{"id":67,"date":"2005-02-15T12:58:45","date_gmt":"2005-02-15T11:58:45","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/certamen\/?p=67"},"modified":"2018-02-09T21:33:34","modified_gmt":"2018-02-09T20:33:34","slug":"35-la-pistola-de-moravia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/certamen\/?p=67","title":{"rendered":"35. La pistola de Moravia"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F67&print=pdf\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-pdf\" target=\"_blank\"><img src=\"https:\/\/canal-literatura.es\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/pdf.png\" alt=\"image_pdf\" title=\"View PDF\" \/><\/a><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F67&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\"><img src=\"https:\/\/canal-literatura.es\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Print Content\" \/><\/a><\/div><p style=\"text-align: justify;\">Francisco Santamar\u00eda sali\u00f3 de casa con una mueca puesta. Era una mueca que s\u00f3lo \u00e9l conoc\u00eda. Era la mueca de un hombre que encerraba m\u00e1s de un secreto.<!--more--><br \/>\nHab\u00eda planeado con cuidado y desde hac\u00eda varios d\u00edas, una ruta, un camino, que precisamente hoy se dispon\u00eda a seguir.<br \/>\nTodo por una pistola. Una pistola alemana, del calibre nueve; y que ten\u00eda en el tambor cuatro balas. El sab\u00eda que cuando la obtuvo ya ten\u00eda los n\u00fameros de serie borrados, pero no sab\u00eda hasta qu\u00e9 punto podr\u00eda convencer a alguien de ello.<br \/>\nInici\u00f3 su ruta. El primer tramo lo llev\u00f3 hasta la puerta, enrejada y abierta del Parque de San Juan. Tras un espacio asfaltado, a la entrada del parque, tom\u00f3 el camino previsto; el camino que recorre el sur del parque, y sigue cuando el parque ya no es parque para poder acompa\u00f1ar el discurrir del r\u00edo Silo.<br \/>\nFrancisco siempre hab\u00eda confundido las causas y sus efectos; as\u00ed que pensaba que la pistola era la fuente de sus males, especialmente con Sara. Sara le hab\u00eda estado incordiando desde que descubri\u00f3 la pistola. Le hab\u00eda dicho varias veces que se deshiciera de ella, y andaba especialmente mosqueada por lo de los n\u00fameros de serie borrados. Ella dec\u00eda que eso s\u00f3lo pod\u00eda significar una cosa: impunidad, y no cre\u00eda que \u00e9sa fuera la mejor compa\u00f1\u00eda de un arma.<br \/>\nMientras pasaba frente a uno de los merenderos cerrados del parque, recordaba c\u00f3mo Sara le hab\u00eda gritado ayer.<br \/>\n\u2014\u00a1Eres un maldito in\u00fatil! \u00bfQu\u00e9 es lo que has estado haciendo toda la tarde, si puede saberse?<br \/>\n\u2014Nada, que&#8230;<br \/>\n\u2014\u00a1Nada que nada! Y esa maldita pistola. \u00bfSe puede saber que hac\u00eda entre tus camisetas?<br \/>\n\u2014No te preocupes por eso&#8230;<br \/>\n\u2014\u00a1Me voy a la calle!<br \/>\nPasado el merendero, el parque se convert\u00eda en algo m\u00e1s salvaje. A los elaborados parterres municipales les suced\u00eda una zona m\u00e1s descuidada, que ya predec\u00eda el final del parque. A Francisco le gustaba m\u00e1s esa parte.<br \/>\nCada vez pasaba menos gente. Detr\u00e1s no parec\u00eda venir nadie, mientras que delante, hasta donde Francisco alcanzaba a ver, s\u00f3lo se adivinaba la figura de un hombre.<br \/>\nCuando se cruzaron, ese hombre se detuvo frente a Francisco<br \/>\n\u2014\u00a1Eh! \u00a1P\u00e1rate! Que te pares, te digo. As\u00ed esta mejor.<br \/>\n\u2014\u00bfQu\u00e9 quieres? -Francisco le mir\u00f3 de reojo.<br \/>\n\u2014Primero, que no tengas tanta prisa, capullito. Y ahora&#8230; \u00bfqu\u00e9 llevas encima? Vamos; al\u00e9grame el d\u00eda.<br \/>\nFrancisco llevaba la mano derecha en su gabardina y no hab\u00eda dejado de acariciar la pistola desde que se cruz\u00f3 con aquel tipo.<br \/>\n\u2014\u00bfDe verdad quieres saberlo, hijo de perra? Antes de terminar la frase movi\u00f3 con fuerza la mano hacia aquel hombre, empu\u00f1ando la pistola sin sacarla del bolsillo. Francisco se hab\u00eda crecido. La mano en la empu\u00f1adura le hab\u00eda bastado para sentir poder, sin ni siquiera haber acercado un dedo al gatillo. El tipo que le hab\u00eda asaltado pareci\u00f3 dudar; mir\u00f3 hacia lo que le pareci\u00f3 una pistola dentro de la gabardina de Francisco y despu\u00e9s directamente a sus ojos. Algo no le cuadraba.<br \/>\n\u2014\u00a1Vale! Tranquilo, t\u00edo&#8230; levant\u00f3 un poco los brazos y se fue.<br \/>\nDurante un buen trecho, Francisco se sinti\u00f3 bien. Pens\u00f3 en c\u00f3mo hab\u00eda ahuyentado a su asaltante; en lo f\u00e1cil que le hubiera resultado acabar con su vida. Incluso se atrevi\u00f3 a fantasear con la pistola en la mano, esta vez por fuera de la gabardina.<br \/>\nCuando se dio cuenta de que el camino ya no era el del parque, sino su continuaci\u00f3n, pr\u00f3xima al r\u00edo, dej\u00f3 de fantasear.<br \/>\nHab\u00eda llegado al lugar que hab\u00eda querido y temido a la vez. Para alguien que no fuera Francisco, \u00e9ste hubiera sido el lugar para apreciar c\u00f3mo los \u00e1rboles, que flanqueaban al Silo, parec\u00edan inclinarse a su paso. Pero \u00e9l miraba en direcci\u00f3n opuesta, a su derecha.<br \/>\nPor entre los setos y los \u00e1rboles volvi\u00f3 a verlos. Vio a Sara y al tipo al que gustaba llamar \u201cgusano relamido\u201d.<br \/>\nDistingui\u00f3 el coche rojo del \u201cgusano\u201d, justo detr\u00e1s de ellos dos. Parec\u00edan un cartel de propaganda del coche \u2014pens\u00f3: parejita feliz despu\u00e9s de un buen revolc\u00f3n, se solazan delante de su gran coche rojo sin el que el revolc\u00f3n no hubiera sido posible.<br \/>\nSus pensamientos impulsaron su mano derecha hacia la pistola. Se mantuvo en el camino, pero flexion\u00f3 las piernas ligeramente. Encontr\u00f3 el agujero perfecto por entre los setos. Apunt\u00f3 hacia el \u201cgusano relamido\u201d que estaba sentado de espaldas a Francisco; los dos lo estaban. Apuntaba a su cabeza&#8230;<br \/>\nMovi\u00f3 la mano hacia su derecha. Pas\u00f3 a apuntar a Sara. Mantuvo la pistola durante casi un minuto apuntando a la cabeza de Sara&#8230;<br \/>\nBaj\u00f3 la pistola, y la guard\u00f3 de nuevo.<br \/>\nCamin\u00f3 otros cien metros para salir de all\u00ed, siguiendo la direcci\u00f3n del r\u00edo. Encontr\u00f3 un tronco talado que pens\u00f3 que le valdr\u00eda para sentarse. Se sent\u00f3.<br \/>\nVolvi\u00f3 a echar mano de la pistola. Esta vez la dirigi\u00f3 a su propia cabeza. Apret\u00f3 el ca\u00f1\u00f3n sobre su sien derecha&#8230;<br \/>\nAunque fue la vez en que el dedo \u00edndice lleg\u00f3 a presionar m\u00e1s el gatillo, no fue lo suficiente para disparar.<br \/>\nSe levant\u00f3. Anduvo un trecho m\u00e1s del camino, hasta donde \u00e9ste hac\u00eda una peque\u00f1a curva, que lo aproximaba m\u00e1s al r\u00edo. Ech\u00f3 el brazo derecho hacia atr\u00e1s y arroj\u00f3 la pistola al r\u00edo.<br \/>\nTrat\u00f3 de ver c\u00f3mo la pistola se hund\u00eda, y durante unos instantes le fue posible seguirla; despu\u00e9s, simplemente la imagin\u00f3 golpeando el fondo; convirti\u00e9ndose en un cuerpo extra\u00f1o del lecho del r\u00edo. Qui\u00e9n sabe- pens\u00f3- si no ir\u00eda a parar al lado de otra pistola, tambi\u00e9n con los n\u00fameros de serie borrados&#8230;<br \/>\nContinu\u00f3 el camino a partir de ah\u00ed, pero sigui\u00f3 la direcci\u00f3n contraria a su casa. La que tratar\u00eda de llevar siempre.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Francisco Santamar\u00eda sali\u00f3 de casa con una mueca puesta. Era una mueca que s\u00f3lo \u00e9l conoc\u00eda. 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