{"id":630,"date":"2011-07-01T12:55:50","date_gmt":"2011-07-01T10:55:50","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/?p=630"},"modified":"2011-07-01T13:19:22","modified_gmt":"2011-07-01T11:19:22","slug":"79-el-escenario-por-rogelio-fuentes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/79-el-escenario-por-rogelio-fuentes\/","title":{"rendered":"79- El escenario. Por Rogelio Fuentes"},"content":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Dicen que la madre muri\u00f3 poco despu\u00e9s del parto; que el m\u00e9dico se hab\u00eda negado a mostrarle la criatura. Discusiones apagadas, idas y venidas por los pasillos tratando de no cruzarse con Mart\u00ednez, la consternaci\u00f3n de las enfermeras, revuelo, algunas breves corridas, puertas vaiv\u00e9n;<!--more-->\u00a0que sobre la camilla, mientras se iba abandonando a la luz insustancial de los focos, su \u00faltimo pensamiento fue para el marido que dejaba con esa carga salida de sus entra\u00f1as, Dios m\u00edo, no, no, no\u2026; que oy\u00f3 decir entre sue\u00f1os: \u201cQu\u00e9dese tranquila: de aqu\u00ed nadie se lleva un monstruo\u201d; que la voz ven\u00eda de una mascarilla verde, inclinada ante sus ojos, compasiva, femenina, hospitalaria. Dicen que Mart\u00ednez, el padre, estaba justo del otro lado de la pared; que permaneci\u00f3 largos minutos sentado en el pasillo, concentrado en la punta de sus zapatos; que luego resurgi\u00f3 con la firme decisi\u00f3n de llev\u00e1rselo a casa; que no le importaba.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Dicen que algunos a\u00f1os despu\u00e9s, al hombre le lleg\u00f3 la noticia de la fabulosa herencia de los suegros.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Lo cierto es que no escatim\u00f3 en gastos. Lo vi llegar a la nueva casa en su cochazo seguido de una cohorte de obreros: alba\u00f1iles, carpinteros, soldadores, peones e incluso jardineros y limpiadores. Los hombres bajaban de las furgonetas con sus herramientas y lo segu\u00edan asombrados alrededor el edificio. De repente, la ma\u00f1ana se hab\u00eda llenado de una fren\u00e9tica actividad. Ataviados con cascos amarillos y guantes de fieltro los vi repartir por el jard\u00edn sacos de cemento, herramientas, maderas de diversas formas y tama\u00f1os, varillas de hierro, piezas de cer\u00e1mica y moldes extra\u00f1os.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Lo o\u00ed dar las primeras \u00f3rdenes con energ\u00eda, como si quisiera vencer cualquier atisbo de incredulidad: elevar los ya altos muros perimetrales, ocultar las ventanas con ladrillos y cemento, emparedar las puertas, excepto una, en la parte trasera. Hab\u00eda que evitar a toda costa el infame comercio de las miradas entre la casa y el barrio. Despu\u00e9s: eliminar los tabiques interiores. Trazar las rampas en el suelo, y otras operaciones que quedaron ocultas a mi vista\u2026<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Los muebles convencionales fueron reemplazados por otros nuevos, cuya construcci\u00f3n se inici\u00f3 en el jard\u00edn, seg\u00fan los planos que el propio Mart\u00ednez iba trazando. Eran largos armazones de madera erizados de metales, con peque\u00f1as y rec\u00f3nditas zonas acolchadas. Cuando estaban a medio construir, los met\u00edan en el interior de esa c\u00e1scara oscura en que hab\u00edan transformado la casa, y ya no pod\u00eda verlos. De adentro sal\u00edan los ruidos de los retoques finales. Los obreros, que al mediod\u00eda almorzaban en el bar, apenas dejaban escapar comentarios parciales. D\u00eda tras d\u00eda la transformaci\u00f3n fue tomando forma ante la mirada at\u00f3nita de los vecinos, y aquella delicada casa en venta se convirti\u00f3 en un insondable caparaz\u00f3n gris.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0A las pocas semanas, cuando la reforma estuvo terminada, hicieron llegar la biblioteca: cajas y cajas de libros cl\u00e1sicos. Lo s\u00e9 porque Mart\u00ednez se present\u00f3 por esos d\u00edas en mi librer\u00eda y me encarg\u00f3 aquel pedido monumental. Las obras m\u00e1s ex\u00f3ticas de ciencia, de filosof\u00eda y de literatura antiguas que acumulaba en el dep\u00f3sito se vendieron en una ma\u00f1ana. S\u00e9 que tambi\u00e9n visit\u00f3 algunas librer\u00edas del centro.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Por \u00faltimo, cuando ya todo estaba preparado y no quedaba ni un solo operario en la casa, trajeron el aparato de cinco ruedas. Ten\u00eda un tama\u00f1o algo mayor de lo que cabr\u00eda esperar. Era una construcci\u00f3n de tubos met\u00e1licos, con partes de lona y una especie de mangos desiguales: una cosa intermedia entre silla de ruedas y camilla de hospital, en donde se desparramar\u00edan las incre\u00edbles desproporciones y asimetr\u00edas del muchacho. Despu\u00e9s, todos abandonaron la casa, pero una vida qued\u00f3 latiendo en su interior.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Ya desde entonces se dec\u00eda que una sola parte de su cuerpo era normal: la mano izquierda y una peque\u00f1a extensi\u00f3n del mismo brazo. M\u00e1s que normal, se trataba de una mano excepcionalmente hermosa y delicada. Tuve ocasi\u00f3n de verla una sola vez.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Ocurri\u00f3 cinco o seis a\u00f1os m\u00e1s tarde, cuando la casa ya hab\u00eda pasado al olvido. Mart\u00ednez me lo pidi\u00f3 como un favor personal. Necesitaba alguien que se encargara de ense\u00f1arle los rudimentos del lat\u00edn.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0En la puerta de la casa me ha recibido una se\u00f1ora mayor, con la que he atravesado el jard\u00edn hasta la entrada posterior del edificio. Desde all\u00ed he debido conducirme solo por un laberinto de pasillos hasta el recinto central. Al avanzar he tenido la sensaci\u00f3n de que giraba y descend\u00eda. He notado que de unos conductos dispuestos a lo largo del techo sal\u00edan peri\u00f3dicas emanaciones de un intenso perfume. No he visto ni una sola planta, ni un solo cuadro, ning\u00fan elemento ornamental. Tampoco hab\u00eda espejos ni ventanas. Al final del recorrido me ha cerrado el paso un tabique de madera. A media altura, un agujero circular de unos diez cent\u00edmetros. Justo delante, una mesa y una silla de madera. Ese ambiente como de extra\u00f1amiento. Me he sentado a esperar. El agujero, en silencio, la sensaci\u00f3n de vac\u00edo. Han pasado unos minutos, despu\u00e9s he o\u00eddo un resoplido h\u00famedo y he visto salir la mano por el agujero: era, en efecto una mano exquisita, pulcramente arreglada y adornada con un anillo. Recuerdo que he pensado en una mano femenina, pero luego he comprendido que la diferencia de sexos no correspond\u00eda en aquel caso an\u00f3malo. He intentado calcular su edad: \u00bfquince?, \u00bfveinte a\u00f1os tal vez?<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Como aquello no ten\u00eda voz, toda la clase ha consistido en un tedioso intercambio de notas a trav\u00e9s del agujero en el tabique. La mano ha entrado y salido con traducciones aceptables de Virgilio acompa\u00f1adas de observaciones y preguntas. Ten\u00eda una letra de insecto, algo temblorosa; algunas palabras eran muy peque\u00f1as, y otras exageradamente grandes, lo que no pod\u00eda deberse a la mano sino a una desproporci\u00f3n visual.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Al finalizar la clase me ha pasado el dinero junto a una nota. Quer\u00eda mostrarme un cuento que hab\u00eda escrito \u201cde su propia imaginaci\u00f3n\u201d. Estaba redactado en castellano y ten\u00eda unas cinco p\u00e1ginas, que me ha pasado a trav\u00e9s del conducto circular.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Basta ver una sola vez la verdad interior \u2014sostiene una idea antigua\u2014 para no olvidarla jam\u00e1s. Esa verdad \u00edntima es siempre espantosa, terrible, a\u00f1ade Schopenhauer. Me sumerg\u00ed en la lectura como en una ci\u00e9naga de escorpiones, y a medida que avanzaba con el texto unas im\u00e1genes espantosas se fueron instalando en mi mente. Hab\u00eda algo definitivo en ellas. Supe que una vez reveladas a mi consciencia, esas im\u00e1genes seguir\u00edan all\u00ed, que no podr\u00eda desprenderme de ellas con facilidad. Yo, que cre\u00eda haber penetrado en el mundo de las sombras al entrar en aquella casa, comprobaba que el mundo de las sombras era el que penetraba en m\u00ed a trav\u00e9s de aquel relato. Y ese mundo ir\u00eda conmigo para siempre, porque eran mis propias sombras.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Nada se describ\u00eda en el cuento de aquel ser horrendo, pero por alg\u00fan motivo yo me lo figuraba con claridad. \u00bfDe d\u00f3nde sal\u00eda entonces? \u00bfCon qu\u00e9 materiales estaba construyendo esa ausencia se\u00f1alada que ahora habitaba mi imaginaci\u00f3n? Tras el oscuro tel\u00f3n de mi mente acab\u00f3 de salir ese monstruo al escenario que aquella mano hab\u00eda trazado, l\u00ednea a l\u00ednea, en el papel. Porque no era m\u00e1s que un escenario lo que all\u00ed estaba escrito.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Dicen que la madre muri\u00f3 poco despu\u00e9s del parto; que el m\u00e9dico se hab\u00eda negado a mostrarle la criatura. 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