En el hastío de la desidia, sin un solo atisbo de aliento, me pongo a tus pies, para recordarte cada día el número de la llave que tiene mi celda. Si quieres me espero, aquí parada sin hacer nada, simulando que no entiendo tu lenguaje, con el único fin de […]
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Relatos
135- Sólo quiero cantar. Por Amaranta K.
Mi médico me recomendó que leyera mientras viajaba en tren. A mí no me gusta leer, pero como tengo que viajar desde Bilbao hasta Málaga, me he armado con un libro tan largo como el viaje que me espera: el Ulises de Joyce.
134- Supervivencia animal. Por La tortuga azul
Nada en el mundo la hubiera podido hacer cambiar de idea cuando, aun siendo joven, decidió divorciarse. Pensaba que le quedaba mucho camino por recorrer y que sería mejor hacerlo acompañada por otro hombre que llenara su vida más que aquel a quien Ella había amado conmovida por un solapado […]
133- Insomnia en Andresito. Por Fedorvelt
Chirlanga, cójalo, por favor, coja rápido a ese perro guevon, que no ve que me robó la bicicleta. Marica, que hijueputa garulla. Ese malparido me las paga porque me las paga. Mucho pirobo, como me deja sin la harley.
132- Tormenta de verano. Por Rosa de los vientos
El cielo está gris, hace calor y el aire huele como a tormenta. Se siente la opresión del aire, ese ambiente cargado, esa sensación de que un rayo va a caer sobre la propia cabeza, se nota la maravilla de la fuerza de la Naturaleza gestándose en el viento y […]
131- Una infancia feliz. Por Chuss
El tiempo se paró cuando llegamos a aquella isla, aunque nadie lo advirtió. Desde que pusimos un pie en ella supe que era mágica por algún motivo que por entonces se me escapaba. En cuanto conseguimos que el velero volviera a ser navegable decidimos partir de inmediato, emprender un viaje […]
130- la conversación. Por Nerea Pérez
Después de hablar me sentí hambriento. Era inimaginable la gran cantidad de palabras que habían salido de mis labios, no podía calcularlas.
129- Recuerdos de Berlín. Por Prudencio Griffel
– Buenas tardes, bienvenido a Berlín señor… No dejé que terminara la frase, se podía notar lo difícil que le resultaba pronunciar mi nombre, así que antes de que entrara en pánico, decidí dar un paso adelante.
128- La fe de Andrew Wells. Por Herbert Plax
Flotando boca arriba seguía el cauce del rio. Consiguió olvidar el peso de su cuerpo. Su pelo empapado creaba un aura negra alrededor de su cabeza. Su piel desnuda se escondía de mis miradas bajo el reflejo del sol.
127- Como una muñeca de trapo. Por Papá Noel
Julia llegó detrás de la furgoneta de los bomberos al edificio Coral Palace. Desdeñó el ascensor y subió las tres escaleras saltando dos peldaños en cada tranco. En segundos se encontró frente a la puerta del apartamento 3-A, donde habitaba Virginia desde que se había independizado dos mese antes. Eran […]
