{"id":567,"date":"2011-06-27T11:10:57","date_gmt":"2011-06-27T09:10:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/?p=567"},"modified":"2011-06-27T11:10:58","modified_gmt":"2011-06-27T09:10:58","slug":"68-flores-silvestres-por-dimanche","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/68-flores-silvestres-por-dimanche\/","title":{"rendered":"68- Flores silvestres. Por Dimanche"},"content":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Hace mucho, mucho tiempo, yo ten\u00eda un pueblo donde pasaba los veranos cuando era ni\u00f1a \u2014y no tan ni\u00f1a\u2014, y una casa fresquita durante el est\u00edo y c\u00e1lida en el invierno. Tambi\u00e9n ten\u00eda una abuela, toda dulzura, a la que adoraba; y un abuelo, cejijunto, contrito de esp\u00edritu e iracundo la mayor\u00eda de las veces,\u00a0 al que llegu\u00e9 a temer.<!--more-->\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Cuando la edad me trajo el atrevimiento lo apod\u00e9 <em>El Sieso. <\/em>Mam\u00e1 me mandaba all\u00ed todos los veranos, mientras ella y pap\u00e1 viajaban por el mundo. Esa costumbre se hizo extensiva, obviando mis protestas, al resto de las vacaciones. Fue as\u00ed como el pueblo se convirti\u00f3 en mi segunda casa, y si al principio era remisa a obedecer, despu\u00e9s no hab\u00eda quien me arrancara de sus calles, pues el municipio lleg\u00f3 a construir una apetitosa piscina donde zambull\u00eda el calor y las malas ideas. En verano, mi abuela y yo, nos manten\u00edamos muy ocupadas: por las ma\u00f1anas yo me sentaba a leer cuentos, y ella cocinaba para la cena y para el d\u00eda siguiente porque <em>El Sieso<\/em> se llevaba la comida al campo. Pasaba la jornada fuera de casa, algo que mi abuela y yo agradec\u00edamos. Por la tarde, despu\u00e9s de regresar yo de la piscina, sal\u00edamos las dos a dar largos paseos. Muchas veces, a la ca\u00edda del sol, mi abuela me llevaba a Villa Quieta<em> <\/em>(as\u00ed llamaba al cementerio, aunque nunca traspasamos los muros), mientras me contaba historias, como \u00abcuentos de Calleja\u00bb,<em> <\/em>que yo escuchaba con especial deleitamiento. Su \u00fanico prop\u00f3sito era ir all\u00ed, conmigo de carabina, sin llamar la atenci\u00f3n. Se acercaba subrepticiamente a la tapia del cementerio, sacaba del jub\u00f3n un ramillete de flores silvestres y las esparc\u00eda por el suelo; despu\u00e9s tocaba la pared y se besaba la mano como si hubiese tentado el muro de las lamentaciones. Siempre buscaba el momento en el que me cre\u00eda distra\u00edda. As\u00ed fue durante mucho tiempo. Y cuando me descubri\u00f3 espi\u00e1ndola me pidi\u00f3 con total naturalidad que no comentara nada a mi abuelo: esa ser\u00eda nuestra confidencia. Por supuesto, nunca se lo dije a <em>El Sieso. <\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Ahora ha sido asfaltado el camino que lleva al cementerio, anta\u00f1o de polvo y piedras. El alcalde est\u00e1 pavimentando las calles de la poblaci\u00f3n, y el aire se ha impregnado de olor a alquitr\u00e1n, lo que me impide disfrutar, en este mes de junio, de las menudas y olorosas flores de los tilos del camposanto. Voy cabizbaja, imbuida por recuerdos que me a\u00edslan del murmullo de la comitiva. Levanto los ojos, el f\u00e9retro de mi abuela parece reguilar como un flan entre las cabezas de los lugare\u00f1os que la portan a hombros. Una legi\u00f3n de evocaciones se concita en mi mente como potrillo desbocado, piafando el llanto.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Todo el pueblo se ha congregado para despedir a mi abuela. Mam\u00e1, atrincada al brazo de pap\u00e1, llora desconsolada y me busca con la mirada. La pena me desborda pero no puedo llorar. Yo soy hija \u00fanica y mam\u00e1 tambi\u00e9n lo era. Nuestra vida encierra un efecto bumer\u00e1n, lo que a veces no es muy llevadero. Hoy, m\u00e1s que nunca, tengo la sensaci\u00f3n de que le rob\u00e9 el cari\u00f1o de la abuela. Mam\u00e1 siempre abrig\u00f3 celos de nuestra relaci\u00f3n y eso nos distanci\u00f3 mucho. <em>El Sieso <\/em>no le prodig\u00f3 amor y su madre no supo d\u00e1rselo. Nunca hablaba de su ni\u00f1ez. Luego, cuando se independiz\u00f3, visitaba a sus padres poco y con sospechosa aquiescencia. Pobre mam\u00e1. Aprieto su mano con ternura.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Mam\u00e1 llor\u00f3 por guardar las apariencias en el entierro de <em>El Sieso,<\/em> que muri\u00f3 un 11 de enero, hace cuatro a\u00f1os, en uno de los inviernos m\u00e1s fr\u00edos que yo recuerdo. Mi abuela iba junto al ata\u00fad, escondida bajo su gorro frigio, guardando la compostura y sin un solo lamento. Cuando volvimos a casa sac\u00f3 una botella de vino, llen\u00f3 un vaso y se lo bebi\u00f3 de un trago. Mam\u00e1 huy\u00f3 del comedor, y no sirvi\u00f3 de nada que la abuela le dijera que era el vino favorito del abuelo y brindaba por \u00e9l; ella no aprobaba ese comportamiento, era su padre al fin y al cabo y le deb\u00eda respeto. Para la abuela, en cambio, la muerte del marido fue una liberaci\u00f3n. Y yo m\u00e1s que nadie la entend\u00eda. Aunque llor\u00e9 su muerte. Llor\u00e9 por las tres, y no aprobaba, en absoluto, el comportamiento de mi abuela. <em>El Sieso <\/em>vivi\u00f3 tan desapegado de la familia y tan solo, que ya tuvo bastante castigo con eso. El brindis de mi abuela me qued\u00f3 un reflujo de <em>El Sieso<\/em> en la garganta: era Navidad y helaba en la calle, yo entraba muerta de fr\u00edo y me acerqu\u00e9 a la chimenea a calentarme las manos. El Sieso estaba sentado en su sill\u00f3n y lloraba en silencio; las llamas fulguraban en sus ojos transparentes. Me mir\u00f3, desde los confines de su otredad, y me mostr\u00f3 su alma, que siempre hab\u00eda estado ah\u00ed. Me turb\u00f3 verlo as\u00ed, me estremeci\u00f3 tanto que, sin saber qu\u00e9 hacer ante ese llanto clandestino, sal\u00ed y lo dej\u00e9 sumido en la tristeza, como si lo hubiera abandonado a su suerte. Desde ese d\u00eda no volv\u00ed a tenerle miedo. Confieso que para m\u00ed<em>,<\/em> con los a\u00f1os, se hab\u00eda vuelto invisible. A veces pienso en \u00e9l y me pregunto si su vida no fue m\u00e1s que una a\u00f1agaza del destino, como si quisiera arredrar a los dem\u00e1s con su presencia, sin raz\u00f3n aparente; con un gui\u00f3n bien aprendido, siempre a la espera de un milagro que nunca lleg\u00f3. O, simplemente, vivi\u00f3 taje\u00e1ndose como un condenado, cuyas razones solo las sab\u00eda \u00e9l.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Unos meses despu\u00e9s de la muerte de <em>El Sieso<\/em>, la abuela me pidi\u00f3 que pasara unos d\u00edas con ella en el pueblo. Hac\u00eda varios veranos que la visitaba poco, ella prefer\u00eda viajar a la ciudad para vernos; desde que muri\u00f3 <em>El Sieso <\/em>no parec\u00eda necesitarme tanto y mi vida como universitaria me dejaba poco tiempo en vacaciones.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Llegu\u00e9 una tarde en la que los nublados dibujaban un cielo plomizo que amenazaba lluvia. No era m\u00e1s que una tormenta de verano, pero descarg\u00f3 su rabia justo cuando estacion\u00e9 a la puerta de mi abuela, y me mantuvo durante un rato dentro del coche. Me dio risa verla descorrer los visillos y asomarse a la ventana, santigu\u00e1ndose. Me parec\u00eda que nada hab\u00eda cambiado. Qu\u00e9 equivocada estaba.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Al d\u00eda siguiente, el sol nos hab\u00eda conquistado de nuevo. Me llam\u00f3 temprano, desayunamos juntas como en otro tiempo, y me dijo que ten\u00eda algo que contarme, algo muy serio. Yo ser\u00eda la depositaria de ese documento sin papel \u2014como una caja fuerte que no deb\u00eda abrirse nunca\u2014, y el contenido morir\u00eda conmigo. Jam\u00e1s hab\u00eda visto as\u00ed a mi abuela y consigui\u00f3 asustarme. Me acomod\u00e9 en la silla con solemnidad e intriga.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u2014Antes de contarte nada \u2014me dijo\u2014, quiero que vengas conmigo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Me levant\u00e9 y la segu\u00ed. Supuse que \u00edbamos al campo que rodea el cementerio, como cuando era ni\u00f1a, escena que tengo grabada en la memoria como si de un ensalmo se tratara. Se acerc\u00f3 a la tapia y palp\u00f3 la cal, llevaba una especie de esp\u00e1tula y desconch\u00f3 la pared. Me ense\u00f1\u00f3 unos agujeros que hab\u00eda dejado al descubierto.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u2014Si te fijas bien, puedes ver manchas rojas.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u2014S\u00ed, abuela, las veo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u2014Es sangre. Ni siquiera se molestaron en limpiarla, encalaron encima. Ah\u00ed muri\u00f3 tu abuelo, fusilado. La guerra civil fue cruel\u2026 inhumana.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u2014\u00bfC\u00f3mo dices, abuela? Mi abuelo ha muerto hace poco. \u00bfTe has vuelto loca?<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u2014Se llamaba Jos\u00e9 \u2014sigui\u00f3, sin escucharme\u2014, lo apodaban <em>El Negro <\/em>porque era muy moreno, y muy guapo. T\u00fa te pareces a \u00e9l.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u2014Abuela, no sabes lo que dices\u2026<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u2014Est\u00e1bamos muy enamorados. Tu abuelo, el que siempre has conocido, que me tiraba los tejos (a pesar de que Jos\u00e9 era mi novio), se hab\u00eda ido al frente. Era un <em>rojo <\/em>como Jos\u00e9. De hecho se conoc\u00edan del partido. Jos\u00e9 se qued\u00f3 en el pueblo con un grupo de republicanos, hasta nueva orden. La guerra hab\u00eda terminado, aunque aqu\u00ed todo era confuso. Pero sab\u00edamos que hab\u00eda vencido el fascismo, y no tardar\u00edan mucho en ocupar los pocos pueblos que quedaban en manos republicanas. Yo le hab\u00eda dicho a Jos\u00e9 que huyera pero \u00e9l no quiso dejarme sola; comet\u00ed la torpeza de decirle que esperaba un hijo suyo, si bien no era visible el embarazo. Pens\u00e1bamos casarnos cuando todo acabara.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u2014\u00bfSupieron en el pueblo que estabas embarazada?<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u2014No, nunca lo supieron, salvo el que ser\u00eda luego mi marido, el \u00fanico abuelo que has conocido. \u00c9l s\u00ed lo sab\u00eda. A\u00fan as\u00ed se cas\u00f3 conmigo, pero no consigui\u00f3 enamorarme. \u00c9l, sin embargo, cumpli\u00f3 su deseo: tenerme para \u00e9l solo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Me conmovi\u00f3; sus palabras parec\u00edan desbarrar toda cordura. Pero ella sab\u00eda muy bien lo que estaba diciendo. Ahora tom\u00f3 forma el rito que se hab\u00eda impuesto en vida, como si el finado, mi verdadero abuelo, se lo hubiera pedido en aras del amor. O ella misma, para no perder el juicio, y por lealtad. Yo podr\u00eda haber visto un acto rom\u00e1ntico en los hechos, pero solo era capaz de ver a mi abuela sumida de rond\u00f3n en el fango del infortunio y la condena. Una carga muy pesada de la que por fin se hab\u00eda aligerado.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Me acerqu\u00e9 y le di un inmenso abrazo, y lloramos juntas; para mi abuela fue\u00a0 como una catarsis. La llev\u00e9 a casa a rega\u00f1adientes y all\u00ed me cont\u00f3 el resto de su historia. Me parec\u00eda que nada pod\u00eda superar aquello, pero nuevamente me equivoqu\u00e9.<\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0El Sieso, <\/em>que se hab\u00eda ido como <em>rojo<\/em>, volvi\u00f3 como fascista con el bando de los vencedores. Jos\u00e9 no hab\u00eda abandonado el pueblo y, como una purga, unos d\u00edas despu\u00e9s de la vuelta de <em>El Sieso,<\/em> apareci\u00f3 muerto junto a la tapia del cementerio; lo hab\u00edan fusilado. Nadie supo nunca qui\u00e9n dio la orden ni por qu\u00e9, ya que otros republicanos no fueron ajusticiados, sino encarcelados. Hasta que <em>El sieso<\/em>, en su lecho de muerte, le lanz\u00f3, como una azagaya, que hab\u00eda sido \u00e9l quien asesin\u00f3 a Jos\u00e9, e imploraba perd\u00f3n. Estaba totalmente arrepentido. Despu\u00e9s llor\u00f3 como un ni\u00f1o mirando a mi abuela que lo llam\u00f3 malnacido una y otra vez y le grit\u00f3 que nunca le perdonar\u00eda y que pod\u00eda irse al infierno. As\u00ed fue como quedaron los dos en paz. Como hab\u00edan vivido: el uno sin el otro. La muerte de Jos\u00e9 permaneci\u00f3 impune, como tantas otras que se hicieron con venganza fratricida. Fue un mazazo para mi abuela, un denuesto del destino: haber convivido con el asesino del padre de su hija. Corr\u00edan malos tiempos y si se cas\u00f3 con <em>El Sieso<\/em> fue por seguridad, por la hija que esperaba. Una vez m\u00e1s los hados hab\u00edan aplicado su caprichosa justicia: tanto <em>El Sieso <\/em>como mi abuela hab\u00edan pagado su propio monto con la vida.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Me alegr\u00f3 saber que <em>El Sieso<\/em> no era mi abuelo. Desde ni\u00f1a sent\u00ed que no hab\u00eda nada que nos uniera, como si no tuviera que ver conmigo. Pero en el fondo de m\u00ed misma le guardaba una hebra de afecto at\u00e1vico.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0El sepulturero sella el nicho de la abuela. Todo ha terminado. La cohorte de parroquianos y familia abandonan el lugar. El campo que rodea Villa Quieta<em> <\/em>est\u00e1 seco; ha perdido la verdura de los tiempos remotos, y los poyos de sentarse ya no existen. Miro el muro de los fusilamientos: alguien ha vuelto a blanquear el destrozo que hizo mi abuela. O ella misma, con el af\u00e1n de dejar las cosas como estaban.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Cuando nadie me ve, saco de mi bolso un ramillete de flores silvestres y las desparramo a mi paso.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Hace mucho, mucho tiempo, yo ten\u00eda un pueblo donde pasaba los veranos cuando era ni\u00f1a \u2014y no tan ni\u00f1a\u2014, y una casa fresquita durante el est\u00edo y c\u00e1lida en el invierno. Tambi\u00e9n ten\u00eda una abuela, toda dulzura, a la que adoraba; y un abuelo, cejijunto, contrito de esp\u00edritu e iracundo [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[5],"tags":[],"class_list":["post-567","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relatos"],"amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/567","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=567"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/567\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":572,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/567\/revisions\/572"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=567"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=567"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=567"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}