{"id":687,"date":"2011-07-04T14:37:07","date_gmt":"2011-07-04T12:37:07","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/?p=687"},"modified":"2011-07-04T14:37:07","modified_gmt":"2011-07-04T12:37:07","slug":"89-el-palmipedo-por-jara-maga","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/89-el-palmipedo-por-jara-maga\/","title":{"rendered":"89- El Palm\u00edpedo. Por Jara Maga"},"content":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Llevaba semanas con la pregunta rond\u00e1ndole la cabeza -casi desde que empez\u00f3 a trabajar como recepcionista en el Museo-, pero nunca reun\u00eda el valor necesario para formularla. Ese mi\u00e9rcoles, sin embargo, Idoia se hab\u00eda jurado a s\u00ed misma que de hoy no pasaba. S\u00ed, aprovechar\u00eda cuando el viejo, al terminar su visita, le entregara el acostumbrado ramillete de flores amarillas.<!--more--><\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Previ\u00f3 el jarr\u00f3n de antemano \u2013una pieza de poco inter\u00e9s abandonada entre teselas descoloridas\u00a0 y cobrizos restos de terracota- y, mientras lo colocaba en lo alto del mostrador, junto a los cat\u00e1logos de la exposici\u00f3n, le solt\u00f3 como quien no quiere la cosa:<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0-Perdone\u2026, \u00e9se cuadro\u2026 \u00bffue usted quien lo don\u00f3 al Museo, verdad?<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0El hombre la mir\u00f3 sorprendido, sin disimular la tristeza que impregnaba su alma.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0-S\u00ed. -contest\u00f3 escuetamente- Necesitaba desprenderme de \u00e9l.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0-Sin embargo\u2026debe tenerle mucho cari\u00f1o\u2026Perdone si le parezco curiosa\u2026o entrometida\u2026, pero le he observado cuando se sienta frente a \u00e9l y lo contempla detenidamente,\u00a0 cuando crey\u00e9ndose a solas le susurra entre sollozos, cuando\u2026<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0-Es usted muy observadora \u2013ataj\u00f3, visiblemente molesto- \u00a1Deber\u00eda dedicarse a la pintura!<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0-Disc\u00falpeme. No pretend\u00eda importunarle, pero es que cuando le veo as\u00ed\u2026-dud\u00f3 un segundo, pero enseguida se recompuso. Ahora que por fin se hab\u00eda decidido no era cuesti\u00f3n de achantarse- me pregunto qu\u00e9 poderoso motivo pudo llevarle a renunciar a un objeto tan querido.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0-Ya se lo dije. Necesitaba desprenderme de \u00e9l.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Ley\u00f3 en sus ojos que la respuesta no le hab\u00eda convencido -tambi\u00e9n sab\u00eda ser observador-, pero no le import\u00f3, y dej\u00f3 a aquella mujer menuda, de mirada gris perla e incipientes patas de gallo \u2013debe de tener cuarenta y tantos, calcul\u00f3- con la palabra en la boca y la incertidumbre en el pecho.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Con la indulgencia que otorgan los a\u00f1os, encamin\u00f3 sus pasos hacia la puerta giratoria, y, resignado, se dispuso a escuchar el pitido del detector de metales delatando su pr\u00f3tesis de cadera. \u201c\u00a1Mierda, esto es insufrible!\u201d se le oy\u00f3 mascullar entre juramentos mientras atravesaba el vidriado escudo. Despu\u00e9s sali\u00f3 a la calle -igual de ruidosa, igual de insufrible- que le devolv\u00eda a su rutina. Tras recorrer varios metros se detuvo inesperadamente, gir\u00f3 ciento ochenta grados y deshizo, con inusual agilidad, el camino andado. Al colarse por la puerta de salida la alarma enloqueci\u00f3 de nuevo, y el guarda de seguridad lo mir\u00f3 desconcertado. Idoia, desde el mostrador, esperanzada.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0-\u00bfEstar\u00e1 usted aqu\u00ed el pr\u00f3ximo mi\u00e9rcoles?- le pregunt\u00f3 a bocajarro.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0-S\u00ed, por supuesto.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0-Si me promete desactivar este chisme cuando salga\u2026se lo cuento.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0-\u00a1De acuerdo!- Idoia asinti\u00f3 alargando la mano para sellar el trato, pero \u00e9l no le ofreci\u00f3 la suya; se limit\u00f3 a dar la vuelta y a salir a la calle, acompa\u00f1ado \u00a1c\u00f3mo no! por la impertinente alarma.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Puntual a su cita, regres\u00f3 una semana m\u00e1s tarde. Bastante contrariado por no encontrar tras el mostrador a su fiel observadora, hizo caso omiso de la recomendaci\u00f3n del nuevo conserje: \u201cDeje aqu\u00ed las flores, por favor, no se puede entrar a la exposici\u00f3n con ellas\u201d, y tras negarse a mostrarle el carnet \u201cella nunca me lo pide\u201d, argument\u00f3, entr\u00f3 al Museo. Atraves\u00f3 varias salas hasta llegar a la que albergaba su cuadro; para \u00e9l, a pesar de todo, segu\u00eda siendo su cuadro, pero s\u00f3lo se detuvo en el umbral de la \u00faltima.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Le sorprendi\u00f3 encontrarla all\u00ed. Le sorprendi\u00f3 y le gust\u00f3. En todo ese tiempo, era la primera vez que descubr\u00eda a alguien sentado en aquel banco, \u201csu banco\u201d. Sorpresa y agrado se vieron empa\u00f1ados, sin embargo, por un fugaz pensamiento contradictorio que, consciente o inconscientemente, se le cruz\u00f3 en la cabeza, y es que, aunque por un lado le agradaba verla all\u00ed, por otro no pod\u00eda evitar cierto desasosiego, cierta zozobra. Era como si le estuvieran robando algo. Peor a\u00fan, como si le hubieran descubierto.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0-Le estaba esperando \u2013dijo Idoia a modo de saludo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0-Adem\u00e1s de observadora, es usted muy obstinada- respondi\u00f3 el viejo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0-S\u00ed, lo soy.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Se apart\u00f3 hacia un lado para hacerle sitio. Durante un par de minutos permanecieron juntos, quietos, mudos.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0-Es extra\u00f1o observarlo junto a otra persona\u2026 que no sea ella.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0-\u00bfElla?<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0-S\u00ed\u2026la mujer del cuadro\u2026 mi madre.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Las palabras sal\u00edan entrecortadas. Se palpaba el dolor atragantado, a\u00fan sin digerir, como una bola de pelo en el est\u00f3mago incapaz de ser atacada por los jugos g\u00e1stricos. Y se palpaba, adem\u00e1s, la necesidad de vomitarla.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0-Hab\u00eda un banco\u2026-prosigui\u00f3 al cabo de unos segundos-, no tan moderno como \u00e9ste, pero quiz\u00e1 m\u00e1s c\u00f3modo\u2026 Pon\u00edamos detr\u00e1s, a modo de respaldo, un viejo colch\u00f3n de lana y nos recost\u00e1bamos a contemplarlo\u2026 Entonces no ten\u00eda un marco tan lustroso, y reposaba humildemente sobre el suelo del desv\u00e1n\u2026 Ella dec\u00eda que le gustaba mirarlo porque le recordaba tiempos mejores, cuando a\u00fan era joven y hermosa\u2026<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Hizo una breve pausa. Inspir\u00f3 hondo. Solt\u00f3 el aire despacio, y tras comprobar que su interlocutora no ten\u00eda intenciones ni de interrumpir su perorata ni de conformarse con la primera entrega, continu\u00f3.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0-Durante esos momentos olvidaba rega\u00f1arme por\u00a0 mis travesuras y me acurrucaba con una ternura que jam\u00e1s he vuelto a sentir en brazos de una mujer. S\u00ed. Era cierto que estaba hermosa. Con aquel vestido turquesa que le dejaba los hombros al descubierto, con aquella pose l\u00e1nguida y despreocupada, con aquella mirada \u00e1vida de sensaciones y con aquel ramo de margaritas amarillas\u2026<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Llegado a este punto, call\u00f3 de nuevo y tom\u00f3 una gran bocanada de aire, pura necesidad fisiol\u00f3gica; ni \u00e9l mismo pod\u00eda creerse la \u201ccarrerilla\u201d que hab\u00eda cogido. Despu\u00e9s, prosigui\u00f3.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0-Yo nunca la hab\u00eda visto as\u00ed, y no me refiero al vestido, sino a lo dem\u00e1s. Nunca la hab\u00eda visto despreocupada ni \u00e1vida de sensaciones. Una madre jam\u00e1s puede permitirse esas licencias, y ella no fue una excepci\u00f3n. De hecho, era la \u00fanica que se preocupaba por m\u00ed cuando regresaba del colegio llorando como una Magdalena, abochornado por las despiadadas burlas de mis compa\u00f1eros, jurando que jam\u00e1s volver\u00eda a\u00a0 salir de casa\u2026<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Lade\u00f3 la cabeza hacia su compa\u00f1era de banco. Segu\u00eda en silencio, pero en sus facciones, la curiosidad inicial hab\u00eda mudado en demanda. Una mezcla de intriga y respeto que revelaban la elegancia innata de su rostro. Un rostro transparente, sin colores ajenos. Un rostro hermoso.\u00a0 Comprendi\u00f3 entonces que no era momento de andarse con remilgos, as\u00ed que deposit\u00f3 el ramo de flores en el suelo y, con mucha delicadeza, se quit\u00f3 las manoplas.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0-Se trata de un defecto cong\u00e9nito \u2013explic\u00f3 mostrando aquellas manos con un n\u00famero indefinido de dedos-. Los dedos est\u00e1n fusionados, como los de las aves. Su nombre cient\u00edfico es Sindactilia, pero ellos me llamaban \u201cEl palm\u00edpedo\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0No se atrevi\u00f3 a mirarla. Tem\u00eda toparse\u00a0 con aquella expresi\u00f3n de asco jam\u00e1s asimilada. No, no lo hab\u00eda superado. Probablemente no lo har\u00eda nunca, pero le dol\u00eda much\u00edsimo m\u00e1s cuando la descubr\u00eda en alguien por quien sent\u00eda afecto. Y acababa de darse cuenta de que por aquella mujer curiosa, obstinada y hermosa, empezaba a sentir un afecto carente de toda l\u00f3gica. Tal vez fuera esa misma l\u00f3gica -il\u00f3gica e irracional-, la que motiv\u00f3 que Idoia tomara aquellas manos tr\u00e9mulas e informes entre las suyas, las acercara a su rostro y lo embutiera en ellas impregn\u00e1ndose de su esencia.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0-Est\u00e1n suaves- dijo sin dar mayor importancia a su gesto.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Su voz son\u00f3 igual de suave. Con una suavidad sin flecos ni dobleces. Una suavidad que devolvi\u00f3 a aquel esp\u00edritu, doblegado por el peso de toneladas de humillaciones, la ingravidez necesaria para seguir buceando entre sus recuerdos.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0-\u00bfQui\u00e9n lo pint\u00f3?<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0-Mi padre. Mi verdadero padre, no aquel impostor que me daba una paliza cada vez que comprobaba mi incapacidad para reparar un simple pinchazo de la bici, no aquel cabr\u00f3n que humillaba a mi madre\u00a0 bajo cualquier pretexto, no aquel borracho que se empotr\u00f3 contra una farola dej\u00e1ndome hu\u00e9rfano a los trece a\u00f1os, cuando m\u00e1s la necesitaba\u2026<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Rabia, s\u00ed. Rabia acumulada durante a\u00f1os afloraba ahora con la\u00a0 efervescencia de una botella de champ\u00e1n reci\u00e9n agitada. Levant\u00f3 su mirada. Y la fij\u00f3, para seguir hablando, en uno de los pliegues del vestido turquesa.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0-La tarde anterior al accidente estuvimos en el desv\u00e1n, contemplando el cuadro. Ella me acurrucaba, como siempre, tratando de ser el b\u00e1lsamo de mi alma herida, y yo, como siempre,\u00a0 me dejaba hacer. Pero ese d\u00eda le not\u00e9 diferente. No s\u00e9, hab\u00eda algo en su mirada, en sus caricias, en su forma de hablar\u2026 \u201c\u00c9l tampoco lo tuvo f\u00e1cil, me dijo refiri\u00e9ndose al autor del cuadro, pero era muy observador, y obstinado, muy obstinado\u201d. Trat\u00f3 de animarme comparando mis manos deformes con los obst\u00e1culos que aquel misterioso personaje hab\u00eda superado hasta llegar a ser un afamado pintor. Pero no quise escucharla. No encontraba sentido\u00a0 a sus palabras. \u201cCuando yo muera -dijo como presagiando su futuro inmediato- t\u00fa heredar\u00e1s este cuadro. Ponlo en alg\u00fan lugar donde observarlo con calma, para que yo, all\u00e1 donde est\u00e9, pueda transmitirte esa misma calma.\u201d<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0-\u00bfFue entonces cuando lo trajo aqu\u00ed?<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0-No, fue mucho m\u00e1s tarde. Al principio lo dej\u00e9 en el desv\u00e1n, despu\u00e9s, cuando fui a vivir con mis abuelos lo empaquet\u00e9 en espera de una ubicaci\u00f3n apropiada, y finalmente, al independizarme, lo coloqu\u00e9 en el nuevo piso, frente a mi cama. Cada 7 de agosto, por su aniversario, iba al cementerio. Siempre me extra\u00f1aba encontrar all\u00ed, junto a su tumba, un ramo de flores marchitas. Imaginaba que ser\u00edan de alg\u00fan pariente lejano, con los que yo hab\u00eda perdido todo contacto. Hace cinco a\u00f1os un contratiempo me impidi\u00f3 acudir el d\u00eda acostumbrado, as\u00ed que fui al siguiente. Eran las tres de la tarde. Luc\u00eda un sol de justicia. Caminaba entre l\u00e1pidas, panteones y flores de pl\u00e1stico cuando, a pocos metros de alcanzar el nicho de mi madre, distingu\u00ed a un hombre, un anciano, que agachado en el suelo trataba de recomponer unas flores desparramadas. Me pareci\u00f3 curioso que siendo los dos \u00fanicos habitantes animados de aquel desolador paisaje nuestros muertos estuvieran tan contiguos. Segu\u00ed acerc\u00e1ndome. Despacio. A punto de alcanzarle, un escalofr\u00edo recorri\u00f3 mi cuerpo. Mi coraz\u00f3n dej\u00f3 de latir, mis pulmones se colapsaron. Qued\u00e9 all\u00ed, petrificado, una estatua m\u00e1s entre aquellas que custodiaban los panteones\u2026 El hombre acababa de levantarse y depositaba el ramo, ya recompuesto, sobre la l\u00e1pida de mi madre. Eran margaritas amarillas. Sus manos\u2026 sus manos llevaban unas manoplas como \u00e9stas\u2026\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Extendi\u00f3 las suyas y se sorprendi\u00f3 al encontrarlas desnudas. Llevaba un buen rato sin manoplas y ni siquiera se hab\u00eda percatado de su ausencia. Una sensaci\u00f3n nueva, reconfortante, liberadora. Y as\u00ed, liberado del \u00faltimo poso de verg\u00fcenza, remat\u00f3 su explicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0-Cuando regres\u00e9 del trance, cuando mis m\u00fasculos volvieron a obedecerme, sal\u00ed de all\u00ed despavorido, como si hubiera visto al mism\u00edsimo Diablo. Llegu\u00e9 a casa. Descolgu\u00e9 el cuadro. Me sent\u00eda furioso, confundido, traicionado. Toda mi vida hab\u00eda sido una farsa,\u00a0 y ella\u2026 \u00a1ella el art\u00edfice del enga\u00f1o\u2026! A\u00fan no s\u00e9 c\u00f3mo fui capaz de traerlo al museo, \u00a1a punto estuve de destrozarlo!<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Sigui\u00f3 un silencio. Sepulcral. Reparador. Necesario. Despu\u00e9s, volvi\u00f3 a inspirar hondo y a soltar el aire muy despacio. No, ya no hab\u00eda rabia.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0&#8211; Tal vez si aquella tarde la hubiera escuchado\u2026pero no, no lo hice\u2026 estaba demasiado ofuscado compadeci\u00e9ndome de m\u00ed mismo\u2026Por eso vuelvo. Porque necesito escucharla, comprenderla, perdonarla\u2026\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Terminada su exposici\u00f3n comprob\u00f3 con discreto j\u00fabilo como en el rostro de Idoia, disipado ya todo poso de curiosidad, hab\u00eda germinado un requiebro de ternura, \u00bfpincelado con una chispa de admiraci\u00f3n?\u00a0 \u00a1Qui\u00e9n sabe\u2026!\u00a0 En cualquier caso, nada que ver con la insoportable compasi\u00f3n que otras veces, en otros rostros, hab\u00eda despertado su historia.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0-Aqu\u00ed puede observarla con calma -habl\u00f3 la voz suave, la mujer observadora, obstinada, hermosa-, como ella quer\u00eda, y tal vez as\u00ed pueda transmitirle esa misma calma que tanto necesita.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0-S\u00ed-asinti\u00f3- Creo que ya lo ha hecho.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Y sin rastro alguno de pudor, en un gesto tan inusual en \u00e9l como ancestral en los dem\u00e1s, le ofreci\u00f3 la mano.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0-I\u00f1aki -dijo-, me llamo I\u00f1aki.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Llevaba semanas con la pregunta rond\u00e1ndole la cabeza -casi desde que empez\u00f3 a trabajar como recepcionista en el Museo-, pero nunca reun\u00eda el valor necesario para formularla. Ese mi\u00e9rcoles, sin embargo, Idoia se hab\u00eda jurado a s\u00ed misma que de hoy no pasaba. S\u00ed, aprovechar\u00eda cuando el viejo, al [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[5],"tags":[],"class_list":["post-687","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relatos"],"amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/687","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=687"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/687\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":693,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/687\/revisions\/693"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=687"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=687"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=687"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}