo asegurarte que todo esto que acabas de escuchar no es m\u00e1s que un sue\u00f1o y, por tanto, si has seguido con atenci\u00f3n mi relato, eso significa que estas dormido. Y muy pronto (s\u00ed, muy pronto) todos los de tu especie os sumir\u00e9is en un sue\u00f1o eterno. Ya lo dijo otro de vuestros semejantes. Ram\u00f3n creo que le llam\u00e1bais. \u00a1Croac, croac!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cAd\u00e1n, no abras esa bocaza de sapo si no tienes nada inteligente que decir\u201d G\u00e9nesis 1, 12 Las ranas se la tienen jurada a Pit\u00e1goras y Arist\u00f3teles. Perm\u00edteme que te lo explique. 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