{"id":101,"date":"2005-02-24T12:40:37","date_gmt":"2005-02-24T11:40:37","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/certamen\/?p=101"},"modified":"2018-02-09T13:42:24","modified_gmt":"2018-02-09T12:42:24","slug":"64-al-otro-lado-del-cristal-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/certamen\/?p=101","title":{"rendered":"64.  Al otro lado del cristal"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F101&print=pdf\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-pdf\" target=\"_blank\"><img src=\"https:\/\/canal-literatura.es\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/pdf.png\" alt=\"image_pdf\" title=\"View PDF\" \/><\/a><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F101&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\"><img src=\"https:\/\/canal-literatura.es\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Print Content\" \/><\/a><\/div><p style=\"text-align: justify;\">Aquella tarde, en el interior del ascensor, sobre el fondo del espejo, la vi por primera vez, entre la neblina del sucio cristal, mir\u00e1ndome fijamente y con un rictus de amargura en la boca. Intent\u00e9 sonre\u00edr, pero ella pareci\u00f3 no entender mi gesto de cortes\u00eda.<!--more--> Gir\u00e9 mi rostro hacia la puerta para olvidarme de su presencia. Las puertas se abrieron, con su eterno y desagradable chirrido, que hizo que mis dientes rechinaran. Al salir, volv\u00ed la cabeza hacia el interior pero s\u00f3lo vi el fondo vac\u00edo del espejo. Desconcertada, sujet\u00e9 la puerta antes de que se cerrase, y mir\u00e9 una y otra vez hacia aquel sucio cristal: nada, ni rastro de vida. \u00bfY ella? \u2014me pregunte\u2014, la de del rictus amargo \u00bfDonde hab\u00eda ido, qu\u00e9 le&#8230;? Intrigada, me introduje de nuevo en aquel peque\u00f1o recept\u00e1culo, buscando, absurdamente, entre las esquinas. Choqu\u00e9 mi cara contra el fr\u00edo cristal, pero nada se reflejaba en \u00e9l. Ella no estaba. \u00bfHab\u00eda salido o, tal vez, estaba escondida en lo m\u00e1s profundo del foso? Decid\u00ed olvidarla, aunque su rostro, parecido a mi rostro, y su cuerpo, semejante a mi cuerpo, se hab\u00edan instalado en mi mente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Eran ya las ocho de la tarde, los negros nubarrones reflejaban su oscuridad sobre el asfalto de la calle, y el fr\u00edo hab\u00eda convertido aquellas calles, bulliciosas horas antes, en un des\u00e9rtico lugar, donde ni siquiera a un vagabundo perro, que buscara comida, se ve\u00eda. Ten\u00eda que recorrer la larga avenida antes de llegar a la parada del autob\u00fas que me llevar\u00eda hasta la consulta del doctor. Hab\u00eda intentando, en vano, cambiar de hora, pues no me apetec\u00eda nada andar por las solitarias calles bajo la oscuridad de aquella ennegrecida tarde de invierno. La avenida estaba escasamente iluminada por un par de farolas, cada una situada en un extremo. Aliger\u00e9 el paso, al tiempo que alrededor de mi boca se formaba una aureola de vaho, creando formas extra\u00f1as que se desvanec\u00edan entre el aire fr\u00edo que me azotaba el rostro. Entre el silencio de la calle o\u00ed, detr\u00e1s de m\u00ed, unos pasos que acompasaban a los m\u00edos. No quise mirar a mi espalda, y aceler\u00e9 mi caminar en un intento de apartarme de mi inesperado o inesperada acompa\u00f1ante. Sent\u00ed c\u00f3mo aquellos pasos tambi\u00e9n se aceleraban. Aviv\u00e9 la marcha confiando en coger distancia, y as\u00ed alejar de m\u00ed esos otros pasos, mas segu\u00ed sinti\u00e9ndolos pr\u00f3ximos y al mismo ritmo que los m\u00edos. En mi cabeza urd\u00ed una artima\u00f1a y, con la disimulada disculpa de buscar algo en el bolso, me detuve de repente con la intenci\u00f3n de que me adelantasen, pero todo fue en vano, nadie pas\u00f3 a mi lado. Permanec\u00ed quieta y atenta unos momentos, y la incertidumbre creci\u00f3 en mi interior al no escuchar sonido alguno. Mis pies comenzaron a temblar, pero no me atrev\u00ed a mirar atr\u00e1s, pudiendo m\u00e1s el miedo que la curiosidad. Inicie una suave carrera, con la esperanza de alejarme de aquellos pasos invisibles, mas, de nuevo, o\u00ed el golpeteo de otros tacones sobre el suelo que corr\u00edan al un\u00edsono con los m\u00edos. El temor a lo desconocido me hizo lanzarme a una desenfrenada carrera a trav\u00e9s de la avenida, mientras mi coraz\u00f3n golpeaba con fuerza en mi pecho. Percib\u00ed, siempre a igual distancia, que alguien corr\u00eda a la misma velocidad y que se manten\u00eda cerca de mi cuerpo. No me era posible volver la vista, atenazada por un inexplicable terror. Mi mirada estaba fija en la farola existente al final de la avenida, justo encima de la parada del autob\u00fas. Segu\u00ed corriendo, con la esperanza de encontrar entre los cristales de la marquesina de la parada del bus a alguna otra persona en la que poder ampararme. Aquellos pasos segu\u00edan detr\u00e1s de los m\u00edos, y al mismo ritmo. Nada m\u00e1s se o\u00eda en la avenida: solo mis pasos, y aquellos otros pasos, y una respiraci\u00f3n entrecortada. Ya con las fuerzas al l\u00edmite del agotamiento, pude llegar hasta la parada. Me detuve en seco y, buscando ansiosamente, mir\u00e9 entre las mamparas de cristal: no hab\u00eda nadie m\u00e1s, nadie en quien refugiarme. Apoy\u00e9 las manos sobre el fr\u00edo cristal, mientras cerraba los ojos, temerosa de que a mis espaldas se oyese alg\u00fan chasquido: nada, todo era silencio, el silencio m\u00e1s absoluto; ni un crujido de zapatos, ni siquiera el suave sonido de un aliento se o\u00eda a m\u00ed alrededor. Lentamente fui dejando que mis parpados se abrieran. A trav\u00e9s del sucio cristal de la mampara apareci\u00f3 de nuevo su figura: estaba all\u00ed, igual que en el espejo del ascensor, mir\u00e1ndome fijamente y con un rictus de amargura en su boca. Su cuerpo y su rostro parec\u00edan los m\u00edos. Estaba all\u00ed, impasible, inm\u00f3vil, silenciosa, al otro lado del oscuro cristal. Un escalofri\u00f3 hizo tiritar todo mi cuerpo. Volv\u00ed los ojos hacia la avenida, por ver si entre el pavimento se divisaba alguna otra persona en la que esconderme de mis miedos, pero s\u00f3lo una des\u00e9rtica y negra capa de asfalto se divisaba a lo largo de la calle. Temblorosa, mir\u00e9 de nuevo hacia el cristal: estaba vac\u00edo, ya no hab\u00eda nadie; solo se reflejaba la tenue luz que bajaba despacio desde la farola. Intentando olvidarla me sent\u00e9 sobre el h\u00famedo banco que all\u00ed exist\u00eda, y con los brazos y las manos agarr\u00e9 con fuerza mi cuerpo, en un intento de sentir su calor y alejar el g\u00e9lido fr\u00edo que me cubr\u00eda. Con los ojos cerrados esper\u00e9 a que el autob\u00fas llegara. O\u00ed un ruido de motor y el crujir de unos frenos. Me levant\u00e9 y me acerqu\u00e9 a la puerta: no se abri\u00f3. Golpe\u00e9 el cristal una y otra vez: la puerta sigui\u00f3 cerrada. Grit\u00e9 e hice se\u00f1ales al conductor: este permaneci\u00f3 inm\u00f3vil. Del interior del autob\u00fas lleg\u00f3 a mis o\u00eddos una voz que dec\u00eda: &lt;&gt;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde aquella tarde, deambulo por las calles solitarias siguiendo a otros pasos y cont\u00e1ndoles esta historia a trav\u00e9s de los sucios cristales, con la esperanza de que alguien, quiz\u00e1 usted, me escuche, y me ayude a encontrar el camino de retorno a la casa olvidada.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Aquella tarde, en el interior del ascensor, sobre el fondo del espejo, la vi por primera vez, entre la neblina del sucio cristal, mir\u00e1ndome fijamente y con un rictus de amargura en la boca. 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