{"id":98,"date":"2005-02-24T11:56:41","date_gmt":"2005-02-24T10:56:41","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/certamen\/?p=98"},"modified":"2018-02-09T13:38:29","modified_gmt":"2018-02-09T12:38:29","slug":"62-doce-metros-cuadrados","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/certamen\/?p=98","title":{"rendered":"62. Doce metros cuadrados"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F98&print=pdf\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-pdf\" target=\"_blank\"><img src=\"https:\/\/canal-literatura.es\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/pdf.png\" alt=\"image_pdf\" title=\"View PDF\" \/><\/a><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F98&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\"><img src=\"https:\/\/canal-literatura.es\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Print Content\" \/><\/a><\/div><p style=\"text-align: justify;\">Hace un mes vino a verme vestida con un modelo color berenjena de Karl Lagerfeld. Fue una visita glacial que dur\u00f3 menos de un minuto.<br \/>\n-No me env\u00edes ninguna carta, la tirar\u00e9 a la basura sin abrirla.<br \/>\nNo he tenido m\u00e1s visitas, excepto la de mi nueva abogada.<!--more--><br \/>\n-Me llamo Clara Montes. Vengo en lugar del Pedro Clavero.<br \/>\nEs la tercera leguleya de oficio que he conocido en estos dos meses en los que espero juicio, otra ansiosa por estrenarse en un caso de asesinato: \u201cEl crimen casi perfecto\u201d. As\u00ed titularon, como si se hubieran puesto de acuerdo, los dos peri\u00f3dicos locales. Los otros dos abogaduchos abandonaron el caso, no pudieron soportar los silencios ni mi mirada y no eran capaces de disimular la repugnancia que les provocaba.<br \/>\nClara tiene una expresi\u00f3n en la cara que me recuerda a un convento de monjas, pero me ha dejado la impresi\u00f3n de que ser\u00e1 la que me notifique, despu\u00e9s del juicio, que a\u00fan podemos apelar.<br \/>\n-El parricidio es un crimen execrable. Har\u00e9 lo que pueda- coment\u00f3.<br \/>\nEsta chica de pelo lacio, mirada esquiva y falda tobillera ha sentido, como los otros, miedo y rabia en mi presencia. Y eso que con \u00e9sta puse mis ojos m\u00e1s tiernos, mi tono m\u00e1s \u00edntimo y med\u00ed mis gestos mientras ella no dejaba de revolverse en la silla.<br \/>\nSe\u00f1orita, le dije, no se lo cont\u00e9 a los otros abogados. Pens\u00e9 que no servir\u00eda para nada. Se ha escrito mucho sobre la coartada \u201ccasi perfecta\u201d, pero a nadie le cont\u00e9 los motivos.<br \/>\nTan s\u00f3lo fue un acto de justicia en la que yo fui v\u00edctima, juez y verdugo.<br \/>\nDecid\u00ed envenenarla con gas, una muerte dulce, una tarde sentado en el banco de la plaza que hay junto al club 69, abochornado por una insufrible verg\u00fcenza. Acababa de salir, despu\u00e9s de haber estado tres cuartos de hora en la suite Torquemada, apenas a doscientos metros de aquel banco en el que tuve que sentarme porque me sent\u00eda mareado. Entre ni\u00f1os que se persegu\u00edan y viejos de mirada amable que daban de comer a las palomas, me record\u00e9 de rodillas, eyaculando sobre la punta de su zapato de charol negro, como me hab\u00eda retorcido los pezones y como me hab\u00eda ordenado lamer mi propio semen del suelo y me sent\u00ed proscrito de este mundo una vez m\u00e1s.<br \/>\nDeb\u00ed haberla matado hace mucho tiempo, aquella misma tarde, cuando yo a\u00fan no hab\u00eda cumplido los 16. Fue un d\u00eda en la que me sent\u00eda con fiebre y la profe me dio permiso para irme a casa. Algo deb\u00eda sospechar mi inconsciente para que esa vez abriera la puerta con un extremado sigilo. O\u00ed un murmullo. Mi madre no estaba sola. Quieto, en el zagu\u00e1n, sin saber qu\u00e9 hacer, los cuchicheos dieron paso a los jadeos. Los vi a trav\u00e9s de la rendija de la puerta de la sala; ella arrodillada, con el falo de Juan en la boca; \u00e9l ten\u00eda los ojos cerrados con fuerza, la cara apuntando al techo. El dolor que sent\u00ed al observarlos no evit\u00f3 una erecci\u00f3n y eyacul\u00e9 mientras ella ten\u00eda en alto sus piernas desnudas y abiertas.<br \/>\nAquel d\u00eda no s\u00f3lo mi madre dej\u00f3 de ser mi madre y Juan mi amigo, desde aquel d\u00eda, para m\u00ed, la lealtad no es m\u00e1s que una farsa y el amor una apariencia. Desde aquel d\u00eda s\u00f3lo las pasiones enfermizas, como las que vi a trav\u00e9s de la rendija, despiertan mi inter\u00e9s sexual.<\/p>\n<p>Dej\u00e9 que el silencio hiciera compa\u00f1\u00eda a la repugnancia.<br \/>\nLa abogada sigui\u00f3 sin levantar la vista del cuadernillo en el que tomaba notas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No quiero mentirle, continu\u00e9, hay algo de raz\u00f3n en lo que los periodistas contaron: mi madre era el obst\u00e1culo para la herencia y yo estaba acuciado por las deudas de juego. Pero he tenido que vivir con el recuerdo de mi madre puta irrumpiendo en mi vida en cualquier momento. Su muerte me ha liberado de aquel recuerdo.<br \/>\nFui un adolescente hura\u00f1o y solitario, un mal estudiante que no lleg\u00f3 a terminar los estudios secundarios. Como mal menor, mi madre me enchuf\u00f3 a trav\u00e9s de un concejal amigo. Me pas\u00e9 veintid\u00f3s a\u00f1os siendo ordenanza. Veintid\u00f3s a\u00f1os, casi trescientos meses de mi vida dedicados a decir \u201cs\u00ed se\u00f1or\u201d y llevar sobres de un sitio para otro.<br \/>\nEn mi tiempo libre jugaba al p\u00f3quer o iba de putas. Mi madre siempre pens\u00f3 que era un in\u00fatil y nunca tuvo intenci\u00f3n de que me hiciera cargo de la zapater\u00eda, el tesoro que ser\u00eda m\u00edo alg\u00fan d\u00eda, cuando ella muriera y que s\u00f3lo visitaba dos veces al a\u00f1o, a principios de temporada, cuando me dec\u00eda que fuera a escoger los zapatos que necesitase.<br \/>\nAhora, en esta celda en la que apenas puedo dar tres pasos sin m\u00e1s mobiliario que la cama y el peque\u00f1o caj\u00f3n que hace de mesita de noche me doy cuenta de que no ha servido para nada.<br \/>\nEn toda la conversaci\u00f3n, Clara, no ha dejado de mirar el cuadernillo y ha enga\u00f1ado mis silencios con la vista fija en la quieta punta del bol\u00edgrafo sobre el papel.<br \/>\nEl d\u00eda que la mat\u00e9, prosegu\u00ed, sent\u00ed la misma repugnancia que la que hab\u00eda sentido por m\u00ed en la suite Torquemada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ella dormitaba en la mecedora. No era m\u00e1s que una pellejuda piltrafa con m\u00e1s de setenta a\u00f1os cumplidos. Las manos quietas, largas y huesudas, descansaban sobre su regazo. Su mo\u00f1o impecable, moreno azabache, ensartado con una docena de horquillas. Dilu\u00ed los somn\u00edferos en la taza de valeriana que le preparaba cada tarde, esper\u00e9 una hora hasta o\u00edr sus ronquidos, arrastr\u00e9 la mecedora hasta la cocina, abr\u00ed la espita del gas y cerr\u00e9 las ventanas. Bandadas de estorninos trazaban figuras en el cielo.<br \/>\nRegres\u00e9 tres horas despu\u00e9s, la casa no hab\u00eda volado por los aires. Abr\u00ed las ventanas y llam\u00e9 al 061.<br \/>\n-Debi\u00f3 quedarse el gas abierto, concluyeron.<br \/>\nEra tan evidente que ni siquiera le hicieron la autopsia.<br \/>\nEl mortuorio era como todos, fr\u00edo y limpio. No hab\u00edan encontrado mejor sitio para enfriar las l\u00e1grimas y las penas que rodearlas de m\u00e1rmoles y flores. Vinieron todas las dependientas, excepto Marta, la encargada, que estaba de viaje en Cuba. Tres horas despu\u00e9s me dieron la hornacina con las cenizas. Aquella misma noche, sin emoci\u00f3n alguna, las tir\u00e9 al mar.<br \/>\nCerr\u00e9 el negocio unos d\u00edas, hasta que Marta regresara. Hab\u00eda entrado a trabajar siendo casi una ni\u00f1a y con el tiempo se hab\u00eda convertido en la gerente fiel que hac\u00eda los pedidos y que nunca tuvo un no para mi madre. Era una mujer elegante y sofisticada que esculp\u00eda su cuerpo a base de gimnasio, dietas y abdominales y que ya ten\u00eda que disimular las patas de gallo.<br \/>\nA su vuelta le notifiqu\u00e9 una peque\u00f1a subida en su sueldo.<br \/>\n-Quiero que sigas al frente. El negocio funciona bien.<br \/>\nLlevaba una falda negra con cremallera abierta hasta medio muslo, medias negras y botas de cuero \u2013tac\u00f3n de punta fina- de media ca\u00f1a, el pelo rizado y te\u00f1ido y los p\u00e1rpados pintados en el mismo tono que el anillo, la hebilla del cintur\u00f3n y sus u\u00f1as. Soport\u00f3 mi mirada con descaro, casi puedo asegurar que le gust\u00f3 que me la comiera con los ojos.<br \/>\n-\u00bfQue tal por Cuba?- le pregunt\u00e9.<br \/>\nCon una sonrisa maliciosa contest\u00f3<br \/>\n-Cuba es la tierra de los cuerpos y de los ojos m\u00e1s bonitos del mundo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los dos primeros meses viv\u00eda como debe vivirse en el cielo, por las ma\u00f1anas le\u00eda los peri\u00f3dicos mientras desayunaba un caf\u00e9 con leche y una ensaimada. Vest\u00eda camisas de Versace, Cartier en la mu\u00f1eca y Mercedes descapotable en el garage. Una vez por semana iba a la peluquer\u00eda, me hac\u00edan la manicura y dejaba diez euros de propina. En esos dos meses nunca me sent\u00ed aburrido.<br \/>\nIba con frecuencia al putiferio de la Susi que est\u00e1 cerca del puerto, al final de una calle sin salida, a veces ni siquiera follaba y me quedaba charlando con las chicas que esperaban clientes. Me gustaba el paseo por aquel barrio h\u00famedo con la cartera llena y sus callejuelas llenas de miedos, sus aceras estrechas o inexistentes, sus fachadas desconchadas por el descuido, destilando or\u00edn, con sus viejos asomados al balc\u00f3n, los churumbeles jugando en la calle, los gritos en el aire de alguna madre llamando a sus hijos y las mujeronas en las esquinas, las cestas en el suelo, mirando de soslayo, sin dejar el chafardeo.<br \/>\nPero el cielo acab\u00f3 de golpe el d\u00eda en el que se cumpl\u00edan dos meses de su muerte.<br \/>\nMarta estaba esper\u00e1ndome en mi peque\u00f1o despacho, sentada en mi silla, la camisa abierta dejando ver su sost\u00e9n de seda y un brillo en la mirada que me produjo desasosiego.<br \/>\n-\u00bfPor qu\u00e9 no le hicieron la autopsia? No lo puedo entender. Tu madre nunca hab\u00eda estado enferma.<br \/>\nYo estaba desconcertado por este repentino tuteo. No pod\u00eda saber nada; pero la siguiente frase fue un mazazo<br \/>\n-Tu madre desconfiaba de ti.<br \/>\nNo era nuevo, nunca me mostr\u00f3 su testamento. Es posible que le hubiera contado que me ten\u00eda miedo. En los \u00faltimos meses, sus negativas a darme dinero me hab\u00edan obligado a teatralizar dos ataques de furia delante de ella; en el primero hice a\u00f1icos una botella contra la pared de la cocina y en el otro volqu\u00e9 con furia una mesa camilla en el suelo.<br \/>\nEn ese momento a\u00fan no imaginaba. Marta no pod\u00eda saber nada, ella estaba en Cuba \u201ccon los hombres m\u00e1s guapos del mundo\u201d.<br \/>\nRompi\u00f3 de nuevo el silencio con unas frases ensayadas decenas de veces.<br \/>\n-Tu madre instal\u00f3 una c\u00e1mara, de esas de banco, en el comedor de tu casa. Se pon\u00eda en marcha con el movimiento. Ayer vi la cinta del d\u00eda de su muerte. Una copia te costar\u00e1 6000 euros.<br \/>\nSin decir nada se levant\u00f3 de la silla y fue hasta la caja. Volvi\u00f3 con el talonario en la mano derecha y un DVD en la izquierda. Firm\u00e9. Ni siquiera mir\u00e9 la cantidad. Estaba en sus manos.<br \/>\nPor la noche la llam\u00e9.<br \/>\n-\u00bfCu\u00e1nto me costar\u00e1n todas las copias? Ella estall\u00f3 en una carcajada y respondi\u00f3<br \/>\n-Nada. Ser\u00e1n el regalo de bodas<br \/>\n-\u00a1Ah! Se me olvidaba. Se acabaron las visitas al puerto.<br \/>\nNos casamos en el juzgado con dos empleadas como testigos.<br \/>\nPoco puedo contar de esos dos meses. No me negaba el sexo, abr\u00eda las piernas como una aut\u00f3mata y al final me torturaba con alguna frase como \u201c\u00bfYa has acabado?\u201d o \u201cvenga\u2026 termina ya que tengo sue\u00f1o\u201d. Me trataba a\u00fan peor que mi madre, como a un monigote sumiso y alica\u00eddo, pendiente del m\u00f3vil que sonaba cada dos o tres horas con la misma pregunta: \u201c\u00bfQu\u00e9 est\u00e1s haciendo? \u201c<br \/>\nSus besos estaban emponzo\u00f1ados de apariencia y sus sonrisas llenas de orgullo cuando nos cruz\u00e1bamos con alg\u00fan conocido<br \/>\n-Es el hijo de do\u00f1a Puri. Nos hemos casado en la intimidad. No pod\u00edamos celebrar una boda tan pronto.<br \/>\nY mientras dec\u00eda esto, me pellizcaba la mejilla como si fuera un ni\u00f1o peque\u00f1o<br \/>\n-Somos muy felices.<br \/>\nPoco puedo decir de la tortura a la que fui sometido. Conoc\u00ed a dos Martas, una pulcra y risue\u00f1a, otra sucia y hura\u00f1a.<br \/>\nViv\u00ed entre la repugnancia por el olor a farmacia de sus mascarillas, el ruido de la epilady y, sobre todo, cuando ten\u00eda la regla y ten\u00eda que esquivar los tampax usados esparcidos por el suelo, como ratones muertos decapitados, hasta que viniera la chica de la limpieza.<br \/>\nUn an\u00f3nimo ciudadano envi\u00f3 el v\u00eddeo en el que se me ve\u00eda cerrar las persianas a las cinco de la tarde, arrastrar la mecedora, salir de casa, y no volver hasta las ocho.<br \/>\nAhora vivo en este peque\u00f1o mundo de menos de doce metros cuadrados, en este universo sin secretos, en este lugar de noches eternas y d\u00edas vac\u00edos, en esta monoton\u00eda que s\u00f3lo se rompe con el ruido met\u00e1lico del pestillo que anuncia que va a abrirse la puerta.<br \/>\nPero, se\u00f1orita, al fin y al cabo, la c\u00e1rcel es un purgatorio mucho m\u00e1s llevadero que el infierno.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace un mes vino a verme vestida con un modelo color berenjena de Karl Lagerfeld. 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