{"id":83,"date":"2005-02-21T16:10:16","date_gmt":"2005-02-21T15:10:16","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/certamen\/?p=83"},"modified":"2018-02-09T13:54:13","modified_gmt":"2018-02-09T12:54:13","slug":"49-mis-horas-con-mario","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/certamen\/?p=83","title":{"rendered":"49. Mis horas con Mario"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F83&print=pdf\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-pdf\" target=\"_blank\"><img src=\"https:\/\/canal-literatura.es\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/pdf.png\" alt=\"image_pdf\" title=\"View PDF\" \/><\/a><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F83&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\"><img src=\"https:\/\/canal-literatura.es\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Print Content\" \/><\/a><\/div><p style=\"text-align: justify;\">Tengo una resaca como un piano. Un piano de cola. El malestar de mi amigo Mario debe ser todav\u00eda peor, no porque haya ingerido m\u00e1s litros de alcohol que yo, sino porque su mujer es mucho menos transigente que la m\u00eda.<!--more--> Y eso que la m\u00eda se pone como una fiera cada vez que me olvido un pelo en el lavabo o mi bocadillo de sardinillas deja restos de escabeche en su sof\u00e1. El d\u00eda menos pensado, la polic\u00eda cient\u00edfica tendr\u00e1 serias dificultades en rescatar mis propios restos del canap\u00e9.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No se crea que anoche Mario y yo ten\u00edamos un evento que celebrar a solas por todo lo alto despu\u00e9s de no habernos visto desde el instituto, ni mucho menos. Tenemos el placer de disfrutar el uno del otro muy a menudo, concretamente cada s\u00e1bado, de cada semana, de cada a\u00f1o y de cada uno de los dos siglos que llevamos coexistiendo. Miguel Delibes a mi lado es un iniciado, y Lola Herrera una actriz de reparto.<br \/>\nLa peri\u00f3dica congregaci\u00f3n se celebra sin falta alguna en casa de una u otra de nuestras respectivas costillas. La cena siempre es algo sencillo, ya sabe; croquetas, tortilla, presuntos calamares a la romana, montaditos de irreconocible caviar, y de postre una imitaci\u00f3n de alg\u00fan helado veraniego que se adquiere en cualquier autoservicio descuento a buen precio. Si se riega el manjar con unas cuantas cervezas y el partido que retransmite la televisi\u00f3n p\u00fablica, nada que objetar. Personalmente me encargo del tema de las cervezas, que nunca falten y que siempre est\u00e9n bien fr\u00edas. El poder ver tranquilamente el partido es mucho m\u00e1s complicado, por no decir imposible. La culpa la suele tener, pongamos por ejemplo, un profundo debate acerca de la condici\u00f3n sexual de un personaje p\u00fablico que no es precisamente un premio Nobel, o tambi\u00e9n sirve la \u00faltima cana al aire de alg\u00fan torero. Tan apasionadamente ven el programa las f\u00e9minas, que ni tan siquiera permiten cambiar de canal durante la informaci\u00f3n comercial, aunque yo a eso no le llamo pasi\u00f3n, sino mala leche. Entre la brutal programaci\u00f3n, la dureza de los calamares que parecen preservativos rebozados, y que s\u00e9 que la tinta que sueltan las huevas perdurar\u00e1 tres d\u00edas impregnada en mis dedos, toda la cerveza es poca.<br \/>\nLo obligada cita con el Trivial llega al cabo de tres horas de cotilleo televisivo, cuando a la palestra sale un desconocido para hacer caja rajando de las hipot\u00e9ticas operaciones de est\u00e9ticas de una vieja gloria olvidada por todos. Recuerdo un d\u00eda que retransmit\u00edan un Madrid Bar\u00e7a a vida o muerte, sin dudarlo un segundo cog\u00ed el m\u00f3vil y marqu\u00e9 el n\u00famero que sale en pantalla invitando a los aludidos a participar en el festival, incomprensiblemente no entr\u00e9 en antena, mis razones no eran las apropiadas me contest\u00f3 muy educadamente una se\u00f1orita. El marido de \u00e9sta s\u00ed que es un tipo con suerte.<br \/>\nNo s\u00e9 si por falta de inter\u00e9s o por ebriedad, la base circular representativa del equipo que formamos Mario y yo tarda horrores en conseguir rellenarse de quesitos (Tal vez se deba tambi\u00e9n a que nuestro grado de inteligencia pasar\u00eda desapercibido en el lejano paleol\u00edtico). La estrategia que seguimos siempre es la misma; intentar caer en la casilla que permite repetir tirada, o en su defecto en la naranja que es la deportes. Si a una mala formaci\u00f3n le a\u00f1adimos un toque de mala suerte, muchas son las posibilidades de que el resultado sea nefasto. Y eso es precisamente lo que nos suele suceder, esperamos impacientemente una pregunta acerca de un ciclista hist\u00f3rico o el pichichi de alguna temporada de la d\u00e9cada de los cincuenta, y siempre tiene que caer una de toros. \u00a1Hay que joderse!, toros. De tauromaquia Mario sabe que el Gran Sangre de Toro se cultiva en el Pened\u00e9s, y por mi parte no s\u00f3lo tengo conocimiento del nombre y apellido de la viuda de Paquirri, sino tambi\u00e9n del de la ex mujer de su actual pareja, e incluso sin esforzarme mucho puedo recordar el de las parejas que han pasado por los brazos de cada uno de sus hijos, eso s\u00ed, no me pregunte la plaza en la que falleci\u00f3 el matador.<br \/>\nLa paliza final es celebrada por nuestras contrincantes como si le hubiesen ganado la partida al mism\u00edsimo Bill Gates.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La idea de tomarnos un s\u00e1bado de descanso nos llevaba rondando a Mario y a m\u00ed por la cabeza desde hac\u00eda un par de a\u00f1os. Necesit\u00e1bamos una noche de marcha como las de antes que refrigerara nuestro tullido esqueleto. Todo estaba planeado.<br \/>\nEn el momento en que el manjar cotidiano estuvo servido sobre la mesa de la sala de Mario y la imagen del partido desapareci\u00f3 de la pantalla de su televisor, \u00e9ste simul\u00f3 un repentino ataque de apendicitis, evidentemente me ofrec\u00ed de inmediato voluntario para llevarlo a urgencias. Calcul\u00e1bamos que ten\u00edamos tranquilamente unas doce horas por delante antes de que nuestras esposas se empezasen a preocupar por no haber regresado del hospital, al menos que la mujer de mi amigo recordase la cicatriz que \u00e9ste tiene en el lado derecho de su vientre, que no es fruto precisamente de una cornada. \u00a1Y comenz\u00f3 la fiesta!<br \/>\nLas primeras dos horas las pasamos engullendo toda clase de deliciosas tapas delante de la pantalla m\u00e1s grande que encontramos en la ciudad para disfrutar de noventa minutos de f\u00fatbol, tan \u00e1vidos est\u00e1bamos por el espect\u00e1culo, que lo mismo nos hubiera dado que fueran dos equipos italianos los que se enfrentaban. La cerveza tampoco falt\u00f3 al fest\u00edn. Un alem\u00e1n sentado en una terraza de la Costa del Sol necesitar\u00eda de otros dos compatriotas para superarnos en litros de cebada. Tras la cena un buen carajillo, y para la discoteca.<br \/>\nSent\u00edamos el mismo gusanillo en el est\u00f3mago que con quince a\u00f1os de camino a la fiesta. Esas mismas ansias de entonces por llegar al lugar de destino, acelerando el paso como si as\u00ed acort\u00e1semos el espacio sin darnos cuenta de que lo que realmente hac\u00edamos no era otra cosa que ganar un poco de tiempo, a un tiempo que no sab\u00edamos todav\u00eda a cu\u00e1n velocidad hab\u00eda pasado.<br \/>\nAl entrar al local, el portero, un gorila vestido con traje negro y camisa blanca, nos abre la puerta dese\u00e1ndonos buenas noches. Sorprendido, le pregunto a Mario:<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfNo era ese Suso?<br \/>\n&#8211; S\u00ed.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Suso ya era el portero de la disco cuando el acn\u00e9 decoraba mis adorables mofletes y mis hormonas vend\u00edan su primavera por un m\u00edsero pico con sabor a chicle de fresa. Mi descomunal sorpresa era debida no s\u00f3lo por encontrarme a Suso en el mismo sitio despu\u00e9s de tantos a\u00f1os, sino tambi\u00e9n por top\u00e1rmelo sin su habitual ch\u00e1ndal y sin su gorra de b\u00e9isbol enfundada con su correspondiente bate apoyado a la pared, y por encima salud\u00e1ndonos amablemente en lugar de preguntarnos si no nos sobraba alg\u00fan diente para intimidarnos de entrada. \u00bfY el pinganillo en la oreja? Incre\u00edble. La tecnolog\u00eda m\u00e1s punta dominada por Suso anta\u00f1o era el tubo de escape de su Derbi Variant. Conociendo como conozco a la bestia, por algo conservo una funda dental desde la tarde de un domingo de segundo de BUP, tal cambio s\u00f3lo pudo haber sido posible pasando a\u00f1os en Palacio.<br \/>\nUn cubata, eso era lo que necesitaba para reponerme de tantas emociones. A pesar de la renovada decoraci\u00f3n, mi memoria recordaba el emplazamiento exacto de la barra que me hab\u00eda aguantado sin pedirme nada a cambio durante tantas horas a lo largo de mi juventud. F\u00edsicamente la camarera no ten\u00eda nada que ver con Lola, pero al contrario que \u00e9sta \u00faltima, su sentido del humor dejaba mucho que desear. Su m\u00e1s que reducida minifalda y la min\u00fascula prenda que le cubr\u00eda el pecho llamaron enseguida la atenci\u00f3n de Mario, quien no pudo resistirse:<\/p>\n<p>&#8211; Menuda jaca. \u00a1Si te pillo meando te hago un cr\u00edo!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando terminamos de re\u00edrnos del ingenioso comentario, la chica nos estaba mirando con cara de pocos amigos, y nos pregunta:<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfVais a tomar algo o s\u00f3lo vinisteis a recitar poes\u00eda?<br \/>\n&#8211; Dos cubalibres preciosa, y bien cargados que estamos secos.- Le respondo.<br \/>\n&#8211; \u00bfDe qu\u00e9? &#8211; Poco agradable ella.<br \/>\n&#8211; De ginebra, vaya pregunta est\u00fapida.<br \/>\n&#8211; \u00bfQu\u00e9 ginebra? \u2013 Insist\u00eda.<br \/>\n&#8211; Pues Larios, qu\u00e9 ginebra va a ser.<br \/>\n&#8211; No tenemos Larios. Tenemos&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de recitar un sin fin de marcas impronunciables, le ped\u00ed que nos sirviera la primera que nos hab\u00eda ofrecido, as\u00ed evitar\u00eda quedar en evidencia, los idiomas nunca se me dieron bien. De la poca amabilidad con la que nos atendi\u00f3 la chica deduje que el piropo de Mario no le hab\u00eda sentado nada bien, curioso, a la Lola le encantaban ese tipo de halagos, de hecho nos tiene invitado a alguna que otra consumici\u00f3n por el detalle.<br \/>\nLlev\u00e1bamos media hora y tres copas cada uno de m\u00fasica infernal. Los zumbidos resonaban a cada golpe m\u00e1s fuertes en mi cabeza. Mario parec\u00eda tener una verdadera infecci\u00f3n en su ap\u00e9ndice por la cara que pon\u00eda. Desde mi posici\u00f3n no pod\u00eda verle la cara al pincha, pero desde luego que no era el Manol\u00edn de antes, adem\u00e1s en la puerta de la cabina se pod\u00eda leer el nombre del encargado de poner esa bazofia de m\u00fasica, DJ. Con ese apelativo no hab\u00eda duda de que era extranjero.<br \/>\nAl personal parec\u00eda gustarle el sonido, la gente se mov\u00eda gesticulando a derecha e izquierda con los ojos abiertos como platos. Personalmente necesitaba otro tipo de marcha, y no estaba dispuesto a esperar un minuto m\u00e1s. Dej\u00e9 a Mario en la barra, segu\u00eda esforz\u00e1ndose en encontrar algo que decir que llegase al coraz\u00f3n de la camarera, tarea en la que hasta ese momento hab\u00eda fracasado en m\u00faltiples ocasiones. Llegu\u00e9 junto a la cabina de DJ, y comprob\u00e9 que con esa figura atl\u00e9tica y el pelo empapado en brillantina no se parec\u00eda en nada a Manol\u00edn. Le grit\u00e9:<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Oye!, \u00bftienes algo de Los Chichos?<br \/>\n&#8211; \u00bfDe qui\u00e9n?- Extra\u00f1ado.<br \/>\n&#8211; De los chicos, aquellos que cantaban: \u201cNi m\u00e1s ni menos, ni m\u00e1s ni menos\u201d.<br \/>\n&#8211; No, nada.<br \/>\n&#8211; Vaya.- Decepcionado.- \u00bfY de Los Chunguitos?, los de \u201cDame veneno que quiero morir, dame veneno\u201d.- Se me van los pies nada m\u00e1s de pensar en ellos.<br \/>\n&#8211; Tampoco, pero puedes ir a la gasolinera que hay aqu\u00ed cerca, seguro que conservan alg\u00fan casete del g\u00e9nero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Perfecto, encima cachondeo. Mi intenci\u00f3n de no quedarme ni un minuto m\u00e1s en el local se acent\u00fao al encontrarme a Mario en el sitio donde lo hab\u00eda dejado, con un incisivo de menos. Suso se hab\u00eda encargado de que mi amigo no molestase m\u00e1s a la camarera. Hay cosas que nunca cambian, por mucho que las disfraces.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con la lucidez suficiente para comprar media docena de litronas y unas cuantas bolsas de pipas, nos fuimos al parque, a sentarnos al banquillo que tanto tiempo hac\u00eda que no visit\u00e1bamos y que nos recibi\u00f3 con su indiferencia caracter\u00edstica. Las horas pasaron en silencio, s\u00f3lo interrumpido para recordar a \u201cLa Chica De Ayer\u201d. Instintivamente nuestros pensamientos parec\u00edan hacer querernos recuperar tantas horas que cre\u00edamos haber perdido sentados en ese banquillo. Tantas horas que pasamos a\u00f1orando Buenos Aires con la frente marchita de Sabina, pensando en el amor eterno que le deb\u00edamos al nombre que acab\u00e1bamos de escribir en el tronco de un \u00e1rbol; horas desnudando a la profesora de ingl\u00e9s y queriendo aprender franc\u00e9s, escribiendo versos cutres despu\u00e9s de una clase de literatura del siglo XIX; horas contribuyendo a la rebeld\u00eda sin causa al tiempo que se le acababan las pilas al radio casete, imaginando ser futbolistas profesionales mientras apur\u00e1bamos el \u00faltimo cigarrillo; horas de una lluvia que parec\u00eda no mojar, de pu\u00f1etazos sin maldad, de perdonable crueldad; interminables horas antes, que ahora parecen maravillosas, como seguramente lo parecer\u00e1n dentro de muchos a\u00f1os mis interminables partidas de Trivial.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tengo una resaca como un piano. Un piano de cola. 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