{"id":1162,"date":"2011-07-15T21:00:24","date_gmt":"2011-07-15T19:00:24","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/?p=1162"},"modified":"2011-08-21T01:19:52","modified_gmt":"2011-08-20T23:19:52","slug":"175-el-secreto-de-mademoiselle-por-ambrose-bierce","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/175-el-secreto-de-mademoiselle-por-ambrose-bierce\/","title":{"rendered":"175- El Secreto de Mademoiselle. Por Ambrose Bierce"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em>&#8216;rucke di guck, rucke di guck,<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 kein Blut im Schuck:<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 der Schuck ist nicht zu klein,<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 die rechte Braut die f\u00fchrt er heim.&#8217;.<a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-admin\/post-new.php#_ftn1\"><strong>[1]<\/strong><\/a><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Aschenputtel,\u00a0 J. &amp; W. Grimm<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">\u00a0<\/p>\n<p>ACTO SEGUNDO.\u00a0\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>Lo \u00fanico que asomaba en la superficie del parterre era la boca deformada en una horrible mueca. Un rosal empezaba a brotar entre la hilera de dientes ennegrecidos por la putrefacci\u00f3n. <!--more-->La princesa amonton\u00f3 la tierra revuelta para ocultar aquel macabro alcorque. A continuaci\u00f3n recogi\u00f3 la pala y recorri\u00f3 el d\u00e9dalo de senderos que configuraban el laber\u00edntico jard\u00edn.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1<em>Tesoro<\/em>, <em>Tesoro<\/em>! \u2014voceaba a la vuelta de cada recodo.<\/p>\n<p><em>Tesoro<\/em> acudi\u00f3 por fin a la llamada, sacudiendo agradecido la cola y arrastr\u00e1ndose hacia sus pies en se\u00f1al de sumisi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014Ven aqu\u00ed, perro bonito, ven con <em>mami<\/em>.<\/p>\n<p>El can la miraba con expresi\u00f3n alegre y satisfecha. <em>Cenicienta<\/em> descarg\u00f3 un solo golpe con la pala sobre su cabeza y le abri\u00f3 el cr\u00e1neo.<\/p>\n<p>\u2014No escarbar\u00e1s m\u00e1s donde no debes \u2014sentenci\u00f3\u2014. Despu\u00e9s, arrastr\u00f3 el cad\u00e1ver del animal hacia el lugar donde le dar\u00eda secreta sepultura. No pudo evitar una sonrisa malvada cuando cay\u00f3 en la cuenta de que aquel jard\u00edn se parec\u00eda cada vez menos a un vergel y cada vez m\u00e1s a un cementerio.<\/p>\n<p>ACTO PRIMERO.<\/p>\n<p>A <em>Cenicienta<\/em> le angustiaba el acoso al que la somet\u00eda el viejo verde. Intentando esquivarlo, pasaba las horas fuera de palacio, perdida entre la espesura de los jardines, con la excusa de pasear al perro faldero que tanto apreciaba su marido el pr\u00edncipe. Esa ma\u00f1ana, y a pesar de su cautela, se top\u00f3 de bruces con el anciano en un rinc\u00f3n apartado de una escondida arboleda.<\/p>\n<p>\u2014 \u00bfAcaso me rehu\u00eds, Alteza?<\/p>\n<p>\u2014 \u00bfDeber\u00eda tener alg\u00fan motivo para rehuiros, <em>Monsieur<\/em>?<\/p>\n<p>\u2014 No m\u00e1s que ese perro que no se despega de vuestras faldas.<\/p>\n<p>\u2014 Cumpl\u00ed mi parte del trato. Cuando os conoc\u00ed erais tan miserable que, si hubierais muerto en ese momento, ni siquiera habr\u00edais dispuesto de dos monedas para sellar vuestros p\u00e1rpados. Os saqu\u00e9 de la ruina en la que malviv\u00edais para convertiros en m\u00e9dico de la corte. La salud y la vida de Su Majestad y la del pr\u00edncipe est\u00e1n ahora en vuestras manos. \u00bfA\u00fan no est\u00e1is satisfecho?<\/p>\n<p>\u2014 Tened en cuenta que hasta el perro m\u00e1s fiel morder\u00eda a su amo si no est\u00e1 bien alimentado \u2014amenaz\u00f3 con sutileza mientras acariciaba a la mascota de la princesa.<\/p>\n<p>\u2014 S\u00ed, pero hasta el perro m\u00e1s voraz terminar\u00eda por saciarse tarde o temprano.<\/p>\n<p>\u2014 Bueno \u2014sonri\u00f3 aceptando la alusi\u00f3n\u2014, vos sab\u00e9is mejor que nadie que la ambici\u00f3n de un esp\u00edritu mal\u00e9volo no se puede contener en un recipiente peque\u00f1o.<\/p>\n<p>\u2014 \u00bfQu\u00e9 quer\u00e9is de m\u00ed? \u00a1Decidme, pronto!<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El doctor no ocult\u00f3 una mirada hacia el escote de la princesa, donde entretuvo un buen rato la vista sin disimular su lascivia.<\/p>\n<p>\u2014 Si Su Alteza fuese un poco m\u00e1s complaciente \u2014a\u00f1adi\u00f3 con sorna\u2014, resultar\u00eda menos costoso para \u00e9ste, su humilde servidor, mantener a salvo nuestro peque\u00f1o secreto \u2014el anciano sonre\u00eda y se palpaba con suavidad un objeto oculto en el costado de su levita.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <em>Cenicienta<\/em> no se percat\u00f3 de \u00e9ste \u00faltimo gesto porque se encontraba admirando una cr\u00e1tera de cer\u00e1mica que hac\u00eda las veces de macetero. La vasija, decorada con motivos mitol\u00f3gicos, representaba una escena en la que <em>Lilith<\/em>, la primera mujer de <em>Ad\u00e1n<\/em>, chantajeaba a <em>Yahv\u00e9<\/em> con revelar su m\u00e1gico nombre a su desde\u00f1ado consorte. A la princesa le pareci\u00f3 muy ir\u00f3nica aquella coincidencia.<\/p>\n<p>\u2014 \u00bfCu\u00e1l es vuestra decisi\u00f3n? \u2014inquiri\u00f3 el m\u00e9dico, que empezaba a impacientarse.<\/p>\n<p>\u2014 \u00bfMi respuesta? No tardar\u00e9is en conocerla\u2026<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La princesa levant\u00f3 la vasija con ambas manos y la estamp\u00f3 sobre la cabeza del chantajista, que cay\u00f3 herido de muerte a sus pies sin proferir ni un solo gemido. <em>Cenicienta<\/em> interrog\u00f3 al cad\u00e1ver con desprecio:<\/p>\n<p>\u2014 \u00bfEs lo bastante grande este recipiente para vos?<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 A esas horas, el jard\u00edn sol\u00eda estar desierto, as\u00ed que le alivi\u00f3 comprobar que no hubo testigos de su fechor\u00eda. Ahora necesitaba encontrar un rinc\u00f3n conveniente donde enterrar al desdichado matasanos. Los jardineros acababan de terminar la plantaci\u00f3n de una nueva variedad de rosales en una parcela pr\u00f3xima a un elegante gazebo de haya levantado en la intersecci\u00f3n de dos avenidas de \u00e1lamos temblones. La tierra no volver\u00eda a ser labrada en varios a\u00f1os, as\u00ed que el lugar parec\u00eda id\u00f3neo para ocultar el cad\u00e1ver. \u201cDespu\u00e9s de todo, me\u00a0 resultar\u00e1 muy dif\u00edcil olvidarme de vos\u201d, pens\u00f3 con cinismo al percatarse de que servir\u00eda de abono para las rosas que perfumar\u00edan su estancia.<\/p>\n<p>ACTO TERCERO.<\/p>\n<p>Al pr\u00edncipe le disgustaba esperar cuando requer\u00eda la atenci\u00f3n de alguien, as\u00ed que <em>Cenicienta<\/em> se apresur\u00f3 a cruzar el patio de armas y a punto estuvo de ser arrollada por un pelot\u00f3n de zapadores que abandonaba el castillo a la carrera, cabalgando en direcci\u00f3n a la aldea.<\/p>\n<p><em>Cenicienta<\/em> ascendi\u00f3 rauda la escalinata de la torre del homenaje y no descans\u00f3 hasta llegar a la estancia m\u00e1s alta, el sal\u00f3n de caza donde el pr\u00edncipe sol\u00eda pasar las tardes estudiando documentos que requer\u00edan su firma o simplemente meditando.<\/p>\n<p>El pr\u00edncipe la aguardaba sentado frente a la chimenea en un gran sill\u00f3n estilo <em>Reina Ana<\/em> que lo ocultaba a su vista. Cuando sinti\u00f3 la presencia de su amada pregunt\u00f3, con semblante triste y sin retirar la mirada del fuego:<\/p>\n<p>\u2014 \u00bfRecuerdas, querida, el d\u00eda que el Rey, mi padre, nos regal\u00f3 a <em>Tesoro<\/em>?<\/p>\n<p><em>Cenicienta<\/em> se dedic\u00f3 a inspeccionar los tapices que cubr\u00edan las paredes, fingiendo desinter\u00e9s por la pregunta. Su marido, que no esperaba ninguna respuesta, continu\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014 Debes recordarlo puesto que fuiste t\u00fa misma qui\u00e9n lo bautiz\u00f3. Nada m\u00e1s dejarlo en el suelo, el pobre corri\u00f3 hasta la mesa para recoger con las fauces mi espada, que yo mismo hab\u00eda arrojado en ese lugar. Aunque desconoc\u00eda a su due\u00f1o, se dirigi\u00f3 hacia m\u00ed y la deposit\u00f3 a mis pies. Mi padre coment\u00f3 admirado: \u201cTrata siempre bien a este animal, pues quien reconoce de modo tan natural lo que m\u00e1s conviene al cuidado de su due\u00f1o, alg\u00fan d\u00eda le prevendr\u00e1 contra las asechanzas de sus enemigos e incluso le salvar\u00e1 la vida\u201d.<\/p>\n<p>\u2014Est\u00fapidas ocurrencias de un viejo chocho \u2014apuntill\u00f3 Cenicienta, que sent\u00eda un particular desprecio hacia su suegro.<\/p>\n<p>El pr\u00edncipe segu\u00eda sentado junto al hogar, sin dirigir la mirada a su interlocutora. Entonces introdujo su mano en un bolsillo de su bat\u00edn y extrajo un papel plegado que desdobl\u00f3 con mucha ceremonia.<\/p>\n<p>\u2014 Esta ma\u00f1ana, cuando apenas hab\u00eda tocado mi desayuno, <em>Tesoro<\/em> me trajo entre los dientes esta nota manuscrita. Su contenido es tan inquietante que te hice llamar para solicitar tu opini\u00f3n al respecto. Permite que te la lea. Es muy breve pero bastante reveladora.<\/p>\n<p>El pr\u00edncipe se incorpor\u00f3 y comenz\u00f3 a recorrer el sal\u00f3n mientras le\u00eda en voz alta la misiva.<\/p>\n<p><em>\u201cYo, Maurice Jambenoir, hijo de Ren\u00e9 y Eduardine, natural de la Aldea de A\u2026, donde vi la luz por primera vez el tercer a\u00f1o del reinado de La M\u00e1s Graciosa de Sus Majestades, a quien Dios guarde por muchos a\u00f1os, disfrutando en la fecha de la r\u00fabrica del nombramiento de M\u00e9dico de la Ces\u00e1rea Majestad del Sr. Emperador, pongo por escrito de mi pu\u00f1o y letra, para mayor defensa de mis intereses y de mi propia seguridad y la de mi familia, lo siguiente:<\/em><\/p>\n<p><em>Que siendo todav\u00eda un modesto m\u00e9dico rural en la aldea de mi nacimiento, se present\u00f3 en mi morada la noche del 23 de julio de 17\u2026 una misteriosa dama que se hac\u00eda llamar a s\u00ed misma Mademoiselle Javotte, la cual dama conduc\u00eda sin ayuda de lacayo alguno una carreta cubierta en cuyo interior ocultaba un cad\u00e1ver reci\u00e9n estrangulado. Seg\u00fan me fue dado a entender por la mencionada dama, el cuerpo inerte pertenec\u00eda a una sirvienta a la que apod\u00f3 Cenicienta, y a la cual entend\u00ed, tras veladas insinuaciones, que ella misma hab\u00eda dado muerte con sus propias manos. Por motivos que no se avino a razonarme, la tal Mademoiselle solicit\u00f3 mis servicios de cirujano con el ins\u00f3lito prop\u00f3sito de que, aquella misma noche, le implantara los pies de la doncella muerta despu\u00e9s de amputar los suyos propios, todo ello bajo la amenaza de hacerme c\u00f3mplice de su crimen si no ced\u00eda a este requerimiento. Por el bien de mi persona y de mi familia y, \u00bfporque negarlo?, por los muchos beneficios que la asesina prometi\u00f3 ofrecerme si cumpl\u00eda pronto con tal petici\u00f3n, resolv\u00ed proceder con tan extra\u00f1a operaci\u00f3n, de cuyo \u00e9xito puedo dar cumplida cuenta d\u00f3nde, cu\u00e1ndo y a quien me lo requiera. Como testimonio de estas mis terribles afirmaciones permanecen los restos del cad\u00e1ver sin extremidades de la mencionada Cenicienta y los pies desmembrados de Mademoiselle Javotte, que la justicia y todo aquel que esta nota lea descubrir\u00e1 enterrados en el jard\u00edn de mi antigua vivienda, cuya situaci\u00f3n se explica en\u00a0 el croquis al pie dibujado. Todo lo cual firmo a 17 de septiembre de 17\u2026\u201d<\/em><\/p>\n<p>El pr\u00edncipe volvi\u00f3 a plegar el trozo de papel y, tras un suspiro ahogado, inform\u00f3 a la princesa:<\/p>\n<p>\u2014 Acabo de ordenar al comandante de la guardia que env\u00ede un pelot\u00f3n de zapadores a la aldea con la misi\u00f3n de remover hasta el \u00faltimo terr\u00f3n de ese jard\u00edn. Por nuestro bien mutuo, espero demostrar as\u00ed la falsedad de lo que se explica en esta carta. \u00bfT\u00fa no deseas lo mismo, <em>Cenicienta<\/em> querida? \u00bfO deber\u00eda decir <em>Mademoiselle<\/em> <em>Javotte<\/em>?<\/p>\n<p>Cuando el pr\u00edncipe gir\u00f3 la cabeza buscando a su amada, \u00e9sta hab\u00eda desaparecido. En su lugar tan s\u00f3lo encontr\u00f3 los batientes oscilantes de una de las ventanas del torre\u00f3n, abierta de par en par, y sobre el antepecho de \u00e9sta, un par de delicados zapatos de cristal.<\/p>\n<p>Dicen que todos los suicidas se arrepienten de su fatal arrebato en el \u00faltimo segundo de su existencia, justo cuando ya no hay marcha atr\u00e1s posible. Y debe ser cierto, porque mientras <em>Mademoiselle Javotte<\/em> se defenestraba habr\u00eda dado todo su reino, como un <em>Ricardo III <\/em>cualquiera, por solicitar aquella noche al maldito cirujano que le implantara un buen par de alas en lugar de los pies de <em>Cenicienta<\/em>. No sirvi\u00f3 de nada. Cuando este pensamiento termin\u00f3 de cruzar por su cabeza, \u00e9sta acababa de estamparse contra el rocoso fondo del foso.<\/p>\n<div>\n<hr size=\"1\" \/>\n<div>\n<p><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-admin\/post-new.php#_ftnref1\">[1]<\/a> \u00abvuelta y p\u00edo, p\u00edo y vuelta<\/p>\n<p>No hay sangre en el zapato:<\/p>\n<p>El calzado no es demasiado peque\u00f1o,<\/p>\n<p>es la verdadera esposa a quien se lleva a casa. \u00bb<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&#8216;rucke di guck, rucke di guck, \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 kein Blut im Schuck: \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 der Schuck ist nicht zu klein, \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 die rechte Braut die f\u00fchrt er heim.&#8217;.[1] Aschenputtel,\u00a0 J. &amp; W. 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