{"id":741,"date":"2011-07-05T22:06:35","date_gmt":"2011-07-05T20:06:35","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/?p=741"},"modified":"2011-09-15T11:54:17","modified_gmt":"2011-09-15T09:54:17","slug":"97-la-soledad-del-heroe-por-cefiro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/8certamen\/97-la-soledad-del-heroe-por-cefiro\/","title":{"rendered":"97- La soledad del h\u00e9roe. Por C\u00e9firo"},"content":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El cad\u00e1ver de Mar\u00eda Sagrario Gonz\u00e1lez presenta heridas superficiales en brazos y cuello, golpes y contusiones repartidos entre rostro y abdomen, laceraciones por arrastre, posiblemente <em>post mortem<\/em>, y siete pu\u00f1aladas de necesidad. \u00abPu\u00f1aladas no\u00bb, corrige Severino Carde\u00f1oso. \u00abMar\u00eda Sagrario ha sido abatida a espadazos. V\u00e9ase la estocada con que la atravesaron de parte a parte y el mandoble de la zona lumbar y este otro cintarazo que le secciona la pierna derecha\u00bb.<!--more--><\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Severino Carde\u00f1oso distingue a la perfecci\u00f3n la tipolog\u00eda de los cortes por arma blanca y reconoce a primera vista la gravedad de cada tajo, adem\u00e1s de ser especialista en psicolog\u00eda, criminolog\u00eda y otras neurosis comunes. Sebasti\u00e1n L\u00f3pez, su ayudante temporal, que entr\u00f3 en homicidios sin aprobar las pruebas pertinentes pero con una recomendaci\u00f3n como nadie hab\u00eda visto en la historia de las sinecuras, lo admira no solo por sus conocimientos en la materia, de los que, todo hay que decirlo, Severino se jacta de un modo harto chocante, sino por sus ojos tornasolados y su apuesto perfil.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Ahora se encuentran ambos en un predio asalvajado y ruinoso, propiedad de un tal Gonz\u00e1lez Flores, rico y peligroso hacendado que les facilita gustoso las pesquisas para evitar que lo enchironen por sus delitos propios. \u00abEst\u00e1n ustedes en su casa. Faltar\u00eda m\u00e1s\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0El chivatazo se lo dieron a las siete. Severino Carde\u00f1oso a\u00fan andaba entre el ba\u00f1o de burbujas y el t\u00e9 con olor a vainilla cuando son\u00f3 el tel\u00e9fono. \u00abJefe, que ha aparecido\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0En realidad, Sebasti\u00e1n, que tiene el defecto inexcusable de la bonhom\u00eda, da cr\u00e9dito a todo lo que oye. Cuando el inspector llega a la oficina, le suelta el interino de mierda que han recibido una llamada, que, por supuesto, no han podido localizar, as\u00ed son de listos los hijos de puta, en la que se informaba de d\u00f3nde estaba depositado el cad\u00e1ver de la muchacha, desaparecida en la carretera 45, camino de Villa Ahumada, el 24 de junio a las claritas del d\u00eda.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Severino Carde\u00f1oso sabe que la mayor\u00eda de las llamadas de ese calibre son solo bromas de mal gusto, o bien un modo f\u00e1cil de mantenerlos alejados en un punto de la ciudad para cometer una fechor\u00eda en el opuesto sin temor a las sorpresas. Aun as\u00ed, y a falta de nada mejor que hacer esa ma\u00f1ana, decide acudir a la cita.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Acompa\u00f1ados por un equipo de especialistas en no descomponer el gesto ante cualquier barrabasada, el inspector Carde\u00f1oso y su ayudante emplean poco tiempo en llegar al lugar que el sopl\u00f3n, amablemente, les ha indicado con todo lujo de detalles. \u00abContin\u00fae hasta el kil\u00f3metro 76 en direcci\u00f3n sureste. Tome el camino de la derecha hacia Rancho Nuevo y enseguidita ver\u00e1 el reguero de sangre. Cruzando la cerca de alambre no m\u00e1s\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0En efecto, lo que queda de Mar\u00eda Sagrario yace entre las hierbas hastiadas de sol, con la camisa desgarrada y la falda maltrecha, sin zapatos y sin medias y la melena rojiza hecha una verdadera pena. La tierra ha succionado con avidez la sangre de la v\u00edctima, a la que no debe quedarle ni una sola gota, tan blanca y demudada se la percibe, con los ojos fijos en el cielo sin nubes.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0La visi\u00f3n es espantosa. La herida de la cintura la ha seccionado casi en dos pedazos. De hecho, cuando intentan levantar el cad\u00e1ver, est\u00e1 a punto de desbarat\u00e1rsele entre las manos. S\u00e1nchez se permite encontrarle las ventajas. \u00abAs\u00ed es m\u00e1s f\u00e1cil de transportar: encaja en cualquier lado\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Mientras los especialistas rastrean la zona en busca de huellas y Sebasti\u00e1n L\u00f3pez examina de cerca las marcas en tobillos y mu\u00f1ecas y recolecta las hierbas y frutillos que se enredan sutilmente en la cabellera y que no se corresponden con la vegetaci\u00f3n de la zona (\u00abqu\u00e9 observador que soy: me merezco una medalla\u00bb), Severino Carde\u00f1oso se entretiene en reparar los trocitos de dedos que el agresor, o los agresores, que es la hip\u00f3tesis m\u00e1s plausible dada la variedad de objetos que han debido componer el arsenal del crimen, ha dejado h\u00e1bilmente dispuestos sobre un mont\u00edculo de piedrecitas en gesto obsceno. \u00abTu puta madre\u00bb, piensa. Y luego, consciente de lo irreverente de sus palabras, pide perd\u00f3n y guarda las falanges en una bolsa de pl\u00e1stico que etiqueta con tinta indeleble.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0El inspector a\u00fan espera que su menguado auditorio atienda a sus palabras como es debido. \u00abLas marcas de las ruedas se detienen aqu\u00ed. Son de un todoterreno. Nadie en sus cabales meter\u00eda un deportivo por esta escombrera. Luego la remolcaron hasta este punto. Pero a\u00fan ven\u00eda medio viva, la desgraciada, pues se alterna el surco de unas piernas que se arrastran con pasos que Mar\u00eda Sagrario consigui\u00f3 dar por s\u00ed misma\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0En efecto, las huellas de unos pies descalzos denotan que la muchacha ven\u00eda consciente, aunque cuidadosamente apaleada con experta mano. \u00abYa entonces traer\u00eda roto el p\u00f3mulo, y dislocado el hombro, y las manos atadas\u00bb. \u00abSin embargo\u00bb, observa Sebasti\u00e1n, que se las ve y se las desea para hacer m\u00e9ritos ante su jefe y afianzar su puesto en el cuerpo, \u00abno hemos encontrado cuerda ni cinta que las sujete\u00bb. \u00ab\u00bfQu\u00e9 falta hac\u00eda, maric\u00f3n? Una vez que la despedazaron a sablazos, no iba a oponer mucha resistencia la desgraciada\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0En la finca, que es m\u00e1s desierto que pradera, empieza a hacer un calor insoportable. \u00abSi no queremos que combustione el cuerpo o estos rastrojos sirvan de mecha, ser\u00e1 mejor que nos la llevemos\u00bb. \u00abPor supuesto\u00bb, asiente S\u00e1nchez mientras numera las piezas del puzzle y comprueba que le faltan los l\u00f3bulos de las orejas y un dedo me\u00f1ique y varias u\u00f1as. Adem\u00e1s, Gonz\u00e1lez se queja del papel de espantap\u00e1jaros que le han encomendado, dos horas haciendo aspavientos para amilanar zopilotes y gallinazos convocados al olor de la carro\u00f1a.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Los restos de Mar\u00eda Sagrario fueron finalmente trasladados como Dios les dio a entender. Por mucho que se esforzaron en devolverla con cierta dignidad, la que fuera hermosa joven de piel morena y ojos grises y cabellera ondulada, y seguramente futuro prometedor, al punto se dividi\u00f3 en tres trozos, lo que, por otra parte, para satisfacci\u00f3n de S\u00e1nchez, la hizo m\u00e1s manejable. Sebasti\u00e1n conten\u00eda a duras penas las arcadas tomando las notas pertinentes con pulso tembloroso. En lo que era trabajo de campo s\u00ed que flaqueaba de modo alarmante.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00abAl final te acostumbras\u00bb, le dec\u00eda Severino, e intentaba aleccionarlo de cuantas barbaridades llevaba vistas y vividas. Y, cuando el tiempo se lo permit\u00eda, lo sentaba ante montones de expedientes de cr\u00edmenes sin resolver, todas mujeres j\u00f3venes, solteras y hermos\u00edsimas; todas sometidas a vejaciones sin nombre; todas mancilladas y despedazadas de los modos m\u00e1s inveros\u00edmiles y originales. Sin embargo, hasta ahora nadie hab\u00eda muerto de manera tan anacr\u00f3nica.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0En efecto, Severino Carde\u00f1oso sac\u00f3 a relucir su sabidur\u00eda ancestral y enumer\u00f3 cada herida asoci\u00e1ndola a su arma correspondiente, lo que le ofreci\u00f3 la oportunidad de dar una lecci\u00f3n magistralmente hist\u00f3rica sobre estoques, tizonas, floretes y katanas para luego pasar a mazas, garrotes y cachiporras, que, a su sabio entender, era el elenco de instrumentos de tortura empleados en el cuasi descuartizamiento. \u00abParecen sacados de un museo medieval\u00bb. Pero, a lo que sab\u00edan, no exist\u00eda exposici\u00f3n de tales caracter\u00edsticas en toditito M\u00e9jico. \u00abComo no hayan rescatado los pertrechos de Hern\u00e1n Cort\u00e9s&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0En cualquier caso, a lo que Severino Carde\u00f1oso no lograba dar explicaci\u00f3n era a la fuerza descomunal que se habr\u00eda precisado para partir en dos a un sujeto en pleno descampado. Y, como ten\u00eda ganas de guasearse del desgraciado de Sebasti\u00e1n L\u00f3pez, simple y pusil\u00e1nime para los quehaceres diarios de Ciudad Ju\u00e1rez que mejor se criara en un barrio sibarita de Par\u00eds, rescat\u00f3 como posible conjetura la tantas veces esgrimida ante las narices de los novatos \u00abteor\u00eda de los gigantes de Teotihuac\u00e1n, que se da por cierta en los c\u00edrculos m\u00e1s prestigiosos de la parasicolog\u00eda y otras ciencias afines, seg\u00fan la cual alguno de esos hombretones m\u00edticos habr\u00e1 quedado atravesado en el desierto, a salvo del diluvio y del ataque masivo de los jaguares con que supuestamente se extinguieron\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00abPero, si alg\u00fan quinametzin quedara perdido\u00bb, apostill\u00f3 el cr\u00e9dulo de Sebasti\u00e1n, al que no le hubiera importado en absoluto darse de bruces con alguno de ellos, fantaseando como andaba sobre el tama\u00f1o de cada una de sus partes, \u00ab\u00bfno le hubiera resultado m\u00e1s \u00fatil utilizar las armas de los atlantes de Tula?\u00bb. Pues a la cabeza se le vino la imagen de las misteriosas pistolas de rayos que bland\u00edan dichas esculturas, acompa\u00f1adas de escudo magn\u00e9tico protector y casco espacial de forma semicuadrada con que, al parecer, se tocan tales monstruos para las ocasiones. Y este sacrificio humano, si como tal pod\u00eda considerarse, era toda una ocasi\u00f3n. \u00abHe hablado de gigantes, muerdealmohadas, no de extraterrestres. \u00bfQui\u00e9n se iba a creer esa patra\u00f1a? \u00bfC\u00f3mo vamos a achacar la desdichada muerte de Mar\u00eda Sagrario a los ocupantes verdes de una nave espacial venida de una galaxia muy, muy lejana?\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Mientras S\u00e1nchez y su cohorte de especialistas aguantan la risa, Sebasti\u00e1n L\u00f3pez, al que le han encargado la ingrata tarea de comunicar a la familia el descubrimiento del execrable crimen, as\u00ed como las hip\u00f3tesis de resoluci\u00f3n en las que se est\u00e1 trabajando, aunque, ahora que lo piensa, no es ninguna, tartamudea y se devana los sesos cavilando el modo m\u00e1s veros\u00edmil de ofrecerles la teor\u00eda del gigante trasnochado que quiz\u00e1s se refugie en la cercana cueva de Coyame, donde, a modo del Vulcano europeo, se habr\u00e1 dedicado a la orfebrer\u00eda y la metalurgia y fabricado sus propias espadas y espetones. \u00abDe ah\u00ed los mandobles propinados a la v\u00edctima y las dimensiones absurdas del descalabro\u00bb. Y entonces, en gesto teatral, descubrir\u00eda la s\u00e1bana que oculta hasta el momento los restos de la pobre Mar\u00eda Sagrario y se dar\u00eda a calmar el dolor de unos padres destrozados que no entienden c\u00f3mo han llegado a este punto sin retorno en una vida ya de por s\u00ed llena de desgracias y sinsabores.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Sebasti\u00e1n, cumplida su tarea, vuelve al despacho de Carde\u00f1oso, que anda en una timba improvisada con el resto del equipo. \u00ab\u00bfC\u00f3mo ha ido?\u00bb. \u00abComo es de esperar en estas cuestiones\u00bb. Y aguarda con paciencia a que termine la mano para preguntar al jefe por el siguiente paso del procedimiento. \u00abEst\u00e1 claro: caso cerrado. \u00bfO te vas a ir a buscar al gigantito de marras y a preguntarle qu\u00e9 le incomod\u00f3 de la muchacha para ensa\u00f1arse de modo tan poco caballeroso?\u00bb. \u00abAdem\u00e1s\u00bb, se entromete S\u00e1nchez, \u00abnadie de los de ac\u00e1 hablamos <em>giganto<\/em>\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Sebasti\u00e1n sigue escuchando las carcajadas junto a la m\u00e1quina de caf\u00e9. \u00abEl palurdo a\u00fan no se ha enterado de en qu\u00e9 consiste este oficio\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Sebasti\u00e1n L\u00f3pez no da cr\u00e9dito a lo que oye. Tampoco a lo que ve, ese c\u00famulo de piltrafas fotografiadas, esa representaci\u00f3n inhumana de vejaciones sin nombre y esos despedazamientos originales e inveros\u00edmiles de los que nadie se compadece. Ahora entiende por qu\u00e9 no existen superh\u00e9roes mejicanos. Ni h\u00e9roes siquiera si quitamos lo de Guadalupe Victoria.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Desde la habitaci\u00f3n donde Severino Carde\u00f1oso despluma a la brigada de homicidios, ocultando la desverg\u00fcenza tras el humo de los cigarros, la cuadrilla vigila atentamente las evoluciones de la triste figura de Sebasti\u00e1n L\u00f3pez, c\u00f3mo deja la placa sobre la mesa junto a la puerta y la dimisi\u00f3n en su propio escritorio, del que se despide con una ligera inclinaci\u00f3n de cabeza que igual puede significar \u00abme alegro de verla, se\u00f1orita\u00bb que \u00abmi m\u00e1s sentido p\u00e9same, grand\u00edsimo hijo de puta\u00ab. A estas alturas ya qu\u00e9 m\u00e1s da. \u00abAdi\u00f3s, degenerados\u00bb. Y la espalda vencida del ex ayudante, en fundido en negro, desaparece dram\u00e1ticamente como en una pel\u00edcula de g\u00e1ngters.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00abSer\u00e1 menso\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El cad\u00e1ver de Mar\u00eda Sagrario Gonz\u00e1lez presenta heridas superficiales en brazos y cuello, golpes y contusiones repartidos entre rostro y abdomen, laceraciones por arrastre, posiblemente post mortem, y siete pu\u00f1aladas de necesidad. \u00abPu\u00f1aladas no\u00bb, corrige Severino Carde\u00f1oso. \u00abMar\u00eda Sagrario ha sido abatida a espadazos. 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