Una botella de agua
llena hasta la mitad:
las gotas se escurren
y el agua tiembla a la par que escribo
en esta agenda sobre la mesa.
Cada sorbo,
cada verso,
cada gota,
cada palabra,
refresca.
En el borde de la tapa
y en la botella de plástico,
brilla la luz de las lámparas y la que se entra por la ventana
pasando por encima de las palomas que
–en un tejado–
se matan a picotazos.
La gota pega en el agua
y ella tiembla.