{"id":960,"date":"2010-06-01T10:49:20","date_gmt":"2010-06-01T08:49:20","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=960"},"modified":"2010-06-01T10:49:20","modified_gmt":"2010-06-01T08:49:20","slug":"271-llanto-a-las-tres-por-samporf","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=960","title":{"rendered":"271-Llanto a las tres. Por Samporf"},"content":{"rendered":"<p>Con sus ojos fijos en \u00e9l sinti\u00f3 c\u00f3mo poco a poco aquella fuerza salvaje se iba desvaneciendo. Se ba\u00f1\u00f3 con el l\u00edquido vital que desbordaba afanosamente de su cuello;<!--more-->\u00a0frot\u00f3 sus senos y su sexo con la sangre de su amante, que yac\u00eda tieso en la cama, y de repente sinti\u00f3 como si \u00e9ste a\u00fan viviera y estuviera festejando con <em>ella<\/em> su propia muerte. Siempre ocurr\u00eda lo mismo. Re\u00eda a carcajadas una y otra vez extasi\u00e1ndose de aquel momento sublime en el que bailaba sobre la cama asesina con canciones que brotaban de su pensamiento. Luego lloraba un rato desaforadamente del placer que la consum\u00eda.<\/p>\n<p>Cualquier puritano retr\u00f3grado hubiese dicho que se trataba de un aquelarre; pero esto era mucho m\u00e1s que una simple invocaci\u00f3n del demonio por parte de extravagantes brujas. Era <em>ella<\/em> descubriendo una y otra vez a su propio ser. A ese ser libre y sin ataduras lleno de pasiones incontrolables y de instintos ocultos\u2026 excitantemente ocultos.<\/p>\n<p>En Aitona, cada ma\u00f1ana se encontraban un nuevo muerto entre las s\u00e1banas desde hac\u00eda ya dos semanas cuando comenz\u00f3 el verano y los gallos se mor\u00edan sin explicaci\u00f3n alguna. Pocos se atrev\u00edan a mencionar los pormenores de los asesinatos, y los que lo hac\u00edan, lo hac\u00edan antecedidos de una oraci\u00f3n colectiva. \u00a1Como si el cielo estuviera atento de las preocupaciones de los condenados!<\/p>\n<p>El inspector de la polic\u00eda, Arciniegas, un hombre viejo y gordo que m\u00e1s parec\u00eda carnicero, buscaba en las escenas los indicios que pudiesen delatar al culpable. Vio siempre la misma fotograf\u00eda. Hombre desnudo \u2013Pedro, Juan, Mateo, Tomas, Marcos, Lucas\u2026-, envuelto por la mitad en s\u00e1banas impecablemente blancas hasta donde la sangre lo permit\u00eda. En el cuello de las v\u00edctimas hab\u00eda un gran mordisco que lo condujo inicialmente a pensar que el asesino no era m\u00e1s que alg\u00fan animal salvaje con sed de sangre. Pero no era posible que un animal matara siempre a la misma hora y dejara abandonadas sin m\u00e1s que un mordisco a sus v\u00edctimas. No, el asesino no era un animal aunque se comportase como si lo fuera.<\/p>\n<p>Una silenciosa desesperaci\u00f3n se fue apoderando de Aitona mientras tan solo <em>ella<\/em> yac\u00eda pl\u00e1cidamente en los rincones de su casa planeando paso a paso los pormenores de las madrugadas venideras. Pero surgi\u00f3 un improvisto. El inspector Arciniegas, cansado de las miradas de reproche de los pueblerinos, adopt\u00f3 una dr\u00e1stica medida: los 20 polic\u00edas que custodiaban el pueblo pasar\u00edan todas las noches que fuese necesario en vela haciendo rondas minuciosas por cada calle hasta atrapar al culpable. Estaban en plena libertad de forzar la puerta en cuyas casas se escuchara el menor sonido sospechoso. Desde entonces, m\u00e1s de una sesi\u00f3n desaforada de amor nocturno entre dos \u2013y hasta tres- amantes inocentes fue interrumpida por los polic\u00edas que le\u00edan en los guturales sonidos del amor corp\u00f3reo el acometimiento de otro asesinato.<\/p>\n<p><em>Ella<\/em> ya ten\u00eda a su pr\u00f3xima v\u00edctima. El inspector Arciniegas, haciendo alarde de su rango y poder de mando, sol\u00eda acompa\u00f1ar tan solo parcialmente las agotadoras rondas de sus subordinados para irse, \u00e9l s\u00ed, a entregar a las \u00f3rdenes de Orfeo.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Con un rostro angelical, dado quiz\u00e1s tan solo a las sobrinas de los curas, Caroline era la mujer m\u00e1s admirada en Aitona. Su belleza virgen y el halo divino que la rodeaba al igual que su constante mutismo y ensimismamiento, hac\u00edan de ella un ser sublime que desde su llegada al pueblo se apoder\u00f3 de los m\u00e1s bajos pensamientos de hombres, j\u00f3venes e incluso algunas mujeres. La vieja iglesia se llenaba cada ma\u00f1ana, tarde y noche tan solo por la necesidad casi salvaje que sent\u00edan algunos feligreses por ver y o\u00edr cantar a ese \u00e1ngel terrenal que por alguna desgracia incierta vino a parar al mundo de los mortales.<\/p>\n<p>Su t\u00edo, el p\u00e1rroco del pueblo, tuvo que encargarse de Caroline desde hac\u00eda dos a\u00f1os cuando un telegrama nefasto le inform\u00f3 que su hermano y su cu\u00f1ada hab\u00edan muerto a manos del ej\u00e9rcito. Cuando ella lleg\u00f3 al pueblo con tan solo una maleta vieja entre sus manos y su belleza infinita, el p\u00e1rroco sinti\u00f3 que la hab\u00edan puesto en una canasta mand\u00e1ndola r\u00edo abajo para que tan solo \u00e9l la encontrara y la protegiera. S\u00ed, Dios le hab\u00eda encomendado esa misi\u00f3n. Ella era un ser indefenso en una canasta tra\u00edda por las aguas de la desventura hacia sus brazos.<\/p>\n<p>En la madrugada de un domingo, Caroline esperaba ansiosa la hora apropiada. Divagaba despierta entre mil pensamientos que la conduc\u00edan siempre a lo mismo\u2026 ten\u00eda que ir. No importaba el peligro ni lo arriesgado que fuese, ten\u00eda que ir. La hora hab\u00eda llegado. Se visti\u00f3 silenciosamente aguzando el o\u00eddo para escuchar los ronquidos de su t\u00edo que yac\u00eda como el f\u00f3sil de alg\u00fan animal milenario en la otra habitaci\u00f3n de la parroquia. Sali\u00f3 en medio de la espesa oscuridad y se dirigi\u00f3 sigilosamente hacia la casa del inspector Arciniegas.<\/p>\n<p>Con cada paso que daba, sus miradas y su o\u00eddo se hac\u00edan m\u00e1s agudas. Sab\u00eda que en todas partes los polic\u00edas estar\u00edan haciendo su ronda nocturna. Pero ten\u00eda que ir; el deseo la embargaba y sent\u00eda que su cuerpo estallar\u00eda si no le daba de nuevo rienda suelta a sus pasiones.<\/p>\n<p>A unos metros de la casa del inspector Arciniegas sinti\u00f3 la presencia de una mirada delatora. Sus ojos vieron hacia todos lados pero no hallaron nada sospechoso. Contin\u00fao su camino. Se encontraba en el port\u00f3n de la casa del inspector. Vacil\u00f3 un momento. Escuch\u00f3 pasos cercanos en las calles oscuras de Aitona y decidi\u00f3, para su pesar, camuflarse con la oscuridad y devolverse hasta la parroquia. Eran cerca de las tres de la ma\u00f1ana. Tendr\u00e1 que ser otro d\u00eda, pens\u00f3.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Rafael Salgado era un polic\u00eda por convicci\u00f3n y tradici\u00f3n. A sus 28 a\u00f1os decidi\u00f3 seguir el camino caracter\u00edstico de todos los hombres de su familia: meterse de polic\u00eda. Cuando los asesinatos comenzaron a ocurrir en el pueblo sus ganas de sobresalir resolviendo los cr\u00edmenes, lo condujeron a sugerirle al inspector la idea de las rondas nocturnas. Desde entonces comenz\u00f3 por su cuenta a realizar seguimientos a varios de los pobladores sobre los que, seg\u00fan \u00e9l, reca\u00edan las mayores sospechas. Hasta ahora no hab\u00eda encontrado nada en ninguno.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de su pasi\u00f3n por el ejercicio polic\u00edaco, era un fervoroso creyente hasta el punto de parecer enfermo por su estricto seguimiento a las normas cristianas. Esa madrugada de domingo, mientras se dirig\u00eda a revisar la casa de una de sus sospechosas, vio algo extra\u00f1o. De la parroquia sal\u00eda Caroline. Pens\u00f3 en acercarse a ella para preguntarle en qu\u00e9 podr\u00eda ayudarla. Adem\u00e1s, ser\u00eda una ocasi\u00f3n perfecta para cruzar sus primeras palabras con la mujer que desde hac\u00eda dos a\u00f1os no sal\u00eda de su pensamiento. Sin embargo su instinto lo detuvo. Decidi\u00f3 esperar un poco y seguir sus sigilosos pasos que probablemente lo llevar\u00edan a descubrir algo m\u00e1s sobre ese ser tierno al que tanto amaba en silencio. Para su sorpresa, Caroline se dirigi\u00f3 hacia la casa del inspector.<\/p>\n<p>Bajo la espesa noche y con la tenue luz de la luna iluminando su andar, a Rafael le pareci\u00f3 que estaba siguiendo a un mism\u00edsimo \u00e1ngel. Lo sorprendi\u00f3, eso s\u00ed, la extra\u00f1a hora de su paseo nocturno y la visita inesperada hacia la casa del inspector. Sin embargo sus obnubilados pensamientos no fueron mucho m\u00e1s all\u00e1\u00a0 y la acompa\u00f1\u00f3 silenciosamente de nuevo hasta la parroquia.<\/p>\n<p>Las cosas continuaron su rombo sin novedad alguna hasta la ma\u00f1ana del martes cuando uno de los polic\u00edas corri\u00f3 horrorizado por las calles del pueblo informando que el inspector hab\u00eda sido asesinado. Se trataba de la misma escena: hombre desnudo tirado en la cama entre un mar de sangre que brot\u00f3 de su cuello. Rafael se enter\u00f3 cuando yac\u00eda en su mecedora durmiendo luego del traj\u00edn usual de la madrugada. Llor\u00f3. Llor\u00f3 desesperado, no por la muerte del inspector sino por la impotencia que le provocaba el nuevo asesinato sin que tuviera una pista segura sobre el culpable.<\/p>\n<p>Este \u00faltimo asesinato rebos\u00f3 la paciencia de los pobladores de Aitona. El silencio y la resignaci\u00f3n que los hab\u00eda caracterizado antes, se convirtieron de repente en rabia. Exig\u00edan a los miembros de la polic\u00eda encontrar al culpable a costa de lo que fuera. La violencia se apoder\u00f3 del pueblo aunque no ten\u00edan contra qui\u00e9n enfocarla. Todos quer\u00edan ver muerto al asesino y regresar a sus vidas cotidianas.<\/p>\n<p>Un fugaz recuerdo cruz\u00f3 la mente de Rafael: Caroline. La hab\u00eda visto dos noches antes rondando las calles del pueblo hasta la casa del inspector cerca de las tres de la ma\u00f1ana, hora en que se cometieron los asesinatos. No lo pod\u00eda creer pero las evidencias eran innegables. Sab\u00eda lo que le esperaba a la asesina si abr\u00eda la boca. Se sent\u00eda atrapado pero finalmente decidi\u00f3 confiar su secreto a uno de sus compa\u00f1eros. \u00c9l era discreto y no dir\u00eda nada al menos hasta que estuviesen seguros de las sospechas. Pero no fue as\u00ed. A penas Rafael le cont\u00f3 a su compa\u00f1ero el extra\u00f1o paseo que hab\u00eda dado la sobrina del padre el domingo en la madrugada, \u00e9ste dijo estar seguro que ella era la asesina.<\/p>\n<p>La noticia se esparci\u00f3 entre los pobladores con la rapidez de una borrasca. Nadie lo pod\u00eda creer pero poco a poco fueron apareciendo versiones de personas que dec\u00edan haberla visto en otras circunstancias comprometedoras. Hubo alguien incluso que la culp\u00f3 por la muerte de los gallos, pues supuestamente la hab\u00eda visto degollar a uno con sus propias manos para hacer ritos sat\u00e1nicos. Otros hablaban de que su belleza no pod\u00eda provenir m\u00e1s que de un pacto con el diablo a quien hac\u00eda sacrificios humanos para mantener contento.<\/p>\n<p>Todo el pueblo hablaba con rabia de lo mismo. Enfurecidos e incontrolables, se dirigieron hacia la parroquia para buscarla a pesar de los infructuosos esfuerzos de Rafael y los otros polic\u00edas para detenerlos. Entonces Rafael se adelant\u00f3 a la turba enceguecida; lleg\u00f3 a la parroquia, la recorri\u00f3 hasta llegar a los cuartos del padre y su sobrina encontr\u00e1ndola tirada en un rinc\u00f3n envuelta en un llanto desgarrador. No la juzg\u00f3. No le pregunt\u00f3 sus razones. Simplemente le dijo que escapara r\u00e1pidamente del pueblo antes de que los dem\u00e1s la encontraran. Caroline parec\u00eda no comprender nada. Las l\u00e1grimas cubr\u00edan su rostro y el dolor que la inundaba tambi\u00e9n inundaba su cuarto. Cuando por fin se levant\u00f3 y parec\u00eda hacer caso a las indicaciones de aquel hombre a quien hab\u00eda visto muchas veces en la iglesia, un mar de personas tumb\u00f3 la puerta de su cuarto atrap\u00e1ndola de inmediato. La llevaron a rastras hasta el parque central de Aitona. Eran las tres de la ma\u00f1ana. La escupieron y golpearon grit\u00e1ndole \u00a1asesina!, \u00a1asesina! Ella no comprend\u00eda lo que estaba pasando y segu\u00eda llorando su amargura. Su t\u00edo no pudo hacer nada para salvarla. Tambi\u00e9n lo golpearon, pues pensaron que era c\u00f3mplice de las fechor\u00edas de su sobrina. El crimen perfecto \u2013pensaron-, asesinos envueltos por la falsedad divina.<\/p>\n<p>Enceguecidos por la ira y la excitaci\u00f3n comenzaron a devorar su cuerpo con mordiscos salvajes como los que ella hab\u00eda asestado a sus v\u00edctimas mientras Caroline rogaba a Dios para que la salvara. Pero dios nunca lleg\u00f3, y si lleg\u00f3, lo hizo demasiado tarde; como siempre. Muri\u00f3 desangrada entre un charco de sangre alimentado por las innumerables heridas en su cuerpo. No hubo ni una sola alma en el pueblo que no hubiese participado de aqu\u00e9l fest\u00edn siniestro.<\/p>\n<p>Algunos d\u00edas despu\u00e9s, cuando todos decidieron olvidar lo ocurrido, se supo una noticia que destroz\u00f3 a los condenados pueblerinos. En el cuarto de Caroline, los polic\u00edas hab\u00edan hallado un ba\u00fal mediano repleto de cartas de amor dirigidas a ella. Todas estaban firmadas por \u201ct\u00fa querido inspector Arciniegas\u201d. En una de ellas el inspector manifestaba a su amada la tristeza por tener que postergar sus encuentros fugaces de las madrugadas debido a las rondas nocturnas que hab\u00eda ordenado hacer a los polic\u00edas.<\/p>\n<p>\u00a0Rafael, tras enterarse, se vol\u00f3 la cabeza. Mientras tanto, en Aitona, continuaron muriendo hombres todos los d\u00edas\u2026<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Con sus ojos fijos en \u00e9l sinti\u00f3 c\u00f3mo poco a poco aquella fuerza salvaje se iba desvaneciendo. 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