{"id":722,"date":"2011-07-04T15:13:40","date_gmt":"2011-07-04T13:13:40","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/?p=722"},"modified":"2011-10-11T10:51:58","modified_gmt":"2011-10-11T08:51:58","slug":"95-tres-colores-por-gretel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/95-tres-colores-por-gretel\/","title":{"rendered":"95-Tres colores. Por Gretel"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em>A nuestras dos Emilias<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">\u00a0<\/p>\n<p>Tuvo una idea extra\u00f1a: se le antoj\u00f3 que hab\u00edan pinchado el sol y que su jugo c\u00e1rdeno hab\u00eda incendiado los edificios. Fascinada por la imagen de Madrid aullando en llamas rojas y amarillas, no se dio cuenta de que se hab\u00eda quedado sola en la azotea. Una monja se le acerc\u00f3 y le toc\u00f3 el brazo.<!--more--><\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2014\u00a1Emilia, vamos! Hay que prepararse ya.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Vio las lenguas de fuego reflejadas en los ojos temblorosos de la hermana y, de pronto, sinti\u00f3 un miedo lejano que le sub\u00eda desde el vientre, la misma inquietud que la desazonaba cuando a la hora de comer escuchaba lecturas de castigos b\u00edblicos. Era el del granizo ardiendo sobre Egipto el que ahora rebotaba en su mente\u2014Yahv\u00e9 de voz tronante, fuego sobre la piedra\u2014 mientras bajaba las escaleras de caracol y pasaba junto a la puerta del dormitorio.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2014\u00bfHay que prepararse? \u2014repiti\u00f3 la ni\u00f1a.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2014Ay, mi ni\u00f1a, siempre en las nubes. Vienen a por nosotras. \u00bfNo lo ves?<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Cambiar otra vez de lugar, ahora que estaba en este que le gustaba, aunque solo fuera porque pod\u00eda dormir sin que el hambre le devorara las tripas.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2014\u00bfY ad\u00f3nde vamos?<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2014Dios dir\u00e1, hija.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 De la mano de la hermana Luisa, lleg\u00f3 al rellano en el momento en que se desvanec\u00eda el olor \u00e1spero a ladrillo quemado. A\u00fan tuvo tiempo para guardarlo en su \u00e1lbum de olores. A cada uno le daba un nombre. \u201cNieve de fresa\u201d era su favorito. Lo hab\u00eda catalogado la ma\u00f1ana en que sali\u00f3 de su pueblecito de la monta\u00f1a. \u201cVe con estos se\u00f1ores, Emilia\u201d, le hab\u00eda dicho su madre con la sonrisa en la boca y la congoja en los ojos. \u201cSon amigos de tu padre\u201d, amigos de aquel cuerpo grande y verde, del que s\u00f3lo recordaba la enorme capa y el gorro de charol: capa de noche y sombrero de cuchillos. Cuando sali\u00f3 a la \u201cnieve de fresa\u201d, supo, desde el fondo de sus seis a\u00f1os, que su madre se hab\u00eda despedido de ella con la contenci\u00f3n de un \u00faltimo adi\u00f3s. Tal vez lo hab\u00eda intuido porque su mam\u00e1 hab\u00eda evitado los abrazos, lo besos y las caricias; o tal vez porque, al despertarla, hab\u00eda encerrado en su mano un trocito tela, una suave cinta de colores. Emilia entendi\u00f3 que deb\u00eda guardarla como el mayor de los tesoros, como un secreto que s\u00f3lo a ella le hab\u00eda sido confiado. Ya en la calle, tuvo ganas de llorar, pero el rostro de bronce de aquellos hombres la oblig\u00f3 a sorber l\u00e1grimas y mocos. Se sinti\u00f3 entonces una hero\u00edna, como en los cuentos que su madre le susurraba bajo las mantas, cuando las palabras se hac\u00edan caramelo y pod\u00eda dejarlas en la boca hasta que se deshicieran \u2014\u201crecuerda, Emilia: cuando tengas miedo, cierra los ojos y cuenta hasta tres\u201d\u2014.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Se alegraba ahora de ir de la mano de la hermana Luisa. Ella, la m\u00e1s dulce de cuantas all\u00ed las cuidaban, era un coj\u00edn de plumas. A veces se le ocurr\u00eda que Luisa y la madre Dolores eran la misma persona del rev\u00e9s, como si le das la vuelta a un calcet\u00edn y entonces pica y se te clavan las costuras. Si la hermana Luisa ten\u00eda cara de bollo de nata, la superiora era un sello viejo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2014Venga, corre, ponte con las dem\u00e1s \u2014la apremiaba Luisa.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Se uni\u00f3 a las dem\u00e1s ni\u00f1as, a su silencio de miradas aturdidas. Precipitada y p\u00e1lida, la madre Dolores se ajustaba una y otra vez su rebeca gris sobre el pecho, como si nunca consiguiera que la arropara enteramente. A Emilia le record\u00f3 a un flan que se despereza al caer de su molde y sonri\u00f3.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2014A ver, ni\u00f1as \u2014empez\u00f3 a hablar la superiora\u2014, os lo dir\u00e9 sin rodeos: tenemos que salir de aqu\u00ed. Nada de l\u00e1grimas; orden, disciplina y valor \u2014dec\u00eda con su boca sin labios\u2014. El Se\u00f1or est\u00e1 con nosotros y nos cuida.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Llagaron al port\u00f3n de la entrada. Una monja peg\u00f3 la oreja a la madera. El silencio se extendi\u00f3 de nuevo con sus dedos de ortiga. Tres golpes sonaron al otro lado. La hermana que auscultaba el vientre de la puerta dio un salto y ahog\u00f3 un quejido con las manos. Chistaron varias religiosas para sofocar las voces de las ni\u00f1as.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2014\u00a1Ya est\u00e1n aqu\u00ed! Salid por el patio. \u00a1Ya! \u2014susurr\u00f3 la madre Dolores\u2014.Yo me qued\u00f3.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Nadie se movi\u00f3. Las miradas de las treinta peque\u00f1as iban de la superiora a las dem\u00e1s religiosas. Emilia meti\u00f3 las manos en los bolsillos de su falda gris y supo que algo le faltaba.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2014\u00a1Abran la puerta! \u2014se oy\u00f3 una voz de acero varonil.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2014\u00a1Vamos, vamos! \u2014insisti\u00f3 Dolores.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2014\u00a1Abajo la puerta!<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Se oy\u00f3 al otro lado un repique creciente de voces y golpes de hierro. Las mujeres no hac\u00edan sino mirar la puerta, como si con sus ojos pudieran contener el tambor de furia sobre la madera.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2014\u00a1Abajo el clero!<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Y esa voz fue el primer trueno de una tormenta de gritos y pu\u00f1os. El port\u00f3n adelgaz\u00f3 hasta ser hoja seca: se tambaleaba, vibraba, temblaba, cruj\u00edan los herrajes de los goznes. Como si de un eco se tratara, las voces de las ni\u00f1as rompieron en un estallido de cristales rotos. Emilia recorr\u00eda el suelo con los ojos rebuscando entre los zapatos negros.<\/p>\n<p>Un disparo resquebraj\u00f3 la madera.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2014\u00a1Vamos, ni\u00f1as, vamos! \u2014reaccion\u00f3 al fin la hermana Luisa.<\/p>\n<p>A\u00fan pudo ver Emilia, antes de abandonar el vest\u00edbulo, a la madre Dolores frente al port\u00f3n: parec\u00eda un palo de lana rasa.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Con el h\u00e1bito atropellado entre los pies y el suelo, las monjas guiaron a las peque\u00f1as por los pasillos de techos altos. Las baldosas negras y blancas se suced\u00edan bajo los pies de Emilia, lo que le record\u00f3 las tardes de s\u00e1bado en que se entreten\u00eda en contar cu\u00e1ntas hab\u00eda de cada color. Le gustaba imaginar que ten\u00eda un cuentagotas m\u00e1gico, capaz de trastocar los colores. As\u00ed, pintaba el suelo de aquel pasillo de verde, rojo, amarillo, rosa y azul, hasta convertirlo en lo que ella llamaba el \u201cprado de los colores\u201d. Ahora pensaba que sus pisadas, las de todas ellas, asolaban su pradera como lluvia de sal.<\/p>\n<p>Tras de ellas, oyeron el crujido de la rabia haciendo brecha en la madera.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Abri\u00e9ndose paso entre las dem\u00e1s ni\u00f1as, Emilia alcanz\u00f3 a la hermana Luisa al tiempo en que pasaban por la puerta de la cocina. Tir\u00f3 de su h\u00e1bito hasta que la moja baj\u00f3 la vista.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2014\u00bfQu\u00e9 quieres, Emilia?<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2014Hermana, que se me ha olvidado una cosa muy importante.<\/p>\n<p>Encararon otro pasillo. Al fondo se ve\u00eda la puerta de hierro que daba al patio.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2014\u00bfQu\u00e9?<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2014Eso, que tengo que volver a subir dormitorio.<\/p>\n<p>La hermana Luisa buscaba la llave en un manojo tintineante.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2014\u00bfC\u00f3mo, Emilia? No, ya no. Venga, vamos.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El metal tanteando la cerradura ro\u00eda la quietud de la espera.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2014Pero, hermana Luisa, es que yo\u2026<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2014\u00a1Basta! He dicho que no.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Los labios de la monja se apretaban como si fueran una r\u00e9plica de la cerradura, hasta que una leve sonrisa asom\u00f3 a ellos al ceder el pestillo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Sali\u00f3 primero Luisa y tras ella fueron pasando las ni\u00f1as bajo la vigilancia de las dem\u00e1s monjas, pero Emilia se qued\u00f3 quieta y, como rechazada por el viento que las impulsaba a todas, sus pasitos la llevaron a arrinconarse detr\u00e1s de la puerta abierta.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2014Ya est\u00e1n todas.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Oy\u00f3 que dec\u00eda una de las religiosas; despu\u00e9s, el portazo met\u00e1lico; luego, la espesura del silencio. Se qued\u00f3 quieta, sintiendo el fuelle de su respiraci\u00f3n. Cerr\u00f3 los ojos, tom\u00f3 aire y ech\u00f3 a correr. Acosada por el eco de sus propios pasos, lleg\u00f3 a la escalera de caracol. Se detuvo en el primer escal\u00f3n y se llev\u00f3 la mano al pecho, como si intentara retener el coraz\u00f3n dentro de su cajita de huesos. Se lanz\u00f3 escaleras arriba. Cuando abri\u00f3 la puerta del dormitorio, le lleg\u00f3 el olor\u00a0 \u00e1spero a ladrillo quemado. Pens\u00f3 fugazmente que a\u00fan no le hab\u00eda dado un nombre para su \u00e1lbum de los olores. Al otro lado de las ventanas, el humo llamaba a los cristales con su mano negra. Hac\u00eda calor, el aire se consum\u00eda a s\u00ed mismo. Emilia lleg\u00f3 hasta su cama. Levant\u00f3 la almohada. Ah\u00ed estaba su peque\u00f1o lienzo. Se sent\u00f3 en el colch\u00f3n y se qued\u00f3 mir\u00e1ndolo; no hab\u00eda perdido su brillo ni su tacto suave. Lo agarr\u00f3 fuertemente, como si pudiera cos\u00e9rselo a la palma de la mano. Not\u00f3 la camiseta pegada a la espalda, respiraba su propio sudor. De nuevo cerr\u00f3 los ojos, se puso en pie y ech\u00f3 a correr. Giraba por las escaleras de caracol envuelta en un torbellino. A\u00fan ten\u00eda tiempo para llegar al patio, salir a la calle y alcanzar a las dem\u00e1s. Baj\u00f3 los tres \u00faltimos escalones de un salto.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2014\u00bfY \u00e9sta?<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Frente a ella, cinco hombres de bronce la miraban con ojos de piedra. Dos de ellos sujetaban a la madre Dolores por los brazos. Parec\u00eda entre ellos un viejo mu\u00f1eco de trapo. El humo de las antorchas manoseaba el techo blanco.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2014Es una ni\u00f1a, solo es una ni\u00f1a \u2014dijo la superiora con la voz quebrada.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2014Una hija de fascistas.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La peque\u00f1a agarr\u00f3 con m\u00e1s fuerza el pedazo de tela. Ahora era el momento de mostrar su valent\u00eda, de defender el legado de su madre.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2014Pero, se\u00f1ora \u2014dijo otra voz\u2014, \u00bfno dec\u00eda usted que aqu\u00ed no quedaba nadie?, \u00bfque esto no era ni convento ni colegio?<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2014Solo es una ni\u00f1a, una ni\u00f1a.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2014Ya sabe: los ni\u00f1os son el futuro, se\u00f1ora. Se viene con nosotros\u2026 o se queda aqu\u00ed.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Una mano agarr\u00f3 a Emilia del brazo. En seguida le vino a la memoria el d\u00eda en que se la llevaron del pueblo y quiso recuperar el olor de nieve de fresa, pero s\u00f3lo le llegaba el \u00e1spero del ladrillo quemado.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 De pronto, la madre Dolores estall\u00f3 en un arrebato de furia. Comenz\u00f3 a gritar, a dar patadas al aire.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2014\u00a1Canallas! \u2014gritaba\u2014 \u00a1Dios os castigar\u00e1! \u00a1La ni\u00f1a no! \u00a1La ni\u00f1a no!<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Emilia empez\u00f3 igualmente a gritar, a patalear, a berrear como una animal herido.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2014\u00a1Que se callen las dos!<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Alguien le tap\u00f3 la boca a la ni\u00f1a, pero ella mordi\u00f3 la carne hasta que la sangre tibia le lleg\u00f3 a los labios. Oy\u00f3 un quejido, se not\u00f3 libre y ech\u00f3 a correr con todas sus fuerzas. O\u00eda tras de s\u00ed la voz de la madre Dolores.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2014\u00a1A la ni\u00f1a no! \u00a1A ella no!<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Antes de doblar la esquina, creci\u00f3 a su espalda un alboroto de voces y golpes. Al encarar el pasillo del prado de los colores, oy\u00f3 un disparo.<\/p>\n<p>No par\u00f3 de correr con su mano bien cerrada. Las baldosas mezclaban el blanco y el negro. Una esquina m\u00e1s y al fin all\u00ed, al fondo, estaba la salida al patio. En ese momento, le lleg\u00f3 un eco de botas en el suelo. Alcanz\u00f3 la puerta y zarande\u00f3 el picaporte; estaba cerrada. No miraba atr\u00e1s, pero o\u00eda los pasos acerc\u00e1ndose; botas que se agigantaban con cada pisada. Entonces, se qued\u00f3 quieta. Contuvo las l\u00e1grimas que se le mezclaban con el sudor en una pasta salada. A su espalda, un gigante de barba roja estiraba el brazo hacia ella. Pos\u00f3 la mano sin fuerza sobre el picaporte; cerr\u00f3 los ojos. Ol\u00eda el sudor pegajoso del jay\u00e1n desdentado, su aliento de huevo podrido, sus manos peludas. Con los ojos cerrados, cont\u00f3 hasta tres; un gru\u00f1ido le rasgaba la nuca;\u00a0 movi\u00f3 hacia abajo la mano. El pestillo cedi\u00f3 y la puerta se abri\u00f3.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2014\u00a1Emilia, hija!<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La sonrisa de nata de la hermana Luisa la recibi\u00f3 al otro lado.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Ya en la calle, Emilia abri\u00f3 la mano y contempl\u00f3 una vez m\u00e1s su pedazo de tela brillante y suave. La imagen que ahora miraba, la del convento ardiendo al atardecer, repet\u00eda los mismos colores de su banderita: el morado del crep\u00fasculo, el rojo del fuego y el amarillo de las llamas. Y as\u00ed se le ocurri\u00f3 el nombre para el nuevo olor de su \u00e1lbum: tres colores.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En Madrid, el cielo era un lento suspiro c\u00e1rdeno.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A nuestras dos Emilias \u00a0 Tuvo una idea extra\u00f1a: se le antoj\u00f3 que hab\u00edan pinchado el sol y que su jugo c\u00e1rdeno hab\u00eda incendiado los edificios. Fascinada por la imagen de Madrid aullando en llamas rojas y amarillas, no se dio cuenta de que se hab\u00eda quedado sola en la [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[7,9,5],"tags":[],"class_list":["post-722","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-finalistas-del-jurado","category-ganadores","category-relatos"],"amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/722","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=722"}],"version-history":[{"count":6,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/722\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1743,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/722\/revisions\/1743"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=722"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=722"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=722"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}