{"id":103,"date":"2005-02-25T15:27:02","date_gmt":"2005-02-25T14:27:02","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/certamen\/?p=103"},"modified":"2018-02-09T13:04:54","modified_gmt":"2018-02-09T12:04:54","slug":"66-bolso-triangular","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/certamen\/?p=103","title":{"rendered":"66. Bolso triangular"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F103&print=pdf\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-pdf\" target=\"_blank\"><img src=\"https:\/\/canal-literatura.es\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/pdf.png\" alt=\"image_pdf\" title=\"View PDF\" \/><\/a><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F103&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\"><img src=\"https:\/\/canal-literatura.es\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Print Content\" \/><\/a><\/div><p style=\"text-align: justify;\">Las luces de ne\u00f3n del coche fant\u00e1stico que atraves\u00f3 la calle, cegaron a Emilio durante escasamente quince segundos. Tiempo suficiente para que los integrantes del veh\u00edculo le arrebataran de un tir\u00f3n aquel extra\u00f1o bolso triangular a la anciana que paseaba por la otra acera.<!--more--> Cuando Emilio se quiso dar cuenta, la anciana yac\u00eda tumbada en el suelo. Sangraba por la cabeza a la vez que murmuraba unas palabras ininteligibles. La sangre lleg\u00f3 hasta una alcantarilla que estaba bajo ella y las palabras volaron de su boca hasta verla muerta sobre el asfalto.<br \/>\nEmilio se hallaba entre una mara\u00f1a de pies ambulantes que pretend\u00edan venderle equilibrio a costa de su fragilidad. La sirena de la ambulancia y el claxon de varios coches se mezclaron con su aturdimiento. El ins\u00f3lito coche era de color fucsia. Y el tir\u00f3n del bolso lo suficientemente fuerte para derribar a una anciana agarrada firmemente a \u00e9l. Aunque no comprend\u00eda el hecho de que, para llevarse el bolso de la anciana, tuvieran que acabar con ella. No entraba en sus cabales.<br \/>\nLos m\u00e9dicos facilitaron el veredicto evidente: otro cad\u00e1ver para investigar. Emilio se prest\u00f3 voluntario para informar a la polic\u00eda de lo que pudiera. De poco, pero seguro que ese olor a humo contaminado y los faros circulares delanteros con forma de espiral, les ayudar\u00eda para hallar antes el veh\u00edculo y a sus ocupantes.<br \/>\n\u201cVeditze morianen soete blaus\u201d fueron las \u00faltimas palabras de la anciana antes de morir. Aunque no se lo coment\u00f3 a la polic\u00eda por miedo a que lo tomaran por un loco. Emilio siempre hab\u00eda tenido una memoria fabulosa para recordar palabras.<br \/>\nEstuvo atento al siguiente informativo de la noche. El presentador parec\u00eda no saber de lo ocurrido. Ni tan siquiera los que hac\u00edan el sumario hab\u00edan tenido rastro de la noticia. En cambio si salieron dos noticias de las que llamaban comod\u00edn, que se sol\u00edan usar cuando no se ten\u00eda nada que contar de la actualidad.<br \/>\nFue una noche tremendamente larga para Emilio. \u201c\u00bfC\u00f3mo se les pod\u00eda haber pasado una noticia como esa?\u201d, pens\u00f3. Un coche fucsia, un bolso extra\u00f1o, una anciana muerta y nada en los medios de comunicaci\u00f3n. Si se hubiera enterado de la noticia Stephen King seguramente estar\u00edamos hablando de un nuevo best seller.<br \/>\nLa mancha de sangre de la acera hab\u00eda desaparecido a la ma\u00f1ana siguiente. \u201c\u00bfPara qu\u00e9 querr\u00edan el bolso de una anciana unos tipos que pod\u00edan permitirse un coche que ten\u00eda maqueados hasta los bajos?\u201d Dif\u00edcil pregunta, a no ser que el contenido del bolso tuviera algo de gran valor para ellos.<br \/>\nQuer\u00eda descifrar el conflicto, y aunque sab\u00eda que no era ning\u00fan detective ni que ten\u00eda que meter los hocicos donde no lo llamaban, su car\u00e1cter sentimental y solidario lo obligaba a saber algo m\u00e1s del asesinato de la pobre anciana.<br \/>\nTriangular y negro hasta transformarse en cuadrada, maquiav\u00e9lica y fr\u00e1gil, muy fr\u00e1gil, con un pomo puntiagudo con forma de Sol. As\u00ed deb\u00eda transmutar el bolso de la anciana cuando le incidieran los primeros rayos luminosos del d\u00eda. Aunque para ello el bolso deb\u00eda encontrarse en el mismo lugar de donde fue recogido, justamente una semana despu\u00e9s.<br \/>\nLa espera pod\u00eda ser eterna, aunque el tiempo le daba lo mismo. Estaba dado de baja por una enfermedad degenerativa y lo que m\u00e1s le sobraba era tiempo libre. Hab\u00edan pasado seis d\u00edas y no hab\u00eda obtenido ninguna pista ni indicio de los homicidas. A\u00fan as\u00ed, decidi\u00f3 aguantar una noche m\u00e1s, s\u00f3lo por testarudez.<br \/>\nLos especimenes se enfundaron guantes blancos, indumentarias largas y emplearon el coche beige que ten\u00edan guardado, desde que llegaron del otro mundo, para que nadie sospechara de ellos por el robo del bolso. Se colocaron las m\u00e1scaras opacas y resguardaron sus ojos con gafas resistentes a la luz. Sab\u00edan que no deb\u00eda incidirles ni una mota de luz antes de que se introdujeran por el port\u00f3n. Estaba todo preparado para el \u00faltimo viaje. Seg\u00fan los pergaminos digitales que se hallaban en su mundo, los seres que fueran capaces de sobrevivir a dos viajes intergal\u00e1cticos podr\u00edan gobernar el mundo, su mundo. Un mundo paralelo a la Tierra.<br \/>\nEmilio se cans\u00f3 de esperar y termin\u00f3 durmi\u00e9ndose en el banco donde se encontraba. Ni rastro de los ladrones.<br \/>\nComenz\u00f3 a so\u00f1ar. Y en sus sue\u00f1os volaba sobre una puerta de madera a la velocidad de la luz. Todo cuanto se cruzaba en su camino le era indistinguible. Pedazos de&#8230;, partes de&#8230;, substancias con&#8230; Le faltaba el&#8230; Y entre todos esos objetos confusos se hallaba la figura enorme y abrasante del Sol.<br \/>\nNo tard\u00f3 en despertarse, acalorado por la pesadilla que acababa de sufrir. A\u00fan no hab\u00eda amanecido cuando abri\u00f3 los ojos y se levant\u00f3 exaltado. Se hab\u00eda quedado dormido en un banco de la calle y aquel incidente con la anciana podr\u00eda haber sido hasta una m\u00e1s de sus pesadillas. Se levant\u00f3 para marcharse a su casa cuando un coche lleg\u00f3 a toda velocidad derrapando hasta subirse a la acera a escasos veinte metros de donde se situaba. De \u00e9l bajaron cuatro individuos abrigados, encapuchados y con guantes blancos en las manos. Ten\u00edan los rostros tapados con m\u00e1scaras y gafas de protecci\u00f3n como las que sol\u00edan usar los soldadores. Se agacharon a la par y colocaron un objeto de color oscuro en el suelo. Desde donde estaba Emilio no pod\u00eda percibirse de qu\u00e9 se trataba. As\u00ed que alz\u00f3 la mirada aunque sin \u00e9xito alguno. Entonces se acerc\u00f3 sigilosamente varios pasos, intentando no parecer entrometido, y observ\u00f3 qu\u00e9 era lo que se tra\u00edan entre manos. Cu\u00e1l fue su sorpresa que el objeto que se encontraba encima de la calzada era el bolso triangular que le hab\u00edan robado d\u00edas atr\u00e1s a la anciana.<br \/>\nLos individuos no se percataron de que Emilio estaba husme\u00e1ndolos. Hincaron las rodillas en el suelo y juntaron las manos para rezar. Despu\u00e9s comenzaron a balancearse como un columpio hacia atr\u00e1s y hacia adelante. El primer rayo de Sol de la ma\u00f1ana estaba a punto de aparecer. El ambiente fresco no era capaz de enfriar los \u00e1nimos, para seguir husmeando, con los que contaba Emilio. Sigui\u00f3 acerc\u00e1ndose para averiguar qu\u00e9 estaban tramando. El sonido de un claxon arrebat\u00f3 la concentraci\u00f3n de uno de los individuos que se qued\u00f3 mirando hacia la carretera y luego desvi\u00f3 la atenci\u00f3n hacia Emilio. Este qued\u00f3 est\u00e1tico. El individuo hizo como si no lo hubiera visto y sigui\u00f3 con el ritual junto a los dem\u00e1s. Emilio sigui\u00f3 acerc\u00e1ndose discretamente, pero a buen paso, hasta ellos. El primer rayo de Sol no tard\u00f3 en aparecer por el horizonte. Cay\u00f3 sobre el bolso de la anciana como un rel\u00e1mpago sobre un \u00e1rbol. El bolso r\u00e1pidamente se ensanch\u00f3 hasta transmutarse en una puerta de dos metros de alto por metro y medio de ancho. Era negra, con l\u00edneas rectas en relieve hacia el centro del port\u00f3n y un pomo con forma de Sol. El calor del primer rayo de Sol comenz\u00f3 a ser literalmente abrasador, haciendo estragos en las hojas de un \u00e1rbol que hab\u00eda a pocos metros de donde se situada la puerta. Emilio se acalor\u00f3 como si el term\u00f3metro hubiera subido inexplicablemente de veinte a cincuenta grados cent\u00edgrados. Los individuos, aunque protegidos con toda la ropa que llevaban encima, tambi\u00e9n se dieron cuenta de ello cuando vieron arder unos papeles dentro de una papelera que hab\u00eda a exiguos tres metros de ellos. La puerta negra se entreabri\u00f3 gradualmente recibiendo la \u00fanica mirada de Emilio que yac\u00eda incr\u00e9dulo por lo acontecido.<br \/>\nEl Sol sigui\u00f3 azotando ardientemente. Los cuatro individuos se levantaron sin cesar sus rezos. La puerta segu\u00eda abri\u00e9ndose a ritmo lento. El calor comenzaba a ser hostigador hasta tal punto de sobrecalentar uno de los brazos de Emilio, que segu\u00eda paralizado frente a incre\u00edbles hechos que estaban sucediendo. Al notar el intenso calor, sali\u00f3 de su letargo y corri\u00f3 para cubrirse del Sol tras un puesto de golosinas metalizado. Los individuos, a\u00fan sabiendo que si la puerta tardaba mucho en abrirse y la temperatura segu\u00eda subiendo se achicharrar\u00edan, siguieron de pie, con las palmas de las manos juntas y concentrados en sus oraciones.<br \/>\nEmilio pudo observar desde su cobijo y contarlo posteriormente a sus amigos, c\u00f3mo la puerta se abri\u00f3 completamente y de ella aparecieron miles de rayos solares superiores a los doscientos grados cent\u00edgrados de temperatura que pronto acabaron con todo lo que se encontraba alrededor en un per\u00edmetro de ocho metros. \u00c1rboles quemados, papeleras y bancos achicharrados y los cuatro individuos incinerados. A la misma vez un sonido gutural emiti\u00f3 unas palabras: \u201cVeditze morianen soete blaus\u201d (Venid, morid, siete d\u00edas). Despu\u00e9s, la calle se inund\u00f3 de un silencio sepulcral. El bolso desapareci\u00f3 y de la puerta no qued\u00f3 ni la cerradura. Emilio no entendi\u00f3 nada, ni nadie lo crey\u00f3 despu\u00e9s.<br \/>\nHan pasado unos a\u00f1os y a\u00fan se est\u00e1 buscando explicaci\u00f3n para lo sucedido aquel d\u00eda, y para el desvanecimiento de la anciana. En otro mundo, todav\u00eda se est\u00e1 esperando a qui\u00e9n pueda y deba gobernarlos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las luces de ne\u00f3n del coche fant\u00e1stico que atraves\u00f3 la calle, cegaron a Emilio durante escasamente quince segundos. 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