{"id":1238,"date":"2011-07-15T23:25:22","date_gmt":"2011-07-15T21:25:22","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/?p=1238"},"modified":"2011-07-16T08:22:56","modified_gmt":"2011-07-16T06:22:56","slug":"190-el-olvido-de-los-dioses-por-javier-trescuadras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/190-el-olvido-de-los-dioses-por-javier-trescuadras\/","title":{"rendered":"190- El olvido de los dioses. Por Javier Trescuadras"},"content":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0No terminaba de entender porqu\u00e9 su editor le hab\u00eda enviado aquel extra\u00f1o manuscrito. Su mente naufragaba a la deriva desde hac\u00eda dos a\u00f1os y la enfermedad m\u00e1s temible de todo escritor, la que te convierte en una inm\u00f3vil figura de cera viviente frente al procesador de textos, le encaminaba con paso firme desde la regi\u00f3n de perder el control al mundo de la depresi\u00f3n.<!--more--><\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Hab\u00eda intentado por todos los medios empezar algo serio, pero un v\u00e9rtigo repentino cada vez que encend\u00eda el ordenador y un excesivo recurrir a la tecla Retroceso le hicieron perder toda seguridad en s\u00ed mismo. La voz interna\u00a0 que sol\u00eda susurrarle \u201cSolo es un bloqueo moment\u00e1neo\u201d se volvi\u00f3 \u00e1spera, abandonando el tono piadoso para farfullarle un seco \u201cCreo que deber\u00edamos cerrar el chiringuito.\u201d<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Los fogones de su creatividad, donde hab\u00eda cocido a fuego lento tantas historias brillantes con personajes envueltos en tramas apasionantes, atrapando a miles de lectores en cada entrega, se estaban apagando.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Y aunque las ideas segu\u00edan agolp\u00e1ndose en su cabeza en espera de ser convertidas en papel impreso, no consegu\u00eda sacarlas a flote por m\u00e1s temprano que se levantara.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Estaba acabado.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Pero entonces, cuando la idea del retiro prematuro comenzaba a merodear en su mente como un ladr\u00f3n nocturno, recibi\u00f3 el sobre acolchado. La estupefacci\u00f3n con que abri\u00f3 la puerta de su majestuosa casa al borde del lago al o\u00edr el ta\u00f1ido del timbre, le acompa\u00f1\u00f3 indefectiblemente al comprobar la etiqueta de \u201cTHULE EDITORES\u201d, la firma de su amigo y responsable de la correcci\u00f3n de sus obras desde que comenzara a ganarse la vida con ello.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0El sobre, lacrado a conciencia, le oblig\u00f3 a buscar algo punzante con lo que superarlo. Revolvi\u00f3 impaciente el caj\u00f3n de la c\u00f3moda de la entrada hasta que not\u00f3 el fr\u00edo e inoxidable tacto del abrecartas.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Se asom\u00f3 dentro y sac\u00f3 el paquete. Reconoci\u00f3 la letra dispersa de una nota que dec\u00eda:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 90px;\">\u201cLo escribiste hace veinte a\u00f1os, \u00bfrecuerdas?<br \/>\nAquella \u00e9poca en la que el camello de la esquina<br \/>\nsab\u00eda m\u00e1s de ti que tu propia madre&#8230; Est\u00e1 lleno<br \/>\nde incongruencias pero tiene madera. No es tu estilo,<br \/>\npero tampoco estamos para elegir. Aunque no la<br \/>\nterminaste, deber\u00edas tomarte en serio un cambio de rumbo. \u201d\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Franc.<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 PD. Descansa y t\u00f3matelo con calma. No por mucho madrugar\u2026.\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Comprob\u00f3 que no eran m\u00e1s que un par de cientos de hojas amarillentas (en sus mejores tiempos sus novelas rondaban las quinientas p\u00e1ginas a espacio sencillo).\u00a0 Dej\u00f3 el manual en la mesa y se dispens\u00f3 un vaso de t\u00e9 helado, cubitos en dado titilando y media rodaja de lim\u00f3n. Un posavasos verde de Heineken soportar\u00eda la condensaci\u00f3n del fr\u00edo sobre la madera. Mir\u00f3 de reojo el s\u00e1ndwich de pavo braseado con camembert caliente que le aguardaba, pero el hambre se esfum\u00f3 dej\u00e1ndolo con un repentino manojo de nervios deambulando por su est\u00f3mago.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Se acomod\u00f3 en el sill\u00f3n, de un rojo intenso como el rub\u00ed. Su tacto era suave, escurridizo, f\u00e1cil de despellejar cualquier miembro desnudo si permanec\u00eda demasiado tiempo inm\u00f3vil adherido a su piel sint\u00e9tica.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0La obra, a falta de una buena correcci\u00f3n era trepidante y atractiva. Narraba la tortuosa vida de un enfermo mental. Un pobre desgraciado que llevaba m\u00e1s de veinte a\u00f1os internado en el sanatorio proclamando, a voz en grito, que ten\u00eda un hermano gemelo, y que la casualidad ayud\u00f3 a la confusi\u00f3n a la hora de arrestar a quien no era. Estando \u00e9l en lugar de su hermano y viceversa.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Se dej\u00f3 embaucar por la limpieza de su prosa, que le hac\u00eda engullir las p\u00e1ginas de forma insaciable. Se sorprendi\u00f3 emocionado. \u201cQuiz\u00e1 no est\u00e9 todo perdido.\u201d Pens\u00f3 y sigui\u00f3 leyendo.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0A\u00f1os de encierro, en los que su personaje pasaba del fr\u00edecerebros, como llamaban cari\u00f1osamente los internos a las sesiones logotomizantes que sufr\u00eda el sujeto a base de descargas el\u00e9ctricas, o las terapias grupales, donde una vez bien fritas todas las neuronas los pacientes sentados en corro formaban charcos de baba y musitaban como vacas en celo, le hab\u00edan transformado.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Su abogado trabajaba sin descanso en su defensa. Aunque hac\u00eda mucho tiempo que no sab\u00eda nada de \u00e9l. El deseo de que todo saliese a la luz dio paso con los a\u00f1os a una sed de venganza ardiente y clamorosa en su interior.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Su tren de vida descarril\u00f3 arrasando todo aquello que pod\u00eda importarle.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0La idea de acabar con la vida del responsable de aquella pesadilla cobr\u00f3 forma hasta convertirse en su \u00fanico amigo dentro de aquel infierno. Un lugar donde perderse, encontrar cobijo y sentirse \u201c\u00bfCuerdo?\u201d, quiz\u00e1 el \u00fanico pensamiento racional que le dejaban criar, en el m\u00e1s rec\u00f3ndito de los silencios. Pura y salvaje venganza.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0As\u00ed que cuando tuvo la m\u00e1s m\u00ednima oportunidad, la aprovech\u00f3.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Ocurri\u00f3 una noche de domingo. En fin de semana el fr\u00edecerebros estaba apagado, no hab\u00eda sesiones grupales ni nada por el estilo. Los m\u00e9dicos libraban y el sanatorio se convert\u00eda en una marea de paseantes risue\u00f1os. S\u00f3lo ten\u00edan que doblar la medicaci\u00f3n y cerrar con llave. Con cuatro enfermeras de guardia y los celadores era m\u00e1s que suficiente.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Tendr\u00eda durante veinticuatro horas el cerebro despejado (al menos lo mejor posible dadas las circunstancias) para planearlo todo. Y llevaba as\u00ed los \u00faltimos veinte a\u00f1os. Esperando un resarcimiento, una disculpa, el alcalde d\u00e1ndole la mano pidi\u00e9ndole perd\u00f3n, algo as\u00ed. Pero no. Nunca lleg\u00f3 ese momento (ni llegar\u00eda). Lo m\u00e1s dif\u00edcil de tragar fue precisamente eso.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0La indefectible remisi\u00f3n de que pasar\u00eda all\u00ed el resto de su vida.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0As\u00ed que cuando pod\u00eda alimentaba la ponzo\u00f1a que le carcom\u00eda por dentro. Pensaba en el momento en el que se encontrar\u00eda cara a cara con el que lo hab\u00eda metido (por error) en aquel endiablado lugar.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Tumbado en el camastro, con los brazos entrelazados en la nuca, se preguntaba a menudo si ser\u00eda capaz de matarlo a sangre fr\u00eda llegado el momento, y, la respuesta le estremec\u00eda con un pud\u00edn de efervescencia y nerviosismo al tiempo. \u201cSin dudarlo\u201d, se dec\u00eda.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Y el momento de escapar le lleg\u00f3 de repente.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0En un momento en que las enfermeras marujeaban en corro, mir\u00f3 a ambos lados del corredor y salt\u00f3 sin pensarlo dentro de un carro de ropa sucia aparcado en el pasillo. El coraz\u00f3n le atron\u00f3 con viveza. Deb\u00eda enterrarse lo m\u00e1s abajo posible para no ser visto.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Se encontr\u00f3 buceando en un pozo apestoso. Los esf\u00ednteres se relajan demasiado al contacto con la corriente alterna. Reprimi\u00f3 una arcada ante la duda inminente de si los intestinos ganar\u00edan el concurso de \u00d3rgano Relajado del A\u00f1o.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Fue todo muy f\u00e1cil, demasiado a decir verdad. El chirriar de las ruedecillas y la inercia le indicaron que se mov\u00eda. Luego se elevaba. El carro volvi\u00f3 a deslizarse. Un portazo met\u00e1lico seguido de un apretujado silencio. Un motor arranc\u00f3. \u00a1Estaba en el cami\u00f3n de lavander\u00eda!\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0La alegr\u00eda le invadi\u00f3 moment\u00e1neamente. El trayecto pareci\u00f3 durarle un parpadeo \u201cEl tiempo vuela cuando todo marcha\u201d, se dijo. Luego se detuvo. M\u00e1s balanceos. Por fin se detuvo completamente. Pasos alej\u00e1ndose. M\u00e1s silencio. Aguard\u00f3 inm\u00f3vil.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Cuando calcul\u00f3 que nadie volver\u00eda sali\u00f3 lentamente, apartando el apestoso vestuario que le cubr\u00eda hasta los dientes. Se desembaraz\u00f3 del absurdo pijama dejando atr\u00e1s su pasado como Miembro de Honor del psiqui\u00e1trico local. Se visti\u00f3 enseguida, no hab\u00eda minuto que perder. Le fue f\u00e1cil encontrar ropa de su talla, estaba en un almac\u00e9n de ropa a fin de cuentas.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Encontr\u00f3 la indumentaria perfecta. \u00a1Una cuarenta! Exclam\u00f3 sorprendido al contemplar la etiqueta del pantal\u00f3n vaquero. Hab\u00eda bajado cinco tallas desde que le encerraran, la pasta grumosa e ins\u00edpida que le suministraban a diario ten\u00eda todo el m\u00e9rito. Termin\u00f3 de vestirse y se dispuso a emprender la marcha.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Cuando llevaba un par de horas andando not\u00f3 como el est\u00f3mago se retorc\u00eda doloroso, un hambre acuciante se abri\u00f3 paso hasta robarle la energ\u00eda. Deb\u00eda comer algo. Un sabor met\u00e1lico y \u00e1spero se ense\u00f1ore\u00f3 de su garganta.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0No quedaba mucho en realidad. Hab\u00eda dejado la carretera asfaltada hac\u00eda un buen rato, intern\u00e1ndose por el camino de tierra flanqueado de \u00e1rboles.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0La idea de acabar con \u00e9l permanec\u00eda enquistada en su mente como una cantinela absurda. Lo estrangular\u00eda con sus propias manos si fuera necesario, pero deb\u00eda llegar, y a\u00fan le quedaba un buen trecho.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0El sol cedi\u00f3 el pulso a las copas de los \u00e1rboles y termin\u00f3 su jornada, d\u00e1ndole el testigo a la tarde oscura, en el contrapunto en que las sombras se alargan y las figuras se transforman en caprichosas formas monstruosas. Retrep\u00f3 una elevaci\u00f3n del terreno, y entonces esboz\u00f3 una amplia sonrisa.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0A lo lejos reconoci\u00f3 lo que buscaba. La meta estaba a su alcance.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Seg\u00fan su informante, un celador al que soborn\u00f3 con tres cajetines de Camel y el Prozac que le suministraban antes de entrar al fr\u00edecerebros, la casa, adem\u00e1s de encontrarse en el lugar indicado, tal y como le asegur\u00f3 aquel tipo carec\u00eda de vigilante alguno ni perro guardi\u00e1n.<\/p>\n<p>&#8211; No tiene enemigos. Es un tipo bastante normal.<\/p>\n<p>&#8211; Claro, \u00bfpor qu\u00e9 iba a tenerlos?\u00a0 &#8211; Repuso \u00e9l en un arranque de denotada indiferencia.<\/p>\n<p>&#8211; Entonces, \u00bfA qu\u00e9 tanto inter\u00e9s?<\/p>\n<p>&#8211; Le debo pasta. Y me gusta saldar mis deudas.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0El acceso de tos perruna que le acometi\u00f3 a aquel energ\u00fameno tras la sonora carcajada inicial zanj\u00f3 el tema.<\/p>\n<p>\u00a0&#8211; Est\u00e1s como un cencerro amigo, como una pu\u00f1etera regadera como dir\u00eda mi padre. &#8211;\u00a0 Y enfil\u00f3 el pasillo silbando hasta perderse por una esquina.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Pero hab\u00eda merecido la pena. Tal y como le hab\u00eda indicado, al borde de la colina, junto al gran almendro, se encontraba la casa del creador de sus emociones m\u00e1s ponzo\u00f1osas. Durante a\u00f1os hab\u00eda alimentado toda esa rabia, como a una mascota, vi\u00e9ndola crecer hasta envejecer y volverse ulcerosa, cancer\u00edgena, imposible de retener en su interior.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Alcanz\u00f3 el llano exhausto. Se encontraba a tan solo unos pasos de su venganza. El tipo deb\u00eda estar dentro, aguardando su aciago destino.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Avanz\u00f3.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Super\u00f3 la puerta de entrada. Un abrecartas solitario le ilumin\u00f3 el rostro. Se intern\u00f3 hacia el interior de aquella majestuosa casa al borde del lago. Lleg\u00f3 al sal\u00f3n donde miles de libros barruntaban las paredes.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Desliz\u00e1ndose con sigilo contempl\u00f3 que alguien le daba la espalda, alguien que permanec\u00eda sentado en un enorme sill\u00f3n de piel sint\u00e9tica color rojo intenso, como el rub\u00ed, de tacto suave, escurridizo, f\u00e1cil de despellejar cualquier miembro desnudo que permaneciese demasiado tiempo adherido a \u00e9l.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Atisb\u00f3 un vaso de t\u00e9 helado, cubitos en dado titilando y media rodaja de lim\u00f3n, que reposaba sobre un posavasos verde de Heineken.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Junto a \u00e9l un s\u00e1ndwich de pavo braseado con camembert le arranc\u00f3 un inoportuno rugido a su est\u00f3mago.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0La \u00faltima p\u00e1gina cay\u00f3 al suelo describiendo un zigzag en el aire mientras alertado por la hambruna del protagonista, el escritor levant\u00f3 la mirada para contemplar como \u00e9ste, blandiendo el falso pu\u00f1al, lo hund\u00eda en su cuello hasta el mango.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Mientras el gorgojeo de su v\u00edctima inundaba el sal\u00f3n, rescat\u00f3 la hoja del suelo salpicada de sangre.\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Cap\u00edtulo 13\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0El tel\u00e9fono son\u00f3 despiadado en el despacho del abogado penalista m\u00e1s famoso de la ciudad.\u00a0<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Diga.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Soy Serra. Tengo buenas noticias. \u2013 La voz del investigador sonaba efervescente.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Al\u00e9grame el d\u00eda. \u00bfHas encontrado el informe m\u00e9dico? \u2013 Pregunt\u00f3 el letrado con un incipiente nerviosismo. Nada habitual en \u00e9l.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Mejor que eso. \u2013 Repuso Serra como un jugador de p\u00f3ker antes de hacer su mejor apuesta. \u2013 Le he encontrado.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a1Repite eso!<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Tengo al gemelo. Y cr\u00e9eme, no hace falta ser una lumbrera para saber quien de los dos est\u00e1 como una chota.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a1Fant\u00e1stico! Hablar\u00e9 con el juez ma\u00f1ana y luego llamar\u00e9 a mi cliente. Va a\u2026<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Hay algo m\u00e1s. \u2013 La voz se engriseci\u00f3 de repente. \u2013 Algo no encaja. Espera un momento\u2026<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfQu\u00e9 ocurre? \u2013 Pregunt\u00f3 fren\u00e9tico el defensor.<\/p>\n<p>El detective pareci\u00f3 reconocer a alguien al otro lado de la l\u00ednea.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Pero, \u00bfQu\u00e9 co\u00f1o\u2026? \u2013 Su voz se vio interrumpida por un ensordecedor disparo.<\/p>\n<p>Pegado al auricular, el abogado enmudeci\u00f3 estupefacto.<\/p>\n<p>Alguien colg\u00f3 al otro lado.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0No terminaba de entender porqu\u00e9 su editor le hab\u00eda enviado aquel extra\u00f1o manuscrito. Su mente naufragaba a la deriva desde hac\u00eda dos a\u00f1os y la enfermedad m\u00e1s temible de todo escritor, la que te convierte en una inm\u00f3vil figura de cera viviente frente al procesador de textos, le encaminaba con [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[5],"tags":[],"class_list":["post-1238","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relatos"],"amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1238","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1238"}],"version-history":[{"count":8,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1238\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1246,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1238\/revisions\/1246"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1238"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1238"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1238"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}