{"id":1166,"date":"2011-07-15T21:06:17","date_gmt":"2011-07-15T19:06:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/?p=1166"},"modified":"2011-09-15T11:56:34","modified_gmt":"2011-09-15T09:56:34","slug":"176-el-zepelin-por-flanelle","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/176-el-zepelin-por-flanelle\/","title":{"rendered":"176- El zepel\u00edn. Por Flanelle"},"content":{"rendered":"<p>Cuando ten\u00eda nueve a\u00f1os me enamor\u00e9 de Patricio Guti\u00e9rrez y dej\u00e9 de comer. Fue, m\u00e1s o menos, en ese orden. Al igual que la ley de vasos comunicantes, a medida que el amor de Patricio me llenaba de peces de colores que nadaban en el mar, me vaciaba de comida. <!--more-->Empec\u00e9 con peque\u00f1os gestos que pasaban desapercibidos en mi familia. Quitaba la mantequilla del pan en el desayuno y, luego, retiraba tambi\u00e9n toda la miga hasta dejarlo ahuecado como el casco de un barco abandonado en la playa, ligeramente inclinado en la orilla. Me entreten\u00eda con la comida del plato como si jugara a construir peque\u00f1os castillos que arrastrar\u00eda el mar. M\u00e1s tarde, escond\u00eda en la servilleta parte de la comida y, cuando recog\u00edamos los platos con mi hermana, la tiraba a la basura en la cocina. Es f\u00e1cil enga\u00f1ar si no te observan.<\/p>\n<p>Enamorarse a los nueve a\u00f1os puede parecer demasiado prematuro pero no fue elecci\u00f3n propia, me ocurri\u00f3 as\u00ed como quien te da una bofetada en mitad de la calle a plena luz del d\u00eda y nadie, absolutamente nadie, intenta impedirlo. No puede evitarse lo que no quiere verse porque se teme o se ignora lo qu\u00e9 hay detr\u00e1s de esa pared tan dif\u00edcil de trepar que es la vida de los otros. Enamorarme de Patricio fue como si me dieran veinte mil bofetadas seguidas. Me ocurri\u00f3 y me dej\u00f3 aturdida. Fue dif\u00edcil compartirlo con otros porque si dec\u00eda, si pronunciaba siquiera, la frase: \u201cMe enamor\u00e9 de Patricio Guti\u00e9rrez\u201d, a mi hermana, por ejemplo, causar\u00eda una irremediable burla o, peor, risas burlonas. Que con nueve a\u00f1os me enamorara era dif\u00edcil de entender, incluso se podr\u00eda decir que inexplicable. Pero claro no se trataba de explicarlo. Eran las veinte mil bofetadas seguidas que no pod\u00edan dejarme indiferente. Cuando estaba con Patricio, no solos sino en compa\u00f1\u00eda de todos, me sent\u00eda como un globo enorme con unos ojos y una boca muy peque\u00f1os, y pensaba que \u00e9l s\u00f3lo ve\u00eda en m\u00ed a un gran globo dirigible sobrevolando el cielo nuboso de la playa como aquel avi\u00f3n que lo recorr\u00eda con un cartel publicitario que dec\u00eda \u201cMarquesa, los mejores helados del verano\u201d. \u00c9l no le dedicaba al avi\u00f3n ni cinco minutos de su tiempo porque no le interesaban ni los aviones ni los globos dirigibles como yo.<\/p>\n<p>Durante el invierno, como no nos ve\u00edamos, comenc\u00e9 a escribir un diario, que jam\u00e1s me atrever\u00eda a mostrarle, donde le explicaba a Patricio mis experiencias en el colegio o los detalles intrascendentes de mi vida familiar. Le contaba c\u00f3mo la madre superiora me hab\u00eda llamado la atenci\u00f3n porque no llevaba la camisa reglamentaria del uniforme. En realidad, yo siempre intentaba colocar alg\u00fan adorno que marcara la diferencia porque odiaba ese uniforme tan poco agraciado, esa camisa con el cuello de picos rectos sin ninguna ondulaci\u00f3n que rompiera la monoton\u00eda, ese azul marino que de marino no ten\u00eda nada, era un azul triste casi negro; se tendr\u00eda que haber llamado azul tristeza o, mejor, azul confesi\u00f3n. Cuando le escrib\u00eda a Patricio, modificaba ligeramente los acontecimientos porque no quer\u00eda contarle que mis notas eran cada vez peores y que las monjas hab\u00edan convocado en un par de ocasiones a mis padres (s\u00f3lo fue mam\u00e1) por mis problemas de conducta. En realidad, yo no ten\u00eda problemas de conducta sino que me resultaba dif\u00edcil concentrarme en lo que dec\u00edan los profesores y, por consiguiente, no acertaba a contestar a ninguna pregunta y, si lo hac\u00eda, mis respuestas se refer\u00edan a mis propias interpretaciones, al parecer err\u00f3neas, sobre ese tema en concreto. Nunca habl\u00e9 de la comida, no quise contarle que no quer\u00eda comer para no convertirme en una mujer gorda como mam\u00e1. Me horrorizaba la idea de parecerme a ella pero al mismo tiempo sent\u00eda verg\u00fcenza de explicarle que no deseaba ser una mujer gorda como mam\u00e1 porque era como insultarla (y esto me provocaba cierta culpa) y porque no quer\u00eda admitir que al ser su hija yo estaba abocada al fracaso est\u00e9tico m\u00e1s estrepitoso: ser una gordita simp\u00e1tica como ella. Mam\u00e1 no parec\u00eda estar preocupada en absoluto por ser gorda ni parec\u00eda querer ser otra persona de la que era a pesar de que pap\u00e1 ya casi no ven\u00eda por casa, se hab\u00eda trasladado a la provincia y s\u00f3lo nos visitaba ocasionalmente cuando ten\u00eda que cerrar los negocios del campo. Ella se hab\u00eda quedado en el apartamento de la capital con nosotros donde llevaba una vida social intensa. La casa estaba siempre llena. En general, otras mujeres, gordas y flacas, recalaban en casa en busca de enga\u00f1ar el paso de las horas a bordo de sus enormes transatl\u00e1nticos.<\/p>\n<p>Pap\u00e1 siempre nos escrib\u00eda cartas que yo respond\u00eda de inmediato en forma de peque\u00f1os poemas con rimas acaracoladas o, a veces, tan solo le enviaba un dibujo sin palabras; en cambio, mi hermana le escrib\u00eda largas cartas explic\u00e1ndole c\u00f3mo se desarrollaba la vida de la casa durante su ausencia. Ten\u00eda una capacidad incre\u00edble para fijarse en los detalles y reproducirlos en el papel, como si entendiera lo que ocurr\u00eda a su alrededor, como si pudiera nombrar las cosas que yo, a veces, no lograba siquiera distinguir con claridad. Creo que fue ella quien le explic\u00f3 que yo estaba demasiado flaca aunque ella me dijo que hab\u00eda sido mam\u00e1 y hab\u00eda a\u00f1adido que si yo cre\u00eda que mam\u00e1 era tonta. Yo no pensaba que mam\u00e1 fuera tonta pero s\u00f3lo que estaba demasiado ocupada en la organizaci\u00f3n de aquellos fant\u00e1sticos cruceros que llegaban a casa. Adem\u00e1s, no pens\u00e9 que se fijar\u00eda en m\u00ed, el peque\u00f1o globo dirigible que gravitaba por los cuartos de aquella gran casa llena de turistas. En ese momento me hubiera gustado explicarle a mi hermana que no ten\u00eda hambre, que no sent\u00eda nada porque Patricio y sus peces ya lo ocupaban todo, el mar del verano se me hab\u00eda metido en las venas y me alimentaba todos los \u00f3rganos sin necesidad de comer, sal\u00e1ndolos poco a poco. Tampoco pod\u00eda explicar que no quer\u00eda ser como mam\u00e1 porque sent\u00eda algo parecido al odio por haber dejado que todo se colapsara a su alrededor mientras ella sonre\u00eda y se tomaba unos langostinos con salsa rosa a bordo de su yate, engordando sin remedio. Mi hermana no lo hubiera entendido.<\/p>\n<p>Un d\u00eda lleg\u00f3 pap\u00e1 de la provincia y estuvieron horas encerrados en la sala. A veces se o\u00edan voces m\u00e1s altas pero ning\u00fan grito. Por un momento, dado el murmullo conciliador que se escuchaba detr\u00e1s de la puerta, pens\u00e9 que pap\u00e1 volv\u00eda a casa para quedarse. Pero, al d\u00eda siguiente, me llevaron a un m\u00e9dico que me examin\u00f3, me auscult\u00f3 y me pes\u00f3. Ten\u00eda las manos rosadas con manchas marrones y ol\u00eda a polvos de talco. A \u00e9l tampoco le expliqu\u00e9 lo de Patricio, le dije que no ten\u00eda hambre cuando me pregunt\u00f3 por qu\u00e9 no com\u00eda. Me pareci\u00f3 lo m\u00e1s convincente para un m\u00e9dico, hablar de peces y mar hubiera complicado las cosas, y no ten\u00eda ganas de quedarme all\u00ed mucho tiempo con un hombre que ol\u00eda como lo hace un beb\u00e9 pero que parec\u00eda tener mil a\u00f1os. Luego habl\u00f3 con mis padres y comenzaron a darme un jarabe para despertarme el apetito. Si algo despert\u00f3 fue su profunda frustraci\u00f3n y decepci\u00f3n porque ve\u00edan que no se operaban cambios ni en mi comportamiento en el colegio ni en mi aspecto f\u00edsico.<\/p>\n<p>Aunque hab\u00eda comenzado el buen tiempo otra vez y eso me animaba porque significada que pronto ir\u00edamos a la casa de la playa, no consegu\u00eda sentir el calor. Observaba como todos iban quit\u00e1ndose la ropa, las capas de la cebolla, mientras yo segu\u00eda con los botines negros y ese abrigo azul marino del colegio. Era como si el calor sofocante de la ciudad se hubiese convertido en nieve del invierno s\u00f3lo para m\u00ed. Digamos que el sol proyectaba los rayos de forma selectiva y calentaba a los otros mientras me dejaba a m\u00ed en el invierno. No sab\u00eda si era el famoso castigo que me hab\u00edan prometido mis padres si no mejoraba en el colegio. No cre\u00eda que mis padres tuvieran esa influencia en algo tan poderoso y grande como los astros, y en especial en el sol, que los profesores llamaban \u201castro rey\u201d en este pa\u00eds sin reino, pero era verdad que mis padres ten\u00edan ciertas influencias, como dec\u00edan mis t\u00edos, y una cierta sed de venganza por mis continuas \u201cexcentricidades\u201d, como dec\u00eda mam\u00e1. As\u00ed, a medida que la primavera tomaba la ciudad y ofrec\u00eda un adelanto de lo que nos deparar\u00eda el verano, no cesaba de nevar en mi peque\u00f1o c\u00edrculo vital, como si nevara por dentro empa\u00f1ando los cristales al enfrentarse al calor de fuera, al rev\u00e9s de lo que suced\u00eda en el invierno cuando los cristales se empa\u00f1aban porque dentro hac\u00eda calor y fuera estaba helado. Era una nieve interna que me hac\u00eda ver todo como en una pel\u00edcula en blanco y negro, como si se hubieran apagado las luces de la ciudad. Me era dif\u00edcil imaginar un verano tan pr\u00f3ximo en un invierno para m\u00ed tan lleno de fr\u00edo, de lluvia y de nieve pero la esperanza de los juegos en la playa representaba para m\u00ed el \u00fanico bote salvavidas durante mi propio hundimiento del Titanic. Una vez llegada a la casa de la playa, todo ser\u00eda distinto.<\/p>\n<p>La casa estaba patas arriba porque se acercaba la fecha en que nos trasladar\u00edamos todos a la playa. Mam\u00e1 dirig\u00eda el traslado como un capit\u00e1n de barco de ultramar, le ped\u00eda a alg\u00fan criado que levantara una vela o que cargara las bodegas con provisiones, o que subiera los ba\u00fales con ropa a los dep\u00f3sitos de la proa. Solamente la vi una vez entrar en la cocina, mientras yo mojaba unas galletas en un vaso de chocolate y las contemplaba mientras se hund\u00edan en el mar marr\u00f3n como si fueran tesoros perdidos de un bucanero, pero pareci\u00f3 tan turbada, como si acabara de entrar a la morgue de un hospital, que se march\u00f3 r\u00e1pidamente mientras la cocinera y yo nos mir\u00e1bamos intrigadas y luego estall\u00e1bamos en una gran carcajada. Una noche me despert\u00f3 un llanto ahogado en el mar, unos sollozos vergonzosos y, cuando me despert\u00e9, vi a mam\u00e1 a los pies de la cama llorando, lloraba de una manera tan extra\u00f1a como si nunca lo hubiera hecho antes, como si las l\u00e1grimas le salieran de los ojos sin quererlo y cada una le produjera espasmos incontrolables en todo el cuerpo. Cuando me vio que la miraba sorprendida me pidi\u00f3, me rog\u00f3 que volviera a comer, me dijo que ya no sab\u00eda qu\u00e9 hacer, que no sab\u00eda qu\u00e9 me estaba pasando, que hab\u00eda seguido todas las instrucciones del m\u00e9dico, que ya no le quedaban m\u00e1s fuerzas, que, por favor, comiera, que comiera o me acabar\u00eda muriendo. Nunca hab\u00eda visto llorar a mam\u00e1 y supongo que la helada de mi invierno me impidi\u00f3 sentir esa tristeza tan enorme que parec\u00eda querer explicarme. Mi hermana hubiera podido escribir seguramente todos esos sentimientos en una prolongada carta a pap\u00e1 pero mi testigo dorm\u00eda hac\u00eda tiempo en la habitaci\u00f3n contigua. Si no hubiese sido invierno en mi cama, le hubiese explicado mi amor por Patricio y tambi\u00e9n que yo era un inmenso zepel\u00edn volando por encima de las calles de la ciudad y que, al igual que aquel famoso Hindenburg que nos mostr\u00f3 pap\u00e1 en una foto, me precipitar\u00eda en llamas sobre la playa causando m\u00e1s estragos de los que pudiera evitar pero apag\u00e1ndome finalmente en el mar sin lograr que Patricio me prestara atenci\u00f3n en ese \u00faltimo intento desesperado de agradarle.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando ten\u00eda nueve a\u00f1os me enamor\u00e9 de Patricio Guti\u00e9rrez y dej\u00e9 de comer. Fue, m\u00e1s o menos, en ese orden. 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