{"id":963,"date":"2010-06-01T10:53:25","date_gmt":"2010-06-01T08:53:25","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=963"},"modified":"2010-06-01T10:53:25","modified_gmt":"2010-06-01T08:53:25","slug":"272-me-siento-campesino-por-paulo-rodriguez-lozada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=963","title":{"rendered":"272- Me siento campesino. Por Paulo Rodr\u00edguez Lozada"},"content":{"rendered":"<p>Don Marcelo Ib\u00e1\u00f1ez caminaba por aquella calle atiborrada de lo que seg\u00fan \u00e9l denominaba gentuza o chusma ignorante. <!--more-->S\u00ed, tal vez daba un halo de alguien importante, pero \u00e9l no se denominaba as\u00ed; \u00e9l se consideraba un erudito en todas las artes. M\u00e1s que caminar por aquella calle, volaba por su superioridad, por su alcurnia de alta \u00edndole, por su magn\u00e1nimo cerebro y conocimientos y porque quer\u00eda atajar el tren antes de que saliera. Mientras atravesaba la locura pueril de esta gente, trataba que ni siquiera su abrigo (el cual tra\u00eda puesto) rozara a la plebe creyendo as\u00ed, se le prender\u00eda la enfermedad de la ignorancia destilada por aquellos.<\/p>\n<p>Apur\u00f3 el paso dejando atr\u00e1s: mercaderes, rostros sudorosos, se\u00f1oras bajitas y regordetas con delantales medio puestos, cebollas, papas, tomates, gallinas, caminos polvorientos. Entr\u00f3 en la estaci\u00f3n del tren. El reloj marcaba las tres y cuarenta y ocho de la tarde, camin\u00f3 ligeramente hasta acercarse a la taquilla. En ella hab\u00eda una mujer preciosa, con su elegante blusa azul cielo, sonrisa de para\u00edso y una plaqueta de bronce que dec\u00eda \u201cMar\u00eda G\u201d, t\u00edpico nombre de esta zona\u2026 pens\u00f3. Carraspe\u00f3 la garganta y se dirigi\u00f3 a la taquillera con un tono bastante odioso.<\/p>\n<p>-\u00a1Se\u00f1orita! deme un boleto para el tren de las cuatro-<\/p>\n<p>La se\u00f1orita sonri\u00f3 (porque era su trabajo). Arranc\u00f3 un boleto del cuadernillo, le puso un sello y se lo extendi\u00f3. \u2013 Mire se\u00f1or\u2026 son cinco mil pesos-<\/p>\n<p>Don Marcelo pag\u00f3. Recibi\u00f3 el boleto. Lo examin\u00f3. Su cara reflej\u00f3 inconformismo mezclado con c\u00f3lera. Por su cuello fl\u00e1ccido se pod\u00eda ver c\u00f3mo la sangre sub\u00eda hacia su cabeza. Su nariz roja y porosa se torn\u00f3 violeta y enmara\u00f1ada de venas aun m\u00e1s violetas. Entonces, vocifer\u00f3 con desagradable talante en la cara de aquella taquillera.<\/p>\n<p>-\u00a1Pueblerina obtusa!&#8230; \u00a1este boleto es de segunda clase y yo siempre viajo en primera!-<\/p>\n<p>\u00a0La dependiente de la taquilla, se limpi\u00f3 unas min\u00fasculas gotas de saliva que hab\u00edan saltado de la boca del pat\u00e1n a su angelical rostro. Se dirigi\u00f3 a este, para la devoluci\u00f3n del boleto que hab\u00eda ocasionado tan agria reacci\u00f3n. Pidi\u00f3 tres mil pesos adicionales excus\u00e1ndose, pues el boleto de primera clase era un poco m\u00e1s costoso. Entreg\u00f3 el boleto el cual le permitir\u00eda ingresar al vag\u00f3n de primera clase; pero antes, le propin\u00f3 una opini\u00f3n nada casual que provoc\u00f3 nuevamente el enrojecimiento de su cara de pizco.<\/p>\n<p>-Se nota se\u00f1or que su aprestamiento a la buena educaci\u00f3n est\u00e1 tan fresco como su h\u00e1lito-<\/p>\n<p>Don Marcelo refunfu\u00f1\u00f3 entre dientes. Dijo cosas ininteligibles por lo apretada que puso la boca. No se supo si fue por no dejar fluir su ret\u00f3rica intoxicada por las vulgaridades, o por no dejar salir su aliento de fondo de ba\u00fal corsario.<\/p>\n<p>Ya adentro en el tren, con su boleto de primera clase, sentado en el asiento que da a la ventana, sinti\u00f3 como su cuerpo descansaba apoyando su espalda contra el respaldo del asiento y por algunos instantes se consider\u00f3 una persona feliz. Un buen asiento, forrado en terciopelo de color vino tinto, sellado con el escudo de la sociedad de ferrocarriles, hecho a la perfecta medida para la respetable persona que lo ocupaba. Pero \u00e9l no se pod\u00eda imaginar qu\u00e9 personas del pueblo prefer\u00edan pagar tres pesos adicionales e ir bien c\u00f3modos en la secci\u00f3n de primera clase. Fue as\u00ed que se llen\u00f3 su exclusividad burguesa de lo que \u00e9l consideraba \u201cgentuza o chusma ignorante\u201d. S\u00ed, tal vez Don Marcelo daba la impresi\u00f3n de ser alguien importante; pero dentro de esa confusi\u00f3n de mercaderes, rostros sudorosos, se\u00f1oras bajitas y regordetas con delantales medio puestos, cebollas, papas, tomates y gallinas\u2026 su esp\u00edritu fatuo qued\u00f3 reducido a nimiedades.<\/p>\n<p>Al lado de Don Marcelo se sent\u00f3 un personaje que por su figura, olor y el contenido que se hallaba en sus u\u00f1as, no dejaba duda de su dura laboriosidad en el campo. \u00c9l, como Don Marcelo, se reclin\u00f3 en el respaldo del asiento, d\u00e1ndole descanso a su espinazo molido por la posici\u00f3n que se adopta cuando se labra la tierra. Es cierto en decir que \u00e9l no se fij\u00f3 en el terciopelo que rozaba su pantal\u00f3n de dril desgasto, ni en el escudo de la sociedad de ferrocarriles; \u00e9l se fij\u00f3 en la comodidad que le otorgaba aquel sill\u00f3n almohadillado. No como los asientos de segunda clase de madera, ya brillantes de mugre y que en varias oportunidades le hab\u00eda dormido las nalgas.<\/p>\n<p>Al parecer Don Marcelo se vio extremadamente consternado por aquella invasi\u00f3n de indeseables, en tan agradable vag\u00f3n. Traz\u00f3 un plan para poder, aunque sea deshacerse de su compa\u00f1ero de asiento. La alternativa de deshacerse de aquel campesino era por supuesto una cuesti\u00f3n de pulcritud f\u00edsica e intelectual. Estaba preso, por un lado la ventana, por el otro un viejo iletrado y mal oliente. De manera que dijo muy escuetamente en tono estent\u00f3reo, cerca del o\u00eddo del campesino, ahuyent\u00e1ndole la modorra: \u2013 \u00a1le apuesto el puesto!-. El viejo frunci\u00f3 la nariz con asco. Don Marcelo record\u00f3 entonces a la taquillera. Habl\u00f3 un poco alejado y le propuso un trato \u2013quiero hacerle una pregunta y si no puede responderla, me tendr\u00e1 que dar mil pesos y dejar el asiento que estaba ocupando.- El viejo le contest\u00f3 que desde luego apostar\u00eda su puesto si el tambi\u00e9n asum\u00eda el reto de la pregunta y al no contestarla, le tendr\u00eda que dar cien mil pesos y seguir\u00eda ocupando el puesto. Don Marcelo acepto, c\u00f3mo no iba aceptar.<\/p>\n<p>Don Marcelo pregunt\u00f3: -\u00bfa qu\u00e9 se le llama ideologema?-. El viejo se rasc\u00f3 la cabeza e hizo un gesto que daba la certeza que no sab\u00eda sobre eso. Sac\u00f3 un billete de mil del bolsillo de la camisa y se lo entreg\u00f3. Don Marcelo los recibi\u00f3 vanaglori\u00e1ndose. El viejo entonces pregunt\u00f3: \u00bfCu\u00e1l es el animal que camina por el monte, en la ma\u00f1ana en cuatro patas, a medio d\u00eda en cinco y en la noche en una? A Don Marcelo le tom\u00f3 media hora decir que no sab\u00eda. Hab\u00eda escrutado toda la zoolog\u00eda que recordaba y se dio por vencido. Don Marcelo le entreg\u00f3 diez mil pesos al campesino, pero en su sab\u00eda exasperaci\u00f3n no pudo evitar decir: -\u00bfQu\u00e9 animal es ese?- Don Marcelo no se percat\u00f3 como la mano del viejo se deslizaba hacia la camisa y se vio tan consternado. Fue entonces cuando en aquel momento Don Marcelo vio en su mano\u2026 otros mil pesos y el asiento vac\u00edo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Don Marcelo Ib\u00e1\u00f1ez caminaba por aquella calle atiborrada de lo que seg\u00fan \u00e9l denominaba gentuza o chusma ignorante.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[3],"tags":[],"amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/963"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=963"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/963\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=963"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=963"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=963"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}