{"id":581,"date":"2011-06-28T23:26:17","date_gmt":"2011-06-28T21:26:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/?p=581"},"modified":"2011-06-28T23:26:17","modified_gmt":"2011-06-28T21:26:17","slug":"70-en-los-alrededores-de-la-nada-por-mireia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/70-en-los-alrededores-de-la-nada-por-mireia\/","title":{"rendered":"70- En los alrededores de la nada. Por Mireia"},"content":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Aparentemente nada inquietaba la calma de la gran ciudad durante aquella noche de invierno, excepto el sonido de las gotas de lluvia al estrellarse contra el asfalto. A lo lejos, la bruma lo difuminaba todo hasta dar a aquella perdida calle de las afueras un aspecto casi fantasmal.\u00a0<!--more--><\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Un hombre alto, fuerte y con actitud decidida, cruz\u00f3 la noche con rapidez en busca del \u00fanico bar abierto. M\u00e1s all\u00e1 se extend\u00eda tan s\u00f3lo la oscuridad y una estrecha carretera a la que el tr\u00e1fico, y hasta la vida, parec\u00edan haber abandonado completamente.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Cerr\u00f3 el paraguas y, despu\u00e9s de echar un vistazo a trav\u00e9s de los cristales empa\u00f1ados, se adentr\u00f3 resoplando en el interior. El local era acogedor,\u00a0 y la temperatura c\u00e1lida que en \u00e9l reinaba le devolvi\u00f3 el \u00e1nimo en un abrir y cerrar de ojos. Ocup\u00f3 un rinc\u00f3n a la izquierda de la barra, se despoj\u00f3 de la gabardina mojada y a la vez que dejaba caer en un taburete sus casi dos metros de altura, ote\u00f3 las mesas que se esparc\u00edan por el amplio sal\u00f3n. Casi todas estaban ocupadas por grupos de j\u00f3venes que conversaban animadamente y se detuvieron unos segundos para observarle. Inmediatamente volvieron de nuevo a sus asuntos, y la noche sigui\u00f3 su curso mortecino y somnoliento en aquel bar donde nada era m\u00e1s importante que\u00a0 el alcohol y el discurrir de las horas.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0El camarero no tard\u00f3 en situar frente a \u00e9l una espumosa y fr\u00eda jarra de cerveza que bebi\u00f3 con avidez. Casi inmediatamente, con un gesto imperceptible, le indic\u00f3 que la volviera a llenar. Encendi\u00f3 el en\u00e9simo cigarrillo del d\u00eda y consult\u00f3 su reloj. La paciencia no era una de sus virtudes, y no dejaba de moverse con evidente desasosiego por la tardanza de la persona a la que esperaba. Giraba la mirada sin cesar hacia la puerta de entrada cada vez que esta se abr\u00eda, para contemplar siempre, invariablemente, rostros desconocidos que cruzaban frente a \u00e9l para volver a perderse segundos despu\u00e9s en la semioscuridad del bar, y formar parte de nuevo del anonimato del que proven\u00edan.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Pasaron dos horas y parte de una tercera. El cenicero estaba a punto de desbordarse y el camarero, displicente, lo sustituy\u00f3 con aire distra\u00eddo. Hac\u00eda rato que hab\u00eda comprendido que ella no vendr\u00eda. Para colmo de males, la cerveza -era incapaz de recordar cuantas hab\u00eda tomado- empezaba a nublar su mente y no le dejaba pensar con claridad. Culp\u00f3 de todo a aquella mujer hermosa que alg\u00fan d\u00eda, tal vez, le hab\u00eda entregado un sue\u00f1o. Por alg\u00fan capricho del destino, ese mismo sue\u00f1o no le permit\u00eda so\u00f1ar desde hac\u00eda tiempo, justo desde que todo comenzara a descomponerse.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Sentado en aquel inc\u00f3modo taburete, se dej\u00f3 llevar por los recuerdos mientras afuera, cada vez con m\u00e1s furia, la lluvia revoloteaba alrededor del bar. Toda la gente desapareci\u00f3 de golpe, como por arte de magia, para dejarle a solas con ella en un espacio inaccesible de la mente\u2026\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Se conocieron por casualidad, de una forma poco original, en el caf\u00e9 de una estaci\u00f3n de tren cualquiera. Pod\u00eda recordar cada detalle con total exactitud, la forma en que apoyaba la cabeza entre sus\u00a0 manos, la tibia sonrisa que le dedic\u00f3 cuando \u00e9l se acerc\u00f3 para preguntarle la hora de llegada de un tren imaginario, la corta falda que dejaba entrever unas piernas interminables\u2026 Se sinti\u00f3 atra\u00eddo hacia ella de tal manera que no le import\u00f3 abordarla en ese mismo instante, pues sab\u00eda que de no ser as\u00ed, cuando saliera del caf\u00e9 se perder\u00eda irremediablemente entre la multitud.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Como martillazos, los recuerdos golpeaban el pecho con la misma furia de las pesadillas. Una cerveza m\u00e1s, otro cigarrillo. Se sent\u00eda viajero del tiempo y solo quer\u00eda quedarse en el pasado, junto a ella\u2026<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Algo extra\u00f1o y misterioso, mucho mayor que un sentimiento y que un deseo, les fue atrayendo irremediablemente hasta hacerles inseparables, hasta hacerles entrar en esa especie de idiotez por la que solo el amor es capaz de hacer caminar a un hombre y a una mujer.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Amargamente continu\u00f3 con aquel desordenado balance de un amor ya enterrado. Y todo parec\u00eda irreal, reducido a cenizas en la lluviosa noche de aquel bar de las afueras. Ten\u00eda grabado a fuego en el coraz\u00f3n la primera vez que hicieron el amor. Seguro que ella tampoco lo hab\u00eda olvidado. Era capaz de reproducir en su mente la pel\u00edcula, escena a escena,\u00a0 de todo lo que sucedi\u00f3 en aquella escondida ensenada cuando el crep\u00fasculo les dej\u00f3 a solas para que tan s\u00f3lo los \u00e1rboles pudieran contemplar la danza febril de sus cuerpos desnudos.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Ya no volver\u00eda nunca. El mundo se desplomaba rasgado por la furia de la melancol\u00eda. Vestido con su americana de soledad, el hombre mir\u00f3 al techo del bar, donde un viejo ventilador casi oxidado daba vueltas y vueltas con una lentitud que le resultaba desesperante. Y le pareci\u00f3 verse a s\u00ed mismo en \u00e9l, rodando entre sus aspas sin otra esperanza ni meta que acabar una vuelta para comenzar la siguiente, y as\u00ed una y otra vez hasta que alguien desconectara el interruptor para volver a accionarlo al d\u00eda siguiente.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Sab\u00eda de sobra que la hab\u00eda perdido mucho tiempo antes. Sin embargo lo que no sab\u00eda es c\u00f3mo podr\u00eda vivir sin ella. Sali\u00f3 al fin tambale\u00e1ndose del bar, segu\u00eda lloviendo con una furia casi despiadada. Le gustaba el olor a humedad, a barro, y le gustaba tambi\u00e9n ver el reflejo de las farolas en el agua del suelo\u2026 Se dej\u00f3 empapar durante unos minutos mientras tarareaba para sus adentros las notas de una vieja melod\u00eda de amor.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Entonces la vio\u2026 Corr\u00eda como \u00e9l bajo la lluvia, y en la hermosura de un silencio tan mudo como los glaciares, ella dibuj\u00f3 el sonido de sus pasos inventando el encuentro justo donde las sombras a\u00fan buscaban establecerse. Corri\u00f3 a su encuentro, pero al intentar abrazarla s\u00f3lo el vac\u00edo ocup\u00f3 sus torpes brazos ateridos. El estupor del primer instante se convirti\u00f3, en cuesti\u00f3n de segundos, en una furiosa sinraz\u00f3n que dispar\u00f3 a quemarropa sobre el hombre la realidad cruel y desnuda&#8230;<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Qu\u00e9 importaba entonces que ya hubiese dejado de llover, que la luna solo fuese una sombra lejana que intentaba abrirse paso entre las nubes que hu\u00edan, que una voz le gritase palabras incomprensibles\u00a0 desde un coche que hac\u00eda crujir sus frenos, o que un aire g\u00e9lido y cortante le golpease las mejillas hasta hacerle tiritar. La vida estaba parada en un rinc\u00f3n sin estrellas\u00a0 y las l\u00e1grimas eran s\u00f3lo gotas de lluvia rezagadas. El coraz\u00f3n de un ser humano, desgraciadamente, no est\u00e1 programado para entender estas cosas&#8230;<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Contemplando su propio reflejo sobre los charcos, cegado por la oscuridad y el alcohol, la imagin\u00f3 en otros brazos y en los versos de otros poemas. A lo lejos, las plantas respiraban el aire renovado tras el paso de la tormenta. Nada hac\u00eda presagiar que la muerte, agazapada, tambi\u00e9n hab\u00eda estado esperando para atacar cuando cesara la lluvia.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Ella no podr\u00eda saber nunca, aunque eso ya a nadie le importaba, que en la ma\u00f1ana que ya se cern\u00eda, las hojas empapadas de los \u00e1rboles arrastrar\u00edan consigo la sangre de un coraz\u00f3n resquebrajado. Y \u00e9l, desde el lugar del infierno a donde le hubiera llevado aquella sacudida de dolor, jam\u00e1s estar\u00eda en condiciones de poder volver a contemplar la serena belleza de esa mujer por la cual todo lo abandon\u00f3, incluso la vida\u2026<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Aparentemente nada inquietaba la calma de la gran ciudad durante aquella noche de invierno, excepto el sonido de las gotas de lluvia al estrellarse contra el asfalto. 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