{"id":1188,"date":"2011-07-15T22:57:18","date_gmt":"2011-07-15T20:57:18","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/?p=1188"},"modified":"2011-07-15T22:57:18","modified_gmt":"2011-07-15T20:57:18","slug":"180-la-florista-por-maria-amenedo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/180-la-florista-por-maria-amenedo\/","title":{"rendered":"180- La florista. Por Mar\u00eda Amenedo"},"content":{"rendered":"<p>\u00a0 Aquella tarde de domingo, el cielo estaba plomizo y el aire enrarecido por el sofocante calor, como casi siempre. Mis amigos y yo jug\u00e1bamos al f\u00fatbol en la plaza del pueblo, si es que a aquella superficie arenosa y tosca pod\u00eda llamarse plaza y si es que a aquellas casas de adobe construidas sin orden ni concierto, pod\u00eda llamarse pueblo.<!--more--><\/p>\n<p>A\u00f1os atr\u00e1s, cuando se descubri\u00f3 el yacimiento y se construy\u00f3 la mina, cientos de familias en busca de trabajo nos asentamos en medio de la nada y levantamos aquel poblado. All\u00ed segu\u00edamos desde entonces y all\u00ed seguir\u00edamos mientras la mina continuara d\u00e1ndonos de comer.<\/p>\n<p>Nuestra existencia era tranquila, tal vez demasiado. Jam\u00e1s pasaba nada, ninguna novedad, ni buena ni mala, turbaba aquella paz no buscada que a aveces pesaba sobre nosotros como una losa imposible de sacarnos de encima. Pero nadie osaba protestar, nadie comentaba nada al respecto ni se le ocurr\u00eda sacar al pueblo de la rutina de la manera que fuera. Los hombres ten\u00edan trabajo y aquello deb\u00eda ser suficiente, era suficiente y por ello ten\u00edamos que limitarnos a vivir, as\u00ed, sin m\u00e1s. Ni que decir tiene pues que su aparici\u00f3n result\u00f3 todo un acontecimiento que revolucion\u00f3 la tranquilidad casi artificial en medio de la cual nos hab\u00edamos asentado.<\/p>\n<p>Se dej\u00f3 ver por vez primera aquella tarde de f\u00fatbol y calor, a lomos de un jumento fam\u00e9lico cuyas patas parec\u00edan a punto de doblarse definitivamente a cada paso que daban. A las leguas se ve\u00eda que apenas pod\u00eda soportar el peso de la mujer y de las dos enormes alforjas que coronaban ambos lados de su viejo lomo.<\/p>\n<p>Condujo el burro a la esquina donde estaba lo que un d\u00eda pretendi\u00f3 ser una fuente sin conseguirlo, pues jam\u00e1s brot\u00f3 de ella ni la m\u00e1s diminuta gota de agua. All\u00ed se baj\u00f3 del animal y vaci\u00f3 las alforjas como si nada, con gesto natural, bajo nuestras miradas infantiles que la observaban entre asombradas e inquisidoras y m\u00e1s cuando nos percatamos de la mercanc\u00eda que portaba, que no era otra que flores, ramos, macetas, montones de flores incre\u00edblemente frescas que dispuso cuidadosamente sobre el suelo pedregoso. S\u00f3lo cuando termin\u00f3 de colocarlas se sent\u00f3 en una desvencijada silla y all\u00ed se qued\u00f3, mirando sus flores, toc\u00e1ndolas, mim\u00e1ndolas, incluso habl\u00e1ndoles como si entendieran sus murmullos.<\/p>\n<p>Pronto se corri\u00f3 la voz de que en la plaza del pueblo se hab\u00eda asentado una florista, y las mujeres, \u00e1vidas de emociones que trajeran un poco de alegr\u00eda a su hastiada vida, se asomaban a las ventanas de sus casas con curiosidad; y los hombres, de regreso de la mina, la observaban desde lejos murmurando sabe dios qu\u00e9 cosas.<\/p>\n<p>Tuvieron que pasar unos d\u00edas para que todos venci\u00e9ramos nuestras reticencias y nos acerc\u00e1ramos a ella, que a pesar de que no vend\u00eda absolutamente nada de su mercanc\u00eda, no cejaba en su empe\u00f1o de regresar todas las ma\u00f1anas a su esquina con su jumento y sus flores. Yo mismo me acerqu\u00e9 y le pregunt\u00e9 su nombre. Me mir\u00f3 y me sonri\u00f3.<\/p>\n<p>-Puedes llamarme Rosa, o Azucena, incluso hay algunos que me llaman Jazm\u00edn, elige el que m\u00e1s te guste.<\/p>\n<p>-Pero todo el mundo tiene un nombre \u2013 insist\u00ed \u2013 seguro que t\u00fa tambi\u00e9n tienes uno.<\/p>\n<p>-\u00bfImporta acaso el nombre que tengamos? T\u00fa te llamas Daniel, es un nombre muy bonito, pero aunque tu nombre fuera el m\u00e1s feo del mundo seguir\u00edas siendo un buen chico y eso es lo que importa, el interior, no la envoltura.<\/p>\n<p>Me sorprendi\u00f3 que supiese mi nombre sin que nadie se lo hubiera dicho y sobre todo aquella afirmaci\u00f3n ante la que no pude dejar de pensar que ten\u00eda raz\u00f3n. Fue as\u00ed que llegu\u00e9 a la conclusi\u00f3n de que aquella extra\u00f1a mujer era una sabia y as\u00ed hice correr la voz por el pueblo. No s\u00e9 si fue por eso o por otra cosa, el caso es que al d\u00eda siguiente, todas las mujeres se acercaron a ella, interes\u00e1ndose por su colorida mercanc\u00eda y ella, generosa, les regalaba a cada una un ramito de sus flores preferidas y un consejo que no dejaba de asombrarlas.<\/p>\n<p>-Claudia, debes cuidar tu salud, \u00faltimamente no andas muy bien de esas molestias en el est\u00f3mago y eso es porque comes demasiado. Lidia, t\u00fa a quien debes cuidar es a tu esposo, \u00e9l te quiere, no seas tan cruel con \u00e9l. Mar\u00eda no pienses m\u00e1s en marcharte, aqu\u00ed est\u00e1is bien, tu marido tiene trabajo y tus hijos comida que llevarse a la boca a diario, piensa en todo que lo tuviste que sufrir para llegar hasta aqu\u00ed&#8230;<\/p>\n<p>A cada una le dirig\u00eda la palabra precisa, el consejo adecuado y les regalaba un ramito de petunias, o de violetas, o de rosas. No quer\u00eda nada a cambio, ni siquiera unas m\u00edseras monedas, dec\u00eda que no estaba all\u00ed para conseguir dinero, sino para traernos lo que nos faltaba, sin precisar m\u00e1s.<\/p>\n<p>Un d\u00eda no se present\u00f3 y el desconcierto rein\u00f3 entre la peque\u00f1a poblaci\u00f3n. Todos nos preguntamos qu\u00e9 pod\u00eda haberle ocurrido, acostumbrados como ya est\u00e1bamos a verla aparecer todas las ma\u00f1anas procedente del terreno des\u00e9rtico que nos rodeaba y que no conduc\u00eda a ninguna parte. Pero eso ya nos daba lo mismo, daba igual de d\u00f3nde viniera, el caso es que viniera. Y lo hizo al d\u00eda siguiente, para nuestro alivio. Nos pidi\u00f3 disculpas por sus ausencia, y se justific\u00f3 diciendo que hab\u00eda tenido que ir a buscar nuevas mercanc\u00edas allende los mares. \u00bfAllende los mares? Pero si el mar estaba muy lejos, tanto que ninguno de los que viv\u00edamos all\u00ed lo hab\u00edamos visto jam\u00e1s ni pens\u00e1bamos en ello. S\u00f3lo cuando la vimos vaciar las alforjas de su asno se nos olvidaron esas cuestiones que ella consideraba vanas. Tra\u00eda telas, telas de diferentes texturas y de llamativos colores que minutos m\u00e1s tarde repart\u00eda entre las mujeres para que se hicieran vestidos nuevos. A cada una le ofrec\u00eda un retal con la consabida flor y a todas les prometi\u00f3 ense\u00f1ar el dif\u00edcil arte de la costura para que pudieran hacerse las m\u00e1s bellas ropas.<\/p>\n<p>Otro d\u00eda lleg\u00f3 con libros, montones de libros que prestaba a mujeres, hombres y ni\u00f1os aduciendo que en ellos se guardaba el mayor tesoro que todos pod\u00edamos tener y un domingo trajo a su lado a un hombrecillo extra\u00f1o, con apariencia m\u00e1s bien de gnomo que de ser humano, el cual portaba un rar\u00edsimo instrumento del cual brotaban las notas m\u00e1s armoniosas. La florista anim\u00f3 a todos a bailar al son de aquella m\u00fasica y desde esa tarde, todos los domingos nuestros padres se reun\u00edan en la plaza y se divert\u00edan danzando, o simplemente escuchando las notas maravillosas que parec\u00edan surcar el aire con suavidad.<\/p>\n<p>La florista, poco a poco, se fue convirtiendo en alguien imprescindible en nuestro tranquilo poblado que, aunque segu\u00eda siendo tranquilo, por fin emanaba de sus calles y de sus gentes la vital alegr\u00eda que siempre desearon.<\/p>\n<p>Un d\u00eda nos dimos cuenta de todo lo que hab\u00eda cambiado desde su llegada, viv\u00edamos de otra manera, ten\u00edamos m\u00e1s cosas que hacer, m\u00e1s en lo que pensar, \u00e9ramos&#8230;..m\u00e1s felices y, en agradecimiento, los hombres decidieron levantarle una peque\u00f1a casita de adobe para que se quedara para siempre entre nosotros. Mas cuando escuch\u00f3 la propuesta la rehus\u00f3 amablemente y nos dijo que su misi\u00f3n all\u00ed hab\u00eda terminado.<\/p>\n<p>-Debo irme a otro lugar, a ofrecerles todo lo que os he ofrecido a vosotros y que hab\u00e9is aceptado y aprendido a valorar. Esa ha sido mi mayor satisfacci\u00f3n, haberos tra\u00eddo la felicidad, esa felicidad que s\u00f3lo se encuentra en las peque\u00f1as cosas de cada d\u00eda. Me voy, pero no os preocup\u00e9is, os llevar\u00e9 siempre en mi coraz\u00f3n y os dejar\u00e9 un recuerdo para que tampoco vosotros os olvid\u00e9is nunca de mi.<\/p>\n<p>A la ma\u00f1ana siguiente ya no apareci\u00f3. Asombrados pudimos ver que de la fuente seca de la plaza brotaba un abundante chorro de agua y que un precioso rosal de rosas amarillas la abrazaba.<\/p>\n<p>Cuando por cualquier causa las preocupaciones nos atosigan no tenemos m\u00e1s que volver la vista hac\u00eda ese recuerdo que la florista nos dej\u00f3 y entonces volvemos a escuchar sus palabras: la felicidad est\u00e1 en las cosas peque\u00f1as de casa d\u00eda., en ese generoso chorro de agua, o en esas vistosas rosas amarillas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 Aquella tarde de domingo, el cielo estaba plomizo y el aire enrarecido por el sofocante calor, como casi siempre. Mis amigos y yo jug\u00e1bamos al f\u00fatbol en la plaza del pueblo, si es que a aquella superficie arenosa y tosca pod\u00eda llamarse plaza y si es que a aquellas [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[5],"tags":[],"class_list":["post-1188","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relatos"],"amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1188","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1188"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1188\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1192,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1188\/revisions\/1192"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1188"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1188"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1188"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}