{"id":38,"date":"2005-01-28T10:09:13","date_gmt":"2005-01-28T09:09:13","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/certamen\/?p=38"},"modified":"2018-02-14T13:58:45","modified_gmt":"2018-02-14T12:58:45","slug":"10-ari-mi-amor-de-espinas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/certamen\/?p=38","title":{"rendered":"10. Ari, Mi amor de espinas"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F38&print=pdf\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-pdf\" target=\"_blank\"><img src=\"https:\/\/canal-literatura.es\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/pdf.png\" alt=\"image_pdf\" title=\"View PDF\" \/><\/a><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F38&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\"><img src=\"https:\/\/canal-literatura.es\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Print Content\" \/><\/a><\/div><p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Qu\u00e9 curiosa estampa contemplo. Atardece frente a m\u00ed, a orillas del Adri\u00e1tico y al tiempo estoy tumbada en el hojaldre de s\u00e1banas de raso y tafetanes pomposos que componen mi lecho en Par\u00eds. Mi cuerpo suspende sobre el colch\u00f3n, p\u00e1lido como una Victoria de Samotracia. Sin pulso en mis venas, l\u00edvida, muerta. Acabo de abandonar un tr\u00e1fago de soledades y melancol\u00eda por tu culpa, Ari. Qu\u00e9 grand\u00edsimo hijo de puta y qu\u00e9 amante abrasador. Hoy mi coraz\u00f3n ha dejado de latir pero hac\u00eda ya a\u00f1os que fing\u00eda una existencia hueca. Tuviste que pedirme aquello.<!--more--><br \/>\nCuando el hombre peque\u00f1o proyecta la sombra de un gigante lo mejor es huir. Pero yo me qued\u00e9 a tu lado, incluso contra tu voluntad. Alfe\u00f1ique, due\u00f1o de mi coraz\u00f3n. Cruel, fr\u00edo como tus cuentas. Me abandonaste por aquella viuda americana que te daba el empaque de honorable, que no te amaba en absoluto y cuyo inter\u00e9s se basaba en los ceros de tu cuenta corriente. Ari. Tuviste que pedirme aquello. Nunca me lo perdon\u00e9&#8230;Aunque a ti, s\u00ed. A ti siempre. Sin merecerlo. S\u00e9 que te voy a encontrar detr\u00e1s de esta tramoya anaranjada de un mar muerto a las cinco de la tarde \u00bfCon qu\u00e9 cumplido est\u00fapido me recibir\u00e1s?. Ari, hirviente y deseado Ari. Mi amor de espinas. No s\u00e9 como me pude obcecar contigo, qu\u00e9 estulte sentimiento me ataba, me ata todav\u00eda a tu alma cancerosa, poderosa y enclenque a un tiempo. Sabes que tras de ti no hubo m\u00e1s satisfacciones carnales, tan s\u00f3lo bruma. Sabes que me destrozaste y no recib\u00ed de ti ni un s\u00edmbolo de conmiseraci\u00f3n en el pr\u00f3logo de mis tristes a\u00f1os . No est\u00e1 hecha la miel para la boca del asno. Pero yo amaba al asno&#8230;Y cuando el asno muri\u00f3 se esfumaron mis razones. Mi vida la viv\u00eda por ti. Y tuviste que pedirme aquello. Era el fruto de nuestro amor, Ari \u00bfA ti que m\u00e1s te daba?\u00bfAcaso te aterraba saberte con otra heredera? Abandonarme fue humillante\u2014Aparqu\u00e9 mi carrera para d\u00e1rtelo todo, lo dijeron durante muchos meses los peri\u00f3dicos en los que dej\u00e9 de ser la gran diva para convertirme en una m\u00e1s de tus posesiones\u2014pero \u00a1aquella demanda macabra y s\u00e1dica&#8230;!El infierno no puede ser un lugar de fuego sino de hielo, como el g\u00e9lido desamparo de los ancianos abandonados en mitad de la calle, como la ceguera injusta para aquellos que no son llamados a habitar entre nosotros porque alguien decide negarles el paso a este mundo. Era mi hija y yo la mat\u00e9 porque t\u00fa me lo pediste\u2014me lo exigiste\u2014 con una autoridad fiera. Pero yo, aquella que todos ten\u00edan por diva, tigresa e intratable, te obedec\u00ed. Mi tendencia natural a la f\u00e9rrea disciplina, al estricto y obligado cumplimento de las normas me llevaron destruir, maldita sea, a un nonato indefenso. Nos convertimos en los personajes de una tragedia griega en pleno siglo XX. Nos cre\u00edmos dioses. Pero no lo somos, no lo fuimos. Ce\u00f1\u00edamos coronas de laureles pero siempre anduvimos descalzos. Siempre fuimos ni\u00f1os pobres. Y yo nunca me he acercado ni remotamente a la personalidad de Medea. Mat\u00e9 por ti, Ari. Al salir de aquella cl\u00ednica dej\u00e9 de ser para siempre esa mujer de acero inolvidable para convertirme en alguien vil. T\u00fa no sabes c\u00f3mo huele una sala blanca de azulejos en mitad de un bosque marsell\u00e9s. No conoces el aroma a sangre y vida de nuestra hija. Esa vida que incluso tuvo el pat\u00e9tico honor de hacerme compa\u00f1\u00eda. Algo tuyo y m\u00edo. Carne de mi carne y de tu \u00e9xtasis. Yo me arrepent\u00ed en el acto de aquel arrebato de c\u00f3lera y pasi\u00f3n ciega.<br \/>\nEntonces Dios, el aut\u00e9ntico Dios, no un engre\u00eddo capitalista, me quit\u00f3 el don. Las d\u00e1divas las recibe quien las merece. Yo hac\u00eda feliz a la gente. Ese era mi leitmotiv: transmitir sensaciones, convertirme en una hero\u00edna que con un estilo verista, sensual y moderno\u2014dec\u00edan los cr\u00edticos\u2014 revolucion\u00f3 el mundo de los divos y las divas de la \u00f3pera. Del puro fuego no se desprende sino calor, humanidad, complicidad y genio con sus virtudes y defectos. Pero romper una vida, nuestra vida, iba contra mi naturaleza Querid\u00edsimo Ari, malnacido Ari. Muerte de mi muerte. Hoy te ver\u00e9 de nuevo, despu\u00e9s de tantos a\u00f1os.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Qu\u00e9 curiosa estampa contemplo. Atardece frente a m\u00ed, a orillas del Adri\u00e1tico y al tiempo estoy tumbada en el hojaldre de s\u00e1banas de raso y tafetanes pomposos que componen mi lecho en Par\u00eds. Mi cuerpo suspende sobre el colch\u00f3n, p\u00e1lido como una Victoria de Samotracia. Sin pulso en mis venas, l\u00edvida, muerta. Acabo de [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[4],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/38"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=38"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/38\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":261,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/38\/revisions\/261"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=38"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=38"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=38"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}