{"id":625,"date":"2011-07-01T12:51:40","date_gmt":"2011-07-01T10:51:40","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/?p=625"},"modified":"2011-07-07T21:09:29","modified_gmt":"2011-07-07T19:09:29","slug":"78-isaias-viajero-en-el-recuerdo-por-joseba","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/78-isaias-viajero-en-el-recuerdo-por-joseba\/","title":{"rendered":"78- Isa\u00edas, viajero en el recuerdo. Por Mikel Deusto"},"content":{"rendered":"<p>A Isa\u00edas le despert\u00f3 el d\u00eda, la tenue luz filtrada a duras penas por unos burdos cortinones. Escuch\u00f3 el ronquido sordo y desacompasado del ocupante de la litera inferior, mientras tomaba conciencia de sus pies fr\u00edos a pesar de haber dormido totalmente vestido, incluso con las gruesas botas de monta\u00f1ero.<!--more--><\/p>\n<p>La espalda estaba agarrotada tras pasar la noche en una complicada postura, aferrado a su macuto. Meti\u00f3 la mano en un bolsillo del gab\u00e1n y extrajo discretamente una estampa de San Pancracio, en lamentable aspecto por el uso intensivo al que hab\u00eda sido sometida. Farfull\u00f3 entre los escasos dientes algo parecido a una oraci\u00f3n, coronando la plegaria con un am\u00e9n plet\u00f3rico de convencimiento y, una vez devuelta a la capilla del abrigo la imagen, comenz\u00f3 a incorporarse con dificultad, entre los chasquidos de sus maltrechas articulaciones.<\/p>\n<p>Fue el primero en ganar el comedor, como hac\u00eda cada d\u00eda, para garantizarse un desayuno con caf\u00e9 reci\u00e9n hecho y leche bien caliente, a 300 grados, como le gustaba pedirla. Llegar pronto tambi\u00e9n le daba derecho a dos magdalenas hermosas, esponjosas, diferentes a las piedras de cantera en que acaban convirti\u00e9ndose en apenas dos horas, al finalizar la tanda de desayunos. \u00bfQu\u00e9 demonios ten\u00edan aquellas magdalenas para que fuese tan ef\u00edmera su lozan\u00eda?<\/p>\n<p>Templado el est\u00f3mago sol\u00eda acercarse hasta donde In\u00e9s, la anciana que con abnegaci\u00f3n y ternura llegaba cada ma\u00f1ana al albergue, con el desinteresado prop\u00f3sito de disponer el desayuno para quienes all\u00ed recib\u00edan cobijo. Isa\u00edas le daba las gracias de todo coraz\u00f3n y a cambio recib\u00eda de In\u00e9s un crujiente trozo de <em>baguette <\/em>para distraer el apetito. Aquella ma\u00f1ana obtuvo de su benefactora un regalo adicional, un botell\u00edn de agua que guard\u00f3 con prontitud en el macuto, mientras le dedic\u00f3 una sonrisa.<\/p>\n<p>Sali\u00f3 a la calle decidido, aunque el relente de la ma\u00f1ana merm\u00f3 el comp\u00e1s de sus pasos. La brisa helada le hiri\u00f3 y se col\u00f3 por las anchas mangas del otrora impecable gab\u00e1n, obligando a la mano no ocupada por el macuto a buscar presta refugio en el bolsillo, compartiendo espacio con San Pancracio y otros cachivaches de utilidad discutible. El fr\u00edo podr\u00eda resultar un obst\u00e1culo insalvable, pero no en aquella ma\u00f1ana de mayo, cuando el sol se abr\u00eda paso sin dificultad entre t\u00edmidas brumas, sabedor de que al mediod\u00eda nada discutir\u00eda su autoridad.<\/p>\n<p>Apenas unos minutos despu\u00e9s de las ocho Isa\u00edas ya se encontraba en su puesto, la esquina de la Gran V\u00eda cuya titularidad hab\u00eda de ganarse a diario. Llegar media hora tarde, s\u00f3lo media hora, desestabilizar\u00eda fatalmente su jornada. Otro m\u00e1s vivo podr\u00eda encontrarse ya all\u00ed, disfrutando de los privilegios de un lugar estrat\u00e9gico, bien orientado a dos calles comerciales y concurridas. Con suerte, si el ocupante no fuese de mucha entidad, podr\u00eda hacer valer sus derechos apelando a la condici\u00f3n de veterano al frente de aquella plaza, reforzando las explicaciones con un par de puntapi\u00e9s si el interesado se hiciese el remol\u00f3n. Sin embargo, la ocupaci\u00f3n por parte de un tipo corpulento o mal encarado, de esos que no atienden a razones, de navaja f\u00e1cil o soltura en el pu\u00f1o, no ofrec\u00eda discusi\u00f3n posible. Lo sab\u00eda por experiencia.<\/p>\n<p>No obstante, Isa\u00edas parec\u00eda haberse ganado el puesto a base de perseverar en el tiempo. El resto de los mendigos respetaban ese acuerdo no escrito, dejando el riesgo de conflictos abierto a vagabundos de paso por la ciudad.<\/p>\n<p>Se sent\u00f3 de cuclillas apoyando la espalda en la pared, para que el macuto quedase aprisionado entre ambos, a buen recaudo, tras extraer del mismo la lata vac\u00eda de galletas danesas utilizada para recoger las limosnas.<\/p>\n<p>No exist\u00eda t\u00e9cnica alguna. Isa\u00edas no utilizaba ning\u00fan reclamo especial para despertar la voluntad del viandante. No se disfrazaba de mimo, no realizaba juegos malabares, no tocaba instrumentos. Lo suyo era mendicidad en estado puro, sin carteles torpemente escritos en un cart\u00f3n para provocar l\u00e1stima, sin abordajes suplicando misericordia, sin trucos, sin invenciones. Consideraba a la gente con la suficiente inteligencia como para discernir la raz\u00f3n por la que \u00e9l se sentaba all\u00ed cada d\u00eda, hasta convertirse en un cl\u00e1sico, en parte imprescindible del paisaje urbano, una referencia geogr\u00e1fica.<\/p>\n<p>Y funcionaba, sorprendentemente funcionaba. A cambio, Isa\u00edas se compromet\u00eda a permanecer en aquella postura toda la jornada, sin moverse un \u00e1pice, insensible al sol y a la lluvia, al dolor de aquellos castigados huesos, forzosamente inmovilizados por la voluntad de su due\u00f1o, ajeno al cansancio y a los leg\u00edtimos reclamos de sus esf\u00ednteres. El trozo de pan obsequiado por In\u00e9s, al que en esta jornada se sumaba el botell\u00edn de agua, servir\u00edan para mantener entretenidas a las tripas hasta la noche, por muchas protestas que manifestasen mediante ruidos de lo m\u00e1s variado.<\/p>\n<p>Ante \u00e9l discurr\u00eda un mosaico de cuerpos cuyo rostro no ten\u00eda inter\u00e9s en contemplar. S\u00f3lo alzaba la mirada para agradecer el gesto, con voz firme y sincera, a quien tuviera a bien arrojar una moneda en la vieja lata. Algunas de aquellas caras pertenec\u00edan a incondicionales, personas que quiz\u00e1 le hab\u00edan cogido simpat\u00eda, por alguna extra\u00f1a raz\u00f3n, o se mostraban satisfechas por el inter\u00e9s con el que aquel desventurado agradec\u00eda los donativos.<\/p>\n<p>Para no enloquecer, manteni\u00e9ndose est\u00e1tico en aquella forzada postura durante casi doce horas al d\u00eda, Isa\u00edas hab\u00eda aprendido a evadir la mente. Desconoc\u00eda los m\u00e9todos ancestrales de los monjes budistas, pero siempre hab\u00eda sido un hombre disciplinado en sus costumbres, lo cual le hab\u00eda permitido alcanzar este objetivo con el paso de los a\u00f1os. Por eso, tambi\u00e9n aquella ma\u00f1ana, cuando llevaba algo m\u00e1s de una hora acuclillado a la espera de caridad, fue perdiendo el enfoque de la mirada hasta desvanecerlo en el vac\u00edo. Los o\u00eddos fueron atenuando los sonidos hirientes de la ciudad, releg\u00e1ndolos a la nada, y el esp\u00edritu, que no el cuerpo, eso solo era patrimonio de Santa Teresa, comenz\u00f3 a elevarse a varios palmos del suelo. Isa\u00edas qued\u00f3 sumido en otra dimensi\u00f3n. Dej\u00f3 al cuidado de la esquina una descalcificada osamenta recubierta de piel enjuta y viejas prendas, con la encomienda de velar por la recaudaci\u00f3n que la providencia otorgase hasta el momento del regreso.<\/p>\n<p>Le hubiese gustado viajar en el tiempo, simplemente para corregir errores, pero le quedaba el consuelo de disponer de una gran habilidad para viajar en el recuerdo. Eso hac\u00eda cada d\u00eda, cuando alcanzaba aquel particular estado de gracia. De un modo recurrente repasaba su trayectoria vital hasta desembocar en la esquina de la Gran V\u00eda. Regresaba a la juventud, cuando nada ni nadie pod\u00eda presagiar un horizonte tan sombr\u00edo. Isa\u00edas, el que siempre quedaba a dos votos para ser elegido delegado de la clase, a medio punto del sobresaliente y a 30.000 pesetas de la Yamaha SR 250, promet\u00eda ser un secundario de lujo, la mano derecha indiscutible de cualquier l\u00edder que dispusiera de la pizca del carisma que a \u00e9l le faltaba.<\/p>\n<p>Como cab\u00eda esperar, no alcanz\u00f3 por un escaso margen la direcci\u00f3n regional de la compa\u00f1\u00eda de seguros donde comenz\u00f3 a trabajar. Se la arrebat\u00f3 una chica muy mona, lista como ella sola, simplemente por vender alguna que otra p\u00f3liza de m\u00e1s.<\/p>\n<p>Contrajo matrimonio con Angela, la amiga menos guapa de las dos que hab\u00eda conocido en una noche de fiesta loca. Obviamente hab\u00eda mostrado inter\u00e9s por quien m\u00e1s le hab\u00eda entrado por los ojos, cosas de hombres, pero su mejor amigo termin\u00f3 arrebat\u00e1ndosela sin grandes miramientos ni complicaciones. Aquello le doli\u00f3 especialmente, aunque ya estuviese acostumbrado, sabedor de que de no ser por la mal\u00e9fica influencia de un tercero aquella chica le hubiese correspondido. Para Angela tambi\u00e9n fue doloroso aceptar a Isa\u00edas en \u00faltima instancia, cuando a ella en realidad quien le gustaba era su amigo.<\/p>\n<p>Fruto de ese desamor mutuo, \u00c1ngela e Isa\u00edas fueron padres en dos ocasiones. Primero lleg\u00f3 un var\u00f3n y despu\u00e9s una preciosa ni\u00f1a, para completar la parejita, ambos dotados de un don especial a la hora de discernir entre triunfadores y fracasados. En su caso, y en su casa, lo ten\u00edan relativamente f\u00e1cil como para emitir un dictamen que a la postre se torn\u00f3 despiadado. Su padre no era un triunfador, por poco, pero no lo era, por lo tanto era un fracasado. No hab\u00eda posibilidad para el t\u00e9rmino medio. Su madre era de similar naturaleza, y el matrimonio que formaban ambos dos piezas desencajadas de otros tantos puzzles que no llegaron a serlo.<\/p>\n<p>Hasta que los chicos fueron mayores Isa\u00edas mantuvo aglutinada a duras penas la unidad familiar, pero cuando los dos peque\u00f1os rebeldes vieron la m\u00e1s m\u00ednima posibilidad de independencia se esfumaron como por arte de magia. \u00c1ngela, desenga\u00f1ada de hijos y marido, hizo lo propio poco despu\u00e9s, tambi\u00e9n a la francesa, dejando tras de s\u00ed a un hombre desconcertado, roto tras albergar la ingenua posibilidad de poder reverdecer una relaci\u00f3n imposible tras la marcha de aquellos dos seres abominables.<\/p>\n<p>Para cuando quiso admitir la realidad hab\u00eda atravesado el punto de no retorno. Se encontr\u00f3 solo, expoliado de pr\u00e1cticamente todos sus bienes materiales a excepci\u00f3n de la vivienda. Humillado por las miradas de sus vecinos, de sus compa\u00f1eros de trabajo, de sus escasos amigos. Fue hundi\u00e9ndose en un pozo de alcohol hasta que ya no pudo m\u00e1s. Malvendi\u00f3 el desangelado piso, pidi\u00f3 la renuncia en la compa\u00f1\u00eda de seguros y se march\u00f3. Lejos, bien lejos, a otra ciudad m\u00e1s grande, donde nadie le conociese, ni le pidiese explicaciones sobre las razones por las que hab\u00eda dejado de ser un eterno segund\u00f3n para convertirse en el \u00faltimo de la fila.<\/p>\n<p>Desde entonces Isa\u00edas era m\u00e1s feliz, o al menos eso era lo que percib\u00eda, y para \u00e9l resultaba m\u00e1s que suficiente. Ya hab\u00eda establecido una rutina, la que le conduc\u00eda del albergue a la esquina, de la esquina al albergue y vuelta a empezar. No obstante, evocaba en sus diarias enso\u00f1aciones evasivas a todos aquellos seres ingratos del pasado, pero no lo hac\u00eda por rencor, sino para reafirmarse en la decisi\u00f3n tomada. Cuando terminaba de hacer el recorrido vital la jornada en la esquina quedaba casi doblegada. Entonces, con majestuosidad, como un gran reactor, su esp\u00edritu aterrizaba de nuevo sobre el cuerpo abandonado en la acera de la Gran V\u00eda. Despertaba nuevamente al bullicio, a las prisas de los transe\u00fantes, a las inclemencias meteorol\u00f3gicas, a la vida que hab\u00eda elegido, aquella que era la consecuencia de cuanto hab\u00eda rememorado a lo largo del d\u00eda.<\/p>\n<p>Seguidamente dirig\u00eda la mirada a la vieja lata de galletas danesas, receptora de la voluntad de quienes hab\u00edan considerado a su due\u00f1o en una situaci\u00f3n lo suficientemente menesterosa como para ser merecedor de una d\u00e1diva. La cantidad del recipiente era lo \u00fanico variable jornada tras jornada.<\/p>\n<p>Aquel d\u00eda no hab\u00eda ido tan mal la cosa. No hab\u00eda billetes, ni muchas monedas grandes, pero abundaba inusualmente la calderilla. \u201cGrano no hace granero, pero ayuda al compa\u00f1ero\u201d, pens\u00f3.<\/p>\n<p>Recogi\u00f3 las monedas, las guard\u00f3 en el gab\u00e1n, custodiadas por San Pancracio, y se encamin\u00f3 hacia el albergue. Por el camino se dio cuenta de que no hab\u00eda tocado en todo el d\u00eda el trozo de pan ni el botell\u00edn de agua. No los hab\u00eda necesitado.<\/p>\n<p>Cuando lleg\u00f3, se dirigi\u00f3 de inmediato hacia el peque\u00f1o despacho ocupado por Francisco, el hombre encargado de velar por la estabilidad financiera del centro social. Tras ofrecerle una sonrisa como saludo, Isa\u00edas deposit\u00f3 sobre la mesa de Francisco la recaudaci\u00f3n y \u00e9ste, fiel a una costumbre establecida desde cuando ninguno de los dos era capaz de recordar a estas alturas, convirti\u00f3 en billetes cuantas monedas fueron capaces de asociarse como para aspirar a tal derecho. Entreg\u00f3 a Isa\u00edas los 15 euros y los 22 c\u00e9ntimos restantes, concluyendo la operaci\u00f3n con un nuevo intercambio de sinceras sonrisas entre ambos.<\/p>\n<p>Tras la cena, sin tiempo para digerirla, Isa\u00edas se encerr\u00f3 en el servicio, extrajo de un disimulado doble fondo del macuto una desgastada alforja de piel y aloj\u00f3 en ella los 15 euros, junto a otros 265.000 en billetes de todo tipo. \u201cEl primer mill\u00f3n siempre es el m\u00e1s dif\u00edcil\u201d se dijo antes de abandonar su encierro para acostarse.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A Isa\u00edas le despert\u00f3 el d\u00eda, la tenue luz filtrada a duras penas por unos burdos cortinones. 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