{"id":667,"date":"2011-07-03T00:00:50","date_gmt":"2011-07-02T22:00:50","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/?p=667"},"modified":"2011-07-02T22:01:04","modified_gmt":"2011-07-02T20:01:04","slug":"85-futuro-imperfecto-por-rocarral","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/85-futuro-imperfecto-por-rocarral\/","title":{"rendered":"85- Futuro&#8230; imperfecto. Por Rocarral"},"content":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Hoy he salido a marcar una suerte de monte. He aprovechado la hora de la siesta, cuando hace demasiado calor para ir con los ni\u00f1os a ninguna parte. Han quedado jugando bajo la sombra de la acacia, en el huerto anejo a la casa, para as\u00ed no molestar al abuelo cuyos r\u00edtmicos ronquidos retumban desde la penumbra de la cuadra. <!--more-->En realidad no deber\u00edamos hablar de cuadra, porque hace ya mucho tiempo que no se guardan animales en la casa, y los pesebres, cortes, aperos y dem\u00e1s, fueron quitados de en medio, dejando un espacio di\u00e1fano. Claro que, ya puestos, tampoco deber\u00edamos llamar huerto al huerto, ni corral al corral, ni palomar al palomar, porque ni lo uno est\u00e1 cultivado, ni se ven gallinas picoteando, ni se oyen palomas en su mon\u00f3tono zureo. Pero la costumbre\u2026 El caso es, que el abuelo prefiere ir a la cuadra a echarse en una tumbona despu\u00e9s de comer porque, al haberse conservado all\u00ed el suelo de tierra original, es sin duda el lugar m\u00e1s fresco de la casa en este calor\u00edn de finales de Julio.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0En la plaza, sentados bajo el olmo, unos viejos me observan seg\u00fan me acerco al coche. Para ser exactos, creo que al olmo que queda en pie lo llaman olma, por alguna raz\u00f3n que ellos sabr\u00e1n. Hace a\u00f1os eran dos los olmos pero uno de ellos, el m\u00e1s grande, de cuyas ra\u00edces dec\u00edan que eran tan largas que pasaban por debajo de la iglesia y sal\u00edan en el peque\u00f1o camposanto que hab\u00eda detr\u00e1s, se sec\u00f3 como consecuencia de la enfermedad aquella, la grafiosis. Por m\u00e1s que los t\u00e9cnicos de la diputaci\u00f3n le inyectaron fungicidas en los vasos ascendentes, no consiguieron salvarlo. Pero volviendo a los viejos: despu\u00e9s de haberme visto por aqu\u00ed bastantes veranos, ya me tienen calado y s\u00e9 que comentan entre ellos <em>que no parezco madrile\u00f1o, que no paro de ir d&#8217;ac\u00e1 p&#8217;all\u00e1, que no se me ve por el bar, que hasta se dir\u00eda que me gusta el campo&#8230;<\/em><\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Oigo pelotear en el front\u00f3n, al otro lado de la plaza, pero no es el duro chasquido de la pelota a mano, sino el sordo y blando rebote de una bola de tenis. No s\u00e9 si el abuelo \u2500mi suegro\u2500 jugar\u00eda bien o mal cuando joven porque solamente le he conocido ya mayor pero, una vez que le traje una pelota \u00abde las de verdad\u201d\u00a0 y le incit\u00e9 a que la probara, pude ver que a\u00fan ten\u00eda buen estilo al tomar carrerilla, as\u00ed de medio lado, bot\u00e1ndola y dej\u00e1ndola correr para hacer el saque. Y cuando \u00e9l y yo echamos un punto (no ten\u00eda fuelle ya el hombre para m\u00e1s) en seguida pas\u00f3 a usar la zurda, con toda la picard\u00eda del mundo, para hacerme correr como un loco hacia la pared, mientras \u00e9l se re\u00eda a lo zorro por lo bajinis.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Dejo el pueblo atr\u00e1s, y ruedo despacio, por el camino carretero que hace de distribuidor para acceder a las tierras que entraron en la concentraci\u00f3n. En la primera bifurcaci\u00f3n me desv\u00edo a la derecha por un camino m\u00e1s estrecho, por el que solo transitan los tractores y remolques cuando los agricultores van a faenar en las tierras de cereales. A estas alturas el coche le tiene cogida la medida al camino, y las ruedas van encarriladas en las profundas rodadas a uno y otro lado, mientras el c\u00e1rter recibe el cepillado de los cardos y dem\u00e1s matojos que crecen en el medio. Voy atento, porque tengo miedo de dejarme el coche en alguna piedra que sobresalga demasiado. Al acabarse las tierras de labor se acaba tambi\u00e9n el camino, y aparco entre los primeros enebros, medio a la sombra. La nube de polvo que he ido levantando tras de m\u00ed, alcanza\u2026 y adelanta al coche ya parado. Mi suegro dice que soy el \u00fanico veraneante que tiene el coche sucio de este polvo de los caminos y \u2500se queja\u2500 <em>ni dejo que lo lave \u00e9l, ni se me ve intenci\u00f3n alguna de ponerme a lavarlo en el pil\u00f3n de la plaza, como hacen todos<\/em>.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Bien mirado, aqu\u00ed no se acababa el camino ya que, al otro lado de unos rastrojos, se aprecia que este continuaba, cuesta arriba, en direcci\u00f3n al monte. Cruzo, ya a pie, los rastrojos al trav\u00e9s y retomo este camino por el que hoy d\u00eda se ve que ya no pasa nadie, ni animal ni persona; de hecho se difumina al haber sido ya colonizado totalmente por las matas de tomillo, cuyo olor salsero me trae el sabor de esas chuletillas asadas sobre brasas de sarmientos, junto a las bodegas, al atardecer&#8230;<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Las chicharras van interrumpiendo a mi paso su chirriar estridente, en inocente disimulo, para reanudarlo unos segundos m\u00e1s tarde a mis espaldas. Al llegar a un repecho, un lanch\u00f3n en medio del camino me sirve como se\u00f1al de confirmaci\u00f3n.<\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u2500 Aqu\u00ed, en esta piedra, se esbaraban las mulas cuando baj\u00e1bamos del monte con los carros cargados hasta arriba <\/em>\u00a0\u2500me contaba un t\u00edo de mi mujer, al ense\u00f1arme la ubicaci\u00f3n de las suertes de nuestra familia, hace ya varios a\u00f1os.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Recordando, recordando&#8230; he llegado hasta un peque\u00f1o hocino de los que abundan en este terreno calizo. No se ven abantos planeando en c\u00edrculos, como suelen, pero s\u00ed se aprecian sus excrementos blancuzcos pared abajo de los oteaderos. Voy dejando el hocino a mi izquierda, y contin\u00fao por un paraje totalmente cubierto de esos matorrales espinosos, que aqu\u00ed llaman aliagas. Antes de que llegara el butano a los pueblos, estas aliagas eran utilizadas para arrancar la lumbre en las cocinas bajas, dada su gran facilidad de combusti\u00f3n. De este modo, gracias a quienes arrancaban estos y otros matorrales para sus necesidades dom\u00e9sticas, el monte se manten\u00eda siempre limpio y no hab\u00eda riesgo de que un incendio, provocado por alg\u00fan rayo, se propagase de un \u00e1rbol a otro.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Me detengo en un claro donde sol\u00eda manar una fuente, pero ahora tan solo se aprecia algo de humedad en el suelo, que aqu\u00ed est\u00e1 verde y fresco. Mi fisgoneo ha alborotado a unas abejas, que zumban desordenadamente a mi alrededor. Desde aqu\u00ed voy contando los pasos, para saber cu\u00e1ndo debo toparme con un enebro que tiene tres escaras en el tronco, uno de los que conforman el per\u00edmetro de la suerte y que me sirve de punto de inicio. A partir de ese \u00e1rbol he de seguir dicho per\u00edmetro, renovando el escariado que, con el paso del tiempo, se ha ido haciendo menos evidente.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Para ello he de seguir los mojones, peque\u00f1os amontonamientos de piedras cada pocos metros, a menudo ocultos por los matorrales que nadie se preocupa ya en arrancar. Voy y vengo, asegur\u00e1ndome de no invadir suertes ajenas; clavo el bast\u00f3n en un moj\u00f3n, avanzo hasta encontrar el siguiente, miro atr\u00e1s buscando d\u00f3nde dej\u00e9 el bast\u00f3n, que sobresale por entre la maleza, para ver si sigo en l\u00ednea o me he desviado, recojo el bast\u00f3n&#8230; y vuelta a empezar.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Con el hacha voy marcando nuevamente la cara externa de los enebros, la que da a las otras suertes que rodean esta nuestra. Apenas saltan las primeras astillas, el enebro, que es \u00e1rbol noble, inunda el aire con esa fragancia caracter\u00edstica que acompa\u00f1a a su madera, incluso a\u00f1os despu\u00e9s de ser talado. Hay algunas de esas marcas, o escaras, que deben ser muy antiguas, porque est\u00e1n ahora a mayor altura de la que podr\u00eda alcanzar uno de estos viejos sorianos, de corta estatura, descendientes de aquellos osados ar\u00e9vacos que sacaban pecho ante las legiones romanas. Estas viejas escaras apenas se pueden distinguir porque, con los a\u00f1os, se ve que los \u00e1rboles han crecido y engrosado, de modo que las sucesivas capas de corteza han ido encarnando alrededor del escariado original, ocult\u00e1ndolo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0A veces he de apartar las ramas bajeras, que crecen casi desde la cepa, para poder examinar el tronco. Dichas ramas bajeras se utilizaban antiguamente para techar los corrales, o para bardar la parte superior de los tapiales de adobe y protegerlos as\u00ed de la erosi\u00f3n que, de otro modo, ocasionar\u00eda la lluvia. Hoy d\u00eda, las placas onduladas han hecho que se haya olvidado la forma de urdir una techumbre de ramas. Los corrales, que antes pasaban desapercibidos en el paisaje, ahora destacan como algo ajeno. Sol\u00edan ser cuadrados \u2500a\u00fan encuentro alguno ya arrumbado\u2500, con paredes de adobe o piedras superpuestas sin argamasa, y ten\u00edan un techado corrido en derredor, que dejaba un\u00a0 claro en el centro a modo de lucerna.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Con todo, son las ovejas las que m\u00e1s han salido perdiendo, pues han pasado de la umbr\u00eda y frescor que proporcionaban el adobe y la urdimbre vegetal, al horno de esos nuevos corrales con muros de bloques de hormig\u00f3n y tejados de uralita.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0La suerte no es muy grande \u2500ninguna lo es\u2500 y pronto la he rodeado y me encuentro de nuevo con el punto de partida. Me siento al pie de una encina \u2500hay unas pocas salteadas entre los enebros\u2500, recost\u00e1ndome en su tronco, junto a unas marcas en el suelo que parecen hocicadas de alg\u00fan jabal\u00ed, porque la encina es \u00e1rbol m\u00e1s amable para arrumacos que las espinosas cupres\u00e1ceas. De la mochililla saco una cantimplora, y echo un trago mientras pienso en lo absurdo de estos recorridos que hago, y si no estar\u00eda yo mucho mejor ahora en otra tumbona, al lado de mi suegro, roncando los dos en est\u00e9reo en la penumbra de la cuadra. De todas las otras suertes con las que linda esta, solamente he visto una que tenga sus escaras renovadas hace no muchos a\u00f1os: la de un amigo de mi suegro que fue quinto con \u00e9l y, m\u00e1s tarde, compa\u00f1ero durante la guerra.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u2500 <em>Total: \u00bfpa qu\u00e9 seguir marcando las suertes?<\/em> \u2500dir\u00eda uno de los viejos del olmo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u2500<em> \u00a1Anda! pues pa n\u00e1 <\/em>\u2500terciar\u00eda otro\u2500<em>. Si acaso las que est\u00e9n lindando a un camino&#8230; \u00a0<\/em><\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a1Pobres \u00e1rboles! aquellos que est\u00e9n m\u00e1s accesibles. Pero no dejar\u00edan de tener raz\u00f3n los viejos en que parece in\u00fatil seguir renovando las escaras. Quiz\u00e1 yo haga esto por un romanticismo est\u00e9ril, en tributo a nuestros mayores; sencillamente porque, en un tiempo, estas suertes significaban mucho para cada familia. Eran la \u00fanica manera de seguir siendo autosuficientes cuando se necesitaban vigas para ampliar una casa, o reparar una cerrada, o levantar un palomar; o cuando se precisaba le\u00f1a para combatir el largo y fr\u00edo invierno soriano.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Los nuevos materiales de construcci\u00f3n, el butano, el gas\u00f3leo de calefacci\u00f3n y, en definitiva, la prosperidad que nos deslumbr\u00f3 sin que nos di\u00e9ramos cuenta, relegaron los montes a la soledad. La ubicaci\u00f3n de las suertes que tocaron a cada familia, en las compraventas comunales que se hicieron hace cien o m\u00e1s a\u00f1os, solamente es conocida hoy d\u00eda por los viejos pero, al desaparecer estos \u2500inevitablemente a no mucho tardar\u2500, se olvidar\u00e1 el concepto de aprovechamiento de las suertes, y el monte probablemente acabar\u00e1 siendo esquilmado por los ayuntamientos o los desaprensivos; quien antes llegue.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Absorto otra vez en estas divagaciones, casi he desandado el camino de ida y ya distingo el coche bajo los \u00e1rboles, donde lo dej\u00e9. Conduzco tranquilamente de vuelta al pueblo y veo que aun est\u00e1n los mismos viejos en el olmo \u2500perd\u00f3n: olma\u2500 y los mismos j\u00f3venes en el front\u00f3n. Antes de entrar en la casa, miro por encima de la tapia del huerto y compruebo que los ni\u00f1os siguen jugando tranquilamente, bajo la sombra de la acacia. Abro la puerta \u2500de las dos mitades, solo cerramos la de abajo durante el d\u00eda\u2500 y, nada m\u00e1s entrar al portal ya oigo que, de la cuadra, siguen llegando ronquidos aunque suenan menos convincentes, ahora que la siesta ya se est\u00e1 acabando. Cuando se me adaptan las pupilas, tras cambiar del resol de la calle a la semioscuridad interior, reparo en que, sentada en su sillita baja de costura al hilo de luz que la cortina deja pasar, la abuela repasa, por en\u00e9sima vez, unos calcetines del abuelo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Hoy he salido a marcar una suerte de monte. He aprovechado la hora de la siesta, cuando hace demasiado calor para ir con los ni\u00f1os a ninguna parte. 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