{"id":661,"date":"2011-07-02T21:40:05","date_gmt":"2011-07-02T19:40:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/?p=661"},"modified":"2011-07-02T21:40:05","modified_gmt":"2011-07-02T19:40:05","slug":"84-para-elisa-por-sacha","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/84-para-elisa-por-sacha\/","title":{"rendered":"84- Para Elisa. Por Sacha"},"content":{"rendered":"<p>Llevaba m\u00e1s de media hora esperando sin dar muestras de abatimiento. Pensaba en Elisa, en el pr\u00f3ximo correo. Era necesario proceder con tanta cautela. Resultaba tan dif\u00edcil establecer hasta d\u00f3nde se pod\u00eda llegar sin poner en riesgo lo ya conseguido, se requer\u00eda una estrategia tan delicada&#8230;<!--more--><\/p>\n<p>\u00a0\u201cDebe sentirse solicitada, eso s\u00ed; sobre eso no hay cuesti\u00f3n. Escribir\u00e9:<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Aparentes contradicciones de Elisa Muntaner:<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Es calderoniana pero no cree que la vida es sue\u00f1o.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Dice ser m\u00e1s pr\u00e1ctica que yo, pero confiesa no \u201cpracticar\u201d nada<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfEntender\u00e1 Elisa el doble significado del verbo practicar? \u00bfInterpretar\u00e1 adecuadamente las comillas? \u00bfEs esto ir demasiado lejos?\u201d<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El coronel, indeciso, recuerda el d\u00eda en que expres\u00f3 sus quejas con estos versos:<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>\u201c<span style=\"text-decoration: underline;\">A Elisa Muntaner, versos del enojo<\/span><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Si todo fuera fuego<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Si fuera fuego el agua<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Y el aire fuera fuego<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Y fuego la ma\u00f1ana<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Si todo fuera fuego<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Elisa, tu mirada,<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\u00bfSer\u00eda fuego?\u201d\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Y c\u00f3mo ella, franca y leal, hab\u00eda contestado de inmediato: \u201cCoronel, \u00bfUsted bebe? Si es as\u00ed, debemos afrontarlo\u201d.\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0En la panader\u00eda, Elisa Muntaner espera su turno. Como una castellana en su castillo, derechita como un empalado, Elisa Muntaner espera que la despachen. El panadero es un hombre malicioso y risue\u00f1o, divertido. Acodado en el mostrador, conversa con Josep Lluis. \u201c\u00bfNo lo sabe? \u00bfNo sabe cu\u00e1l es la diferencia entre un esposo y un amante? \u00bfNo? Pues: Treinta minutos\u201d. Josep Lluis r\u00ede. Los pelillos de su nariz se juntan con los de su bigote y tiran para arriba del labio superior. Cuando r\u00ede, Josep Lluis ense\u00f1a los dientes de forma desmedida.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0El panadero es tambi\u00e9n un empecinado. \u201c\u00bfY entre una esposa y una amante? \u00bfTampoco? Pues: Treinta kilos\u201d. Ahora brotan l\u00e1grimas de los ojillos de Josep Lluis. Y es un deleite ver este llanto gozoso. Pero nada quiere ver ni o\u00edr Elisa Muntaner. No entiende lo de los minutos y los kilos. \u00ab\u00bfDe qu\u00e9 se r\u00eden estos dos?- piensa-\u00a0 \u00bfHasta cu\u00e1ndo van a tenerme aqu\u00ed esperando?\u00bb<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0As\u00ed como se construyen con piedra las catedrales, las opiniones de Elisa Muntaner se cimientan con hechos. Son opiniones s\u00f3lidas que Elisa Muntaner transmite sin empacho alguno a la posteridad. Por eso dir\u00e1 a partir de entonces, siempre que se presente la ocasi\u00f3n: \u201cEl pan es bueno, pero el panadero es un poco raro\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0El coronel vuelve a la realidad, consulta su reloj. Y de nuevo viene a su memoria la voz que escuch\u00f3 al tel\u00e9fono esa ma\u00f1ana. Tiene la viva impresi\u00f3n de\u00a0 haber estado hablando con un hombre gordo. La imagen de un hombre gordo y blando, amanerado, pero con gusto por las hembras, ha quedado indeleblemente unida a la textura equ\u00edvoca, al tono melifluo, a los numerosos circunloquios y recovecos de aquella voz aflautada, ligeramente infantil. Bebe despacio de su copa de co\u00f1ac y se estira. Durante un momento duda si debe marcharse, olvidar esta cita absurda. Pero \u00bfad\u00f3nde ir?. Adem\u00e1s, a\u00fan puede llegar.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Llueve y las gotas de lluvia (tap, tap, tap\u2026) retumban como una descarga de fusiler\u00eda al estrellarse contra los cristales. Esta reminiscencia b\u00e9lica resulta tan grata al coronel que, de forma inconsciente, recompone su figura y adopta un aire m\u00e1s marcial, una expresi\u00f3n m\u00e1s en\u00e9rgica. El sol, en su ocaso, convierte en dep\u00f3sitos de pus, verdes y rosados, los charcos del pavimento. La ciudad respira por la herida.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Ante la vidriera del caf\u00e9 pasa un paraguas volteado y detr\u00e1s una mujer angustiada lo persigue. Los adoquines, desiguales, brillan como peces, se escurren hacia el sumidero.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Cuando llega Ossip, moviendo las caderas como un eunuco, el coronel, pensativo, observa su forma de dirigirse a la camarera. Al indicarle \u00e9sta su mesa, Ossip agita una mano en aquella direcci\u00f3n, a modo de saludo, pero prosigue la conversaci\u00f3n todav\u00eda unos minutos.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0&#8211;\u00a0 Nos alegran la vida \u00bfverdad? se merecen un poco de nuestro tiempo a cambio \u00bfno cree?- dice al sentarse a modo de disculpa- \u00bfEst\u00e1 bebiendo co\u00f1ac? Yo a\u00fan no puedo&#8230; No s\u00e9, es una hora mala para todo, tome lo que tome me sentar\u00e1 mal&#8230; En fin, del mal el menos, pedir\u00e9 un oporto.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Al tiempo que solicita la bebida, dirige un gui\u00f1o de complicidad a la camarera. Despu\u00e9s, sin m\u00e1s transici\u00f3n, cruza sus manecitas blancas sobre el tablero de la mesa, se inclina con escr\u00fapulo hacia delante y pregunta:<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0&#8211;\u00a0 \u00bfAcepta usted mi propuesta?<\/p>\n<p>El coronel mira la piel p\u00e1lida de Ossip, en la que se empaqueta el cuerpo como en un embutido, los puntitos rojos de sus p\u00f3mulos, sus ojos cansados y acuosos. No sabe qu\u00e9 responder.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0&#8211;\u00a0 Es tan ins\u00f3lita, Ossip, que la tom\u00e9 por una broma. He de serle sincero, no\u00a0 pensaba acudir \u2026<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0&#8211;\u00a0 Pero ha venido -el dedo \u00edndice de Ossip amenaza de forma cari\u00f1osa al coronel- Ha venido. Est\u00e1 aqu\u00ed. Y debe hacerme todo tipo de preguntas antes de aceptar. La transferencia s\u00f3lo se produce cuando por ambas partes se obra de completa buena fe \u00bfentiende? Si no, la transacci\u00f3n es imposible.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0&#8211;\u00a0 \u00bfPor qu\u00e9 puso su anuncio en el chat, Ossip?<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0&#8211;\u00a0 Ah, no se ofenda, amigo m\u00edo, su chat es un varadero. El mejor lugar para un negocio como \u00e9ste.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Cuando Elisa Muntaner tuvo que elegir un nick para conectarse en el chat, escribi\u00f3 sin ninguna duda, casi ofendida, en la ventanita prevista para ello: Elisa Muntaner. Y se apresur\u00f3 a registrarlo. S\u00f3lo inici\u00f3 la actividad una vez cumplidas todas las formalidades. Elisa Muntaner, como Mar\u00eda Clarilla, no oculta nada, nada tiene que ocultar, y hace de esta carencia una virtud. En cuanto al coronel\u2026 la historia es muy distinta. Digamos en su descargo que siempre quiso ser coronel, que siempre actu\u00f3 como si lo fuera, que se rigi\u00f3 siempre por un c\u00f3digo del honor tan estricto como el que obliga a los que visten uniforme militar.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0&#8211;\u00a0 \u2026 Deber\u00e1 guiar la hueste tantas veces como se lo encarguen, coronel. Y de noche. Y a menudo por malos caminos\u2026<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Ossip contin\u00faa su relato. Describe las tareas, enumera las penalidades, no escatima ni uno solo de los inconvenientes; pero el coronel, con ojos so\u00f1adores, s\u00f3lo escucha una y otra vez las mismas palabras: conducir la hueste, ponerse al frente de la mesnada\u2026<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0&#8211;\u00a0 \u2026 No es un trabajo para toda la vida, no se enga\u00f1e. Mire \u00bfve estos ara\u00f1azos? Hace tres noches me lanzaron un gato negro y hube de quit\u00e1rmelo de encima como pude, a manotazos. Son unos salvajes, unos cafres, no tienen respeto alguno. A\u00fan me dura el susto\u2026<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Tiembla Ossip. Su cuerpecito se agita, oscila, pendulea y el coronel experimenta un disgusto indescriptible ante esta muestra de cobard\u00eda: \u201cEste hombre es un pusil\u00e1nime. Por Dios, este hombre no vale nada, no sirve, hay que relevarlo\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Con un gesto de la mano interrumpe las lamentaciones, de forma imperiosa impide que prosigan. Despu\u00e9s, en un tono \u00e1spero y brusco que alarma sobremanera a su interlocutor, declara:\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0&#8211; Las cosas no pueden continuar as\u00ed, Ossip. Debe transferirme el mando. Cumplamos con los tr\u00e1mites que sean necesarios, hagamos las cosas bien. Usted no es apto para el servicio activo, le conviene pasar a la reserva.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Esa noche, el coronel escribe a Elisa Muntaner:<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u201c\u00bfSabes, Elisa, lo que afirma Ovidio acerca de los besos? Est\u00e1 en su <em>Ars Amandi<\/em>,<em> <\/em>al leerlo me acord\u00e9 de ti. Mira, es esto: \u201dquien consigue el beso de una mujer y no consigue todo lo dem\u00e1s, merec\u00eda no haber conseguido lo primero\u201d<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00bfTendr\u00e1 raz\u00f3n el poeta latino? \u00bfNo faltar\u00e1 a la verdad Ovidio? Porque yo he conseguido algunos besos tuyos, Elisa (bien es cierto que cibern\u00e9ticos y nada espont\u00e1neos), y ahora quiero hacerme merecedor a ellos. Quedar\u00eda deshonrado, vida m\u00eda, a tus ojos y a los m\u00edos, a los del mundo entero, si no fuera un digno destinatario de tus muestras de afecto\u2026 \u201c<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0(No miente el coronel. Este hombre aguerrido ha logrado que, de un tiempo a esta parte, Elisa Muntaner incluya en sus despedidas un: \u201cOtro para usted, coronel. Yo tambi\u00e9n le env\u00edo otro\u201d).<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Despu\u00e9s de unos segundos de tensa espera, el coronel relee el texto, corrige m\u00ednimamente la puntuaci\u00f3n, y da por zanjado el asunto. Selecciona en el men\u00fa la opci\u00f3n de \u00abenviar\u00bb con el cursor y pulsa el bot\u00f3n izquierdo del rat\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u201cYa est\u00e1. Me la juego a espadas. Es mi condici\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Cuando lleg\u00f3 al Cruceiro del Condado de Ortegal, la Estadea ya estaba formada.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0&#8211;\u00a0 \u00bfQu\u00e9 pasa con Ossip?- pregunta uno de los encapuchados<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0&#8211;\u00a0 \u00bfS\u00f3lo son ocho? \u00bfNo van a venir m\u00e1s?- pregunta a su vez el coronel.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Nadie responde. El coronel est\u00e1 desconcertado, esperaba una compa\u00f1\u00eda m\u00e1s numerosa. Pero comprende que no puede dejarse ganar por el desaliento. Es necesario templar el \u00e1nimo, debe dirigir unas palabras a los penitentes y, sin m\u00e1s dilaci\u00f3n, acometer la misi\u00f3n que le ha sido encomendada.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0&#8211;\u00a0 Ossip no vendr\u00e1- proclama- Soy su nuevo guiador. Espero de ustedes que mantengan la formaci\u00f3n en todas las circunstancias, que sepan comportarse con valor y entereza, que nunca olviden la disciplina. Por dif\u00edciles que sean las pruebas a las que nos enfrentemos, deben confiar en m\u00ed. Ll\u00e1menme coronel \u2013 a\u00f1ade con indudable precipitaci\u00f3n &#8211; \u00e9se es mi grado.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0&#8211;\u00a0 \u00bfEs por lo del gato?- insiste el encapuchado- Aquello quebrant\u00f3 mucho su \u00e1nimo, pobre Ossip.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0El coronel ignora esta interrupci\u00f3n, comprueba que las dos columnas est\u00e1n bien alineadas, ordena encender las velas, y, poni\u00e9ndose al frente, inicia la\u00a0 marcha. A los pocos pasos, sin embargo, se vuelve y reprende con dureza al primer portacirios.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0&#8211;\u00a0 \u00a1Entre en formaci\u00f3n! \u00a1Y preserve su t\u00fanica, que no gotee la cera, hombre de Dios, la Eternidad no es cosa de dos d\u00edas!<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Elisa Muntaner permanece inm\u00f3vil ante la pantalla encendida del ordenador. Acaba de leer el correo. Parece suspensa, sorprendida, asomada a un vac\u00edo de profundidad insondable. De pronto se lleva las manos a las sienes y, con una voz que ya no es la suya,\u00a0 exclama: \u201c\u00a1Conque era eso! \u00a1Se trataba de eso! \u00a1Este coronel es un diablo!\u201d Por primera vez, Elisa Muntaner ha hablado sola. Y por primera vez, una sospecha, una deliciosa conjetura se abre camino en su mente; un calorcillo, que viene de no sabe d\u00f3nde, vivifica sus entra\u00f1as, pone color en sus mejillas. Como cogida en falta, ruborosa, Elisa Muntaner cierra con fuerza las piernas.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Mientras el coronel deja a un lado los acantilados de Herbeira y conduce a la Santa Compa\u00f1a<a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-admin\/post-new.php#_ftn1\">[1]<\/a> por los caminos inciertos que siguen el r\u00edo Sor, su buena estrella se eleva en el firmamento.<\/p>\n<div>\n<hr size=\"1\" \/>\n<div>\n<address><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-admin\/post-new.php#_ftnref1\">[1]<\/a> La Santa Compa\u00f1a: comitiva de difuntos precedidos por un vivo condenado a salir todas las noches a los caminos, comandando la f\u00fanebre procesi\u00f3n, hasta encontrarse con otro vivo a quien traspasar la condena y as\u00ed quedar libre. De no hacerlo, en un determinado tiempo ir\u00e1 enfermando y palideciendo gradualmente hasta morir. Tambi\u00e9n se la conoce por los nombres de Procesi\u00f3n de las \u00c1nimas, Hoste o Hueste y Estadea.<\/address>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Llevaba m\u00e1s de media hora esperando sin dar muestras de abatimiento. Pensaba en Elisa, en el pr\u00f3ximo correo. Era necesario proceder con tanta cautela. Resultaba tan dif\u00edcil establecer hasta d\u00f3nde se pod\u00eda llegar sin poner en riesgo lo ya conseguido, se requer\u00eda una estrategia tan delicada&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[5],"tags":[],"class_list":["post-661","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relatos"],"amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/661","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=661"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/661\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":666,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/661\/revisions\/666"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=661"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=661"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=661"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}