Te entrego este triste recuerdo.
Te entrego cual morada cobijada por aves desiertas
emigraron hacia el alba, escondida en las nubes del olvido.
Ya no quiero que en mis manos, pese este sonido absurdo,
absurdo porque solo resuena, en noches cuando la pena,
reluce en mi calvario.
Ya no quiero continentes desolados.
Todo lo llenas, en el impetuoso océano de tu vientre,
porque en ti vierte la vida, vida que da la gloria de soldados caídos,
vida que da muerte, muerte que da vida.
Todo lo que llenas luego lo vacías.
Llévate todo, todo lo que no trajiste,
tus mejillas relucientes, en ocasos embestidos con tu risa,
miradas tenues, miradas frías, llévate tus ojos,
tus ojos crueles luceros, que alumbraron la desdicha de mis días.
El fulgor de mi dolor en tus pupilas.
Vete de una vez, lejos de mis ganas,
ganas que no sacian, la locura desbordada de tu encanto,
forja un camino, transparente a mi pasado,
un camino que te lleve, siempre al puerto de mis barcos.
Barcos que naufragaron, en tu cuerpo enardecido.
Ven y naufraga aquí en mis labios,
en mis labios sedientos, de tus labios secos,
donde una vez mis besos, te regaron con la brisa del rocío.
Vete de una vez.
Siembra paz en mis horas con tu olvido.
Ya no quiero más de ti, ¿Que quise siempre de ti?
no fueron tus ojos, no fue tu risa, no fue tu voz tenue, no fueron tus caricias,
fue tu alma desapegada, alma que todo lo envuelve, alma que siempre reclama,
alma que desmedida, clamaba por la sangre de mis venas,
sangre que esparcí sobre cimientos, colmados con derrumbes de mi pena.
Sangra la herida, que aun esta abierta.
Ya no quiero tu ausencia,
ausencia que reverbera, con el dolor de las horas sin tus manos,
ausencia que clavaste en mis mañanas,
las mañanas donde el sol tibio, sabe al hedor del fracaso,
mañanas que cobijaron, tu nombre adormecido en mi regazo,
ya no quiero tu ausencia, ese espacio convergido por mi llanto,
tu ausencia es la esencia de mi alma.
La ausencia, de mi alma, es tu vacío.
Es entonces que te suplico…
Ya no quiero continentes desolados,
porque.
todo lo que llenas luego lo vacías.
y es
el fulgor de mi dolor en tus pupilas,
donde…
barcos naufragaron, en tu cuerpo enardecido,
por favor…
siembra paz, en mis horas con tu olvido,
que…
sangra la herida, que aun esta abierta
y eternamente la ausencia, de mi alma, es tu vacío.