{"id":672,"date":"2011-07-03T00:05:44","date_gmt":"2011-07-02T22:05:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/?p=672"},"modified":"2011-07-02T22:09:39","modified_gmt":"2011-07-02T20:09:39","slug":"86-suenos-antes-prohibidos-por-sigtrygg-barba-de-seda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/86-suenos-antes-prohibidos-por-sigtrygg-barba-de-seda\/","title":{"rendered":"86- Sue\u00f1os antes prohibidos. Por Sigtrygg Barba de Seda"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\">1<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Al final del camino, un hombre de aspecto tranquilo pero cansado se detuvo. S\u00f3lo un momento. Dej\u00f3 caer en el suelo la maleta que le acompa\u00f1aba, muy pesada a tenor del polvo levantado al golpear el suelo. Agarr\u00f3 con tibieza la punta sobresaliente de su pa\u00f1uelo de bolsillo y se sec\u00f3 el sudor de la frente. Lo volvi\u00f3 a guardar, esta vez sin preocuparse por la rectitud de las dobleces, y reanud\u00f3 su marcha procesional, gir\u00e1ndose y mirando un instante atr\u00e1s, al moribundo que dejaba.<!--more--><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Al principio del camino, sobre el \u00fanico rellano de la escalinata de la entrada, bajo un paraguas que presagiaba un doliente per\u00edodo de duelo, la se\u00f1ora agitaba una servilleta de tela despidiendo al \u00fanico hombre que pod\u00eda haber salvado a su marido. Cuando el hombre de aspecto tranquilo hubo desaparecido tras la primera ondulaci\u00f3n del horizonte, \u00e9sta dej\u00f3 de mover el brazo y, sec\u00e1ndose las mejillas anegadas, entr\u00f3 en la casa arrastrando los pies, alargando el momento de encontrarse por \u00faltima vez con su hombre.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfMar\u00eda? \u00bfD\u00f3nde est\u00e1s? \u2013 oy\u00f3 gritar desde la habitaci\u00f3n del fondo del pasillo, la \u00fanica que estaba abierta.<\/p>\n<p>&#8211; Ya voy, ya \u2013 respondi\u00f3 \u00c1ngela, pensando en las muchas veces que hab\u00eda escuchado eso en los \u00faltimos a\u00f1os, y lo poco que lo hab\u00eda escuchado en las \u00faltimas semanas \u2013 Ya me tienes aqu\u00ed.<\/p>\n<p>&#8211; Mar\u00eda, \u00bfqu\u00e9 hac\u00edas?<\/p>\n<p>&#8211; Despidiendo a Don Jorge. \u00bfNo te acuerdas?<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Ah! \u00bfY?<\/p>\n<p>&#8211; Nada \u2013 dijo sombr\u00eda y seguidamente dio un respingo para acabar con las \u00faltimas l\u00e1grimas. Pens\u00f3 que con la penumbra en la que estaba sumida la habitaci\u00f3n \u00e9l no se dar\u00eda cuenta de que hab\u00eda estado llorando.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfPor qu\u00e9 has estado llorando Mar\u00eda? \u2013 a \u00c1ngela no le sorprendi\u00f3 que le descubrieran.<\/p>\n<p>&#8211; No he estado llorando \u2013 minti\u00f3.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfAh, no? \u00bfEntonces esa servilleta empapada arrugada en tu pu\u00f1o qu\u00e9 significa?<\/p>\n<p>&#8211; Est\u00e1 cayendo un aguacero \u2013 volvi\u00f3 a mentir al mismo tiempo que se guardaba en el bolsillo la servilleta -. Me he secado la cara al entrar, tras despedir a don Jorge \u2013 estaba rodeando la cama, en direcci\u00f3n a la ventana. Quer\u00eda asegurarse de que la cortina no le jugar\u00eda una mala pasada.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfPor qu\u00e9 no has usado el paraguas? \u2013 le dijo se\u00f1alando la improvisada sombrilla que \u00c1ngela todav\u00eda sosten\u00eda, sin darse cuenta, en su mano izquierda.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Ella no le contest\u00f3. No hizo falta. Se toc\u00f3 el l\u00f3bulo de la oreja como si acabara de darse cuenta de que hab\u00eda perdido un pendiente. Con eso le bast\u00f3, ambos ten\u00edan un acuerdo t\u00e1cito.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Los dos permanecieron callados durante bastante tiempo. La se\u00f1ora \u00c1ngela hab\u00eda dejado la sombrilla en el parag\u00fcero y se hab\u00eda sentado en su sill\u00f3n, a los pies de la cama, y hab\u00eda agarrado el libro que llevaba leyendo desde que la cosa empeor\u00f3. Pero no le\u00eda, no pod\u00eda por la poca luz, pero no quiso decirle nada a su marido; se encontraba m\u00e1s c\u00f3modo as\u00ed. De modo que disimulaba leer y aun as\u00ed el tiempo pasaba m\u00e1s deprisa de lo que desear\u00eda.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfQu\u00e9 haces ahora, Mar\u00eda? \u2013 \u00c1ngela se acababa de levantar arrastrando el sill\u00f3n, despert\u00e1ndole. Se asomaba, agachada, por una rendija de la persiana, detr\u00e1s de la cortina ra\u00edda.<\/p>\n<p>&#8211; Nada. Miro c\u00f3mo cambia la luz. Ha dejado de llover \u2013 volvi\u00f3 a mentir. Unas nubes negras comenzaban a motear los cristales.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 No quer\u00eda mirarle a los ojos. No pod\u00eda. No quer\u00eda. No, no pod\u00eda. Le quer\u00eda demasiado, tanto que prefer\u00eda no volver a verlo m\u00e1s antes que verlo morir. Pero tambi\u00e9n era una cobarde y nunca se atrever\u00eda a salir corriendo de all\u00ed. Pens\u00f3 que todav\u00eda podr\u00eda alcanzar a don Jorge, as\u00ed no tendr\u00eda por qu\u00e9 pasar sola los primeros instantes de viudedad. Esa idea rondaba su mente de manera m\u00e1s imprecisa que las torres de cristales brillantes que ve\u00eda desde su escondite, detr\u00e1s de la cortina ra\u00edda. Absorta, no se hab\u00eda dado cuenta que le estaban preguntando algo.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfMar\u00eda\u2026 cu\u00e1nto tiempo\u2026 ha dicho\u2026? &#8211; las palabras de su marido fueron interrumpidas por uno de sus ya frecuentes ataques de tos.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00c1ngela al fin se decidi\u00f3 y sali\u00f3 corriendo, no a su auxilio, no a despedirse definitivamente, sino al pasillo, hacia la habitaci\u00f3n m\u00e1s alejada. All\u00ed, acurrucada tras la puerta abierta, lloraba desconsolada y silenciosamente sobre la servilleta arrugada que hab\u00eda sacado del bolsillo, esperando que aquella algarab\u00eda de muerte dejase de atormentarlos. A ambos. Pero ella se durmi\u00f3 antes de poder comprobar si todo iba a terminar esa tarde de inicios de primavera.<\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/strong>2<\/p>\n<p>&#8211; \u00bf\u00c1ngela? \u00bfD\u00f3nde est\u00e1s? \u2013 oy\u00f3 gritar desde la habitaci\u00f3n del fondo del pasillo, la \u00fanica que estaba abierta.<\/p>\n<p>&#8211; Ya voy, ya \u2013 respondi\u00f3 Mar\u00eda, pensando en las pocas veces que hab\u00eda escuchado eso en los \u00faltimos a\u00f1os, y lo mucho que lo hab\u00eda hecho en las \u00faltimas semanas \u2013 Ya me tienes aqu\u00ed.<\/p>\n<p>&#8211; \u00c1ngela, \u00bfqu\u00e9 hac\u00edas?<\/p>\n<p>&#8211; Despidiendo a Don Jorge. \u00bfNo te acuerdas?<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Ah! \u00bfY?<\/p>\n<p>&#8211; Nada \u2013 dijo sombr\u00eda y seguidamente dio un respingo para acabar con las \u00faltimas l\u00e1grimas. Pens\u00f3 que con la penumbra en la que estaba sumida la habitaci\u00f3n \u00e9l no se dar\u00eda cuenta de que hab\u00eda estado llorando.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfPor qu\u00e9 has estado llorando \u00c1ngela? \u2013 a Mar\u00eda no le sorprendi\u00f3 que le descubrieran.<\/p>\n<p>&#8211; No he estado llorando \u2013 minti\u00f3.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfAh, no? \u00bfEntonces esa servilleta empapada arrugada en tu pu\u00f1o qu\u00e9 significa?<\/p>\n<p>&#8211; Est\u00e1 cayendo un aguacero \u2013 dijo mientras se guardaba en el bolsillo la servilleta -. Me he secado la cara al entrar, tras despedir a don Jorge \u2013 estaba rodeando la cama, en direcci\u00f3n a la ventana. Subi\u00f3 la persiana, quer\u00eda asegurarse de que su marido ve\u00eda que dec\u00eda la verdad. Volvi\u00f3 a bajarla sin cuidado alguno, dejando que se escuchase un ruido seco y desagradable.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfPor qu\u00e9 no has usado el paraguas? \u2013 le dijo se\u00f1alando el lugar donde deb\u00eda encontrarse el parag\u00fcero, justo al lado de la puerta abierta del armario.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Ella no le contest\u00f3. No quer\u00eda seguir minti\u00e9ndole, ni tampoco decirle la verdad. No estaba dispuesta a volver a caer tan bajo ante el ser que tanto le hab\u00eda hecho sufrir confesando que hab\u00eda estado llorando detr\u00e1s de la puerta de la habitaci\u00f3n m\u00e1s alejada, acurrucada. A\u00fan le quedaba un poco de orgullo y no quer\u00eda entreg\u00e1rselo a aquel engendro. No quer\u00eda. No pod\u00eda. No, no quer\u00eda volver a o\u00edr a su marido regocijarse ante su desgracia. \u00a1No!<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Los dos permanecieron callados durante poco tiempo. La se\u00f1ora Mar\u00eda se sent\u00f3 en la banqueta pegada a la mesita de noche de su marido, dispuesta a obedecer a cualquiera de los mandamientos del moribundo. No se atrevi\u00f3 a coger el libro de encima de su mesita, que hab\u00eda dejado a la mitad desde que la cosa empeor\u00f3. As\u00ed que no le\u00eda, solo miraba fijamente aquellos ojos negros de hiena que oscurec\u00edan a marchas forzadas toda la estancia.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Al rato, no sabr\u00eda precisar cu\u00e1nto, los p\u00e1rpados encerraron tras de s\u00ed esos negros azabache. Sigilosamente se levant\u00f3 de la banqueta y se dirigi\u00f3 a su lado de la cama. Cogi\u00f3 el libro, fue hacia la ventana, y a trav\u00e9s de una peque\u00f1a rendija por la que entraba una t\u00edmida luz, comenz\u00f3 a leer, en su escondite de detr\u00e1s de la cortina ra\u00edda.. Pero poco dur\u00f3 esa evasi\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfQu\u00e9 haces ahora, \u00c1ngela? &#8211; la hiena es un animal carro\u00f1ero, nocturno por antonomasia, que huele a cualquier presa que se moviese aun en tinieblas.<\/p>\n<p>&#8211; Nada. Miro c\u00f3mo cambia la luz. Ha dejado de llover, el sol brilla en todo su esplendor. Hace un d\u00eda estupendo, \u00bfno crees?- dijo apretando la cortina hasta que sus manos comenzaron a sangrar de rabia.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 De repente, Mar\u00eda descorri\u00f3 furiosa la cortina ra\u00edda y a su marido le sobrevino un ataque de tos. La inesperada luminosidad del primer sol primaveral dio de lleno en aquellos ojos negros que, dilatados en extremo, tuvieron que encogerse para poder lagrimear. Volvi\u00f3 lentamente sobre sus pasos, a aliviar el dolor de su horror. Se acerc\u00f3 a su marido y con un movimiento fugaz, sacando fuerzas de flaqueza, le arrebat\u00f3 la almohada. Mirando por \u00faltima vez esos ojos del averno y con una sonrisa dibujada en su rostro, como etrusca, le susurr\u00f3 unas palabras que \u00e9ste no olvidar\u00eda por el resto de la eternidad que pronto se cernir\u00eda sobre \u00e9l: \u201cTus labios se mueven, pero no puedo escuchar lo que dices\u201d. Tosiendo y balbuceando palabras sin sentido el uno, la otra coloc\u00f3 cuidadosamente la almohada sobre la cara congestionada. Y aceler\u00f3 el fin de esa vieja vida.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Comenzaba entonces una nueva vida.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La se\u00f1ora \u00c1ngela Mar\u00eda miraba desde la habitaci\u00f3n profusamente iluminada la calle anegada en charcos. Desde all\u00ed escuchaba a su marido arder en el infierno y ya se imaginaba\u00a0 colmada de todos y cada uno de sus sue\u00f1os antes prohibidos. La \u00fanica pega que pod\u00eda poner de su nuevo primer minuto de vida era la de cumplir su deber de viuda y guardar las apariencias. Sac\u00f3 del bolsillo del pantal\u00f3n la servilleta de tela empapada en sudor y l\u00e1grimas y sali\u00f3 de la habitaci\u00f3n arrastrando los pies, alargando el momento de encontrarse de nuevo con el cuerpo de su hombre. Cruz\u00f3 el umbral de la puerta principal, baj\u00f3 los tres escalones hasta el rellano de la escalinata, y comenz\u00f3 a agitar el brazo en el aire, con la servilleta ondulando y destellando.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En ese momento, en el cruce con la carretera, al final del camino, un hombre de aspecto en\u00e9rgico y nervioso por naturaleza se deten\u00eda, dejaba cuidadosamente sobre el asfalto una liviana maleta y se secaba el sudor de la frente con un pa\u00f1uelo. Mientras lo doblaba de nuevo perfectamente y lo met\u00eda en el bolsillo de la chaqueta, vio a una se\u00f1ora pedir auxilio. Decidi\u00f3 acercarse a ver qu\u00e9 suced\u00eda.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Al final del camino, un hombre de aspecto tranquilo pero cansado se detuvo. S\u00f3lo un momento. Dej\u00f3 caer en el suelo la maleta que le acompa\u00f1aba, muy pesada a tenor del polvo levantado al golpear el suelo. 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