{"id":150,"date":"2005-03-02T12:04:31","date_gmt":"2005-03-02T11:04:31","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/certamen\/?p=150"},"modified":"2018-02-09T01:13:27","modified_gmt":"2018-02-09T00:13:27","slug":"109-angel-de-la-guarda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/certamen\/?p=150","title":{"rendered":"109. \u00c1ngel de la guarda"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F150&print=pdf\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-pdf\" target=\"_blank\"><img src=\"https:\/\/canal-literatura.es\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/pdf.png\" alt=\"image_pdf\" title=\"View PDF\" \/><\/a><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F150&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\"><img src=\"https:\/\/canal-literatura.es\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Print Content\" \/><\/a><\/div><p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00c9l entr\u00f3, penetr\u00f3 en la oficina con las facciones encajadas y el rictus del cad\u00e1ver que camina. Un metro noventa de m\u00fasculo resentido cubierto con un trescuartos de cuero negro, tan negro como su ausente mirada.<!--more--> Un esp\u00e9cimen de aspecto oscuro y semblante temible al que s\u00f3lo un loco preguntar\u00eda la hora. Y el de seguridad pregunta donde va, y el pu\u00f1o de acero se encaja en la tierna carne hasta el desvanecimiento, y el uniforme cae y se arruga en el suelo como mu\u00f1eco de trapo. Y \u00e9l, \u00e9l continua caminando entre despachos y pasillos laber\u00ednticos, con el paso constante del minutero que anuncia muerte. Secretarias que miran, administrativos que levantan la vista, becarias que ceden el paso con gesto de susto. Y \u00e9l pasa junto a ella, pero ella no lo nota, hechizada por la pantalla de ordenador no percibe que ha pasado la sentencia. Y \u00e9l se dirige al despacho del fondo, abre la puerta ante el reproche de la vieja secretaria, camina hacia el sorprendido cincuent\u00f3n de gafas, y una vez a su altura lo propulsa de una patada contra las cristaleras. El tipo cae al suelo y es izado, la ventana se abre y el hombre vuela.<br \/>\nEs todo. No ha habido preguntas, ni gritos, no habido tiempo. Cuando la secretaria entra en el despacho \u00e9l sale del mismo, sus miradas se cruzan y por alg\u00fan motivo la mujer se aparta sin poder pesta\u00f1ear. \u00c9l la sobrepasa y deja tras de si un despacho vac\u00edo donde remolinos de papeles advierten que alguien ha dejado la ventana abierta.<br \/>\nSu paso es el mismo, cuando vuelve a pasar junto a ella, ella le observa de lado y jura que aquellas duras facciones le suenan. Es un instante porque \u00e9l desaparece sin mirarla. Una enorme sombra que se aleja sobre una tapicer\u00eda repleta de polvo desandando el camino andado, pasando sobre el inconsciente uniforme y la preocupada bedel que le atiende, que abre una entrada y se pierde en un r\u00edo de caras y prisas.<br \/>\nNadie supo que hab\u00eda ocurrido. Nadie sab\u00eda quien era aquel tipo que tir\u00f3 al jefe de proyectos por la ventana. Nadie sab\u00eda el por qu\u00e9. Ella tampoco, pero ella no lo sinti\u00f3. Aquel cabr\u00f3n le hac\u00eda la vida imposible, la acosaba y amenazaba con relegarla de no ceder, \u00a1hijoputa baboso! Estaba bien muerto, quiz\u00e1 fuera pecado alegrarse pero aquel cabr\u00f3n estaba mejor muerto, pens\u00f3.<br \/>\nY ella sonr\u00edo. Compr\u00f3 un vestido verde y rosa y gir\u00f3 y gir\u00f3 en aquel probador hasta desgastarlo. Y cambi\u00f3 sus zapatos por otros de color rojo y taconeo y taconeo hasta quedar sorda. Y sonr\u00edo. Y observ\u00f3 el cielo y pens\u00f3 que los dioses la bendec\u00edan con una lluvia de sonrisas. Y sonr\u00edo. Y fue un poco m\u00e1s feliz. Y los d\u00edas juntaron meses.<br \/>\nLas largas caladas dejan escapar cortinas de humo que juegan a estrellarse contra el trescuartos de cuero que camina. Los ojos negros, como muertos, observan la nada de una calle vac\u00eda y fr\u00eda en un atardecer cotidiano. El depredador de piedra camina, con aquel caminar constante, comienza la letan\u00eda de pisadas y zancadas secas que anuncian la cacer\u00eda. Las manos en los bolsillos y los ojos clavados en la puerta roja del bar custodiada por un gorila que escucha las pisadas y le observa con la seguridad de que hay un error en todo esto. \u00c9l alcanza el port\u00f3n y lo propulsa. El portero hace adem\u00e1n de impedirlo pero se arrepiente, su obtusa pero primaria mente le advierte con el latigazo del instinto de conservaci\u00f3n y todo queda en un leve gesto que no es nada.<br \/>\nEl calor, el humo y las risotadas de los parroquianos sacuden la erguida figura que acaba de penetrar y que camina hac\u00eda el fondo sobrepasando mesas y seres. Es el experto camarero el que lo nota, percibe que algo anormal flota en el establecimiento, lo huele, y sus ojos se clavan en un trescuartos negro que sortea figuras y se dirige a la \u00faltima de las mesas.<br \/>\n\u00c9l se detiene y algo plateado surge de su mano derecha para describir un vuelo anacr\u00f3nico a la velocidad del sonido. El tipo barbado de rizado pelo negro que hay sentado se lleva las manos a la garganta extra\u00f1ado, entre los dedos el color carmes\u00ed comienza a anunciarle una muerte l\u00edquida y sorda. El tipo intenta decir algo pero finalmente se desploma desangrado sobre la mesa que ocupa con otros tres amigos. Para entonces el trescuartos negro ha alcanzado la salida, y seguido por la pasmada mirada del camarero, abandona el local. El gorila observa c\u00f3mo el error se aleja hasta que tres enloquecidos tipos surgen del interior gritando y comienzan a correr tras \u00e9l. Mala idea le dicta su hipot\u00e1lamo.<br \/>\n\u00c9l no corre, para qu\u00e9. S\u00f3lo se gira y espera a que los tres tipos lleguen a su altura. El primero m\u00e1s por inercia que por convencimiento vuela sobre una figura que simplemente alargando la mano le propulsa sobre la carrocer\u00eda de un coche en la que queda encajado e inconsciente. Sus restantes amigos se abalanzan al un\u00edsono sobre un trescuartos de cuero que proyecta un codazo bestial que destroza una mand\u00edbula junto con un estado de \u00e1nimo, y un demoledor cabezazo que derrumba la excitada figura de algo que se crey\u00f3 cazador y result\u00f3 cazado. Es todo.<br \/>\n\u00c9l se aleja por la calle entre un nutrido grupo de curiosos entre los que est\u00e1 ella, y ella le observa de reojo pregunt\u00e1ndose si le conoce. Y no pasa nada, porque nada tiene que pasar, s\u00f3lo la tarde que se hace m\u00e1s tarde y toma cuerpo de noche. Y ella contin\u00faa caminando hacia un bar de puerta roja protegida por un gorila.<br \/>\nNadie supo que hab\u00eda ocurrido. Nadie entend\u00eda por qu\u00e9 aquel tipo hab\u00eda degollado a Juli\u00e1n. Nadie se lo explicaba. Ella tampoco, pero no lo sinti\u00f3, Juli\u00e1n, su exnovio la maltrataba y no paraba de amenazarla con matarla sino volv\u00eda con \u00e9l, est\u00e1 era la en\u00e9sima vez que intentaba zanjarlo con \u00e9l. As\u00ed que cuando vio lo que hab\u00eda pasado no lo sinti\u00f3, aquel cabr\u00f3n estaba mejor muerto. \u00a1Valiente hijoputa! Ya no podr\u00e1s volver a tocarme, pens\u00f3.<br \/>\nY ella sonri\u00f3. Cort\u00f3 su pelo y sacudi\u00f3 y sacudi\u00f3 su cabeza hasta que el despeinado le doli\u00f3. Y sonri\u00f3. Ti\u00f1\u00f3 lo que quedaba de su cabellera de negro azabache y se pein\u00f3 y se pein\u00f3 sin dejar de tararear una est\u00fapida canci\u00f3n de amor. Y contin\u00fao sonriendo. Y pens\u00f3 que el mundo era un lugar mejor donde los hombres hac\u00edan las paces con los dioses y entonaban c\u00e1nticos de victoria. Y fue un poco m\u00e1s feliz. Y los d\u00edas juntaron meses.<br \/>\n\u00c9l camina, camina, como siempre, camina. Desciende la calle con la celeridad acostumbrada y el rostro serio e ingr\u00e1vido que no muestra nada. El leve pesta\u00f1eo y una mueca extra\u00f1a justo antes de dar otra calada translucen un brillo met\u00e1lico en unas pupilas negras de depredador anunciando la cacer\u00eda. Su paso no se altera y el gesto herm\u00e9tico de aquella mole corp\u00f3rea permanece impasible ante la llegada del corredor.<br \/>\nEl joven \u00e1rabe corre con el bolso consciente de que est\u00e1 salvado habiendo doblado la esquina, aun as\u00ed contin\u00faa acelerando y s\u00f3lo un instante antes de que una enorme palma de mano le hunda el hueso de la nariz en el cerebro, se extra\u00f1a del aspecto del tipo de trescuartos negro al que est\u00e1 a punto de superar. Eso es todo. La muerte es algo simple.<br \/>\nNadie lo vio. Nadie entendi\u00f3 c\u00f3mo pudo ocurrir. Nadie supo qui\u00e9n se hab\u00eda cargado al chico. La extra\u00f1eza fue generalizada. S\u00f3lo ella lo not\u00f3, mientras la ayudaban a incorporarse tras sufrir un tir\u00f3n por parte del delincuente, lo not\u00f3. Observ\u00f3 c\u00f3mo el trescuartos de cuero y aquellas facciones secas sorteaban a los presentes y pasaban junto a ella para perderse calle abajo. Lo vio. Lo reconoci\u00f3. Esta vez le dio igual que aquel mierda estuviera muerto, no se alegr\u00f3 especialmente, o quiz\u00e1 s\u00ed, quiz\u00e1 algo mientras curaba sus ensangrentadas rodillas.<br \/>\nY esta vez ella no sonri\u00f3, ni compr\u00f3 nada, no cant\u00f3 ni tacone\u00f3, esta vez no ti\u00f1\u00f3 nada. S\u00f3lo permaneci\u00f3 en silencio. Y pens\u00f3, pens\u00f3 de qu\u00e9 conoc\u00eda a aquel hombre de trescuartos de cuero negro que eliminaba a los que la hac\u00edan da\u00f1o. Y pens\u00f3 y pens\u00f3. Y los d\u00edas juntaron meses.<br \/>\nY una ma\u00f1ana los ojos de ella se abrieron de golpe con un brillo especial y all\u00ed estaba \u00e9l. Y \u00e9l dijo una frase en franc\u00e9s y sac\u00f3 de su trescuartos un elegante frasco de perfume llamado \u201cAnge gardien\u201d y se lo ofreci\u00f3.<\/p>\n<p>Fundido en negro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y los presentes rompen en aplausos y alaban la presentaci\u00f3n de la nueva fragancia, s\u00f3lo hay alguna duda sobre la posible violencia del spot pero los creativos dicen que est\u00e1 todo medido en base a estudios previos, encuestas y testeos realizados a grupos de consumidores especialmente representativos, y que la futura campa\u00f1a televisiva les dar\u00e1 la raz\u00f3n.<br \/>\nTotal que doy el OK y oculto mi opini\u00f3n por temor a que puedan notar que no soy un consumidor representativo, y rezo porque llegue el d\u00eda en que publicidad y realidad sean la misma cosa y todos seamos consumidores representativos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; \u00c9l entr\u00f3, penetr\u00f3 en la oficina con las facciones encajadas y el rictus del cad\u00e1ver que camina. 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