Tenía una capacidad de comprensión fabulosa. Cuando leía un libro o un periódico, absorbía las letras y éstas desaparecían al instante del papel, dejando las páginas en blanco, impolutas, como antes de salir de imprenta. Rebañaba vocales y consonantes con apetito pantagruélico, y no hacía ascos ni a las comas […]
