· Inicio
· Concurso
· Bases
· Premios
· Jurado
· Prensa
· Enlaces
RelatosSeudónimo: Elbak
Titulo: La venganza de Gaia
Esta es una historia real, una historia en la que cualquiera de nosotros se podría encontrar inmerso, y que a la vez, a nadie le gustaría vivir. Una historia sobre alguien que ha cuidado nuestro planeta des del inicio de los tiempos, sobre alguien cuya alma está íntimamente ligada a la tierra y a todo lo que nos rodea; sobre Gaia, nuestra madre Tierra, el espíritu y alma de la naturaleza.
Todo empezó una soleada tarde de verano, no mucho tiempo atrás. Cristóbal, un joven leñador independiente de los bosques del corazón de Cataluña se encontraba como cada día ante su trabajo: centenares de árboles esperando a ser cortados por su hacha, ayudada por poderosos brazos. Pero ese día algo fue distinto. Su hacha estaba a punto de terminar con la vida de un viejo pino cuando, de repente, oyó una especie de chillido, algo que se podría interpretar como un lamento. Miró a ambos lados y no vio nada; siguió cortando.
Pocos minutos después, en cuanto se hoyó el ruido del quebrar de la madera del árbol en plena caída, su cabeza no podía creer lo que sus oídos percibían. El bosque en pleno se echó a llorar y, en ese preciso momento un resplandor le iluminó la cara desde su lado izquierdo. Con un brutal movimiento de cabeza, se giró, y la vio a ella. Una hermosa mujer, cuya belleza era totalmente indescriptible y cuyas facciones despertaban en él la sensación de que la había visto antes, incluso sabiendo que era la primera vez que se encontraba con ese rostro. Era Gaia, el espíritu de la Tierra, y pronunció unas palabras:
- Tu has osado acabar con el árbol más viejo de este bosque, con el padre de todos los demás árboles que lo rodean y que ahora lloran desconsoladamente. Lo que yo, la naturaleza, tardé tanto en construir, tu lo has destruido en pocos minutos, y llevas destruyéndolo toda tu vida. Eso merece un castigo, y tu castigo vas a tener. No serás perdonado hasta que entiendas dónde vives y qué es lo que te rodea.
Los instantes que siguieron a esas frases mostraron como esa figura se iba desvaneciendo en el viento hasta desaparecer por completo. La sentencia que le había sido dictada inquietó notablemente al chico, pero curiosamente no percibía ningún cambio a su alrededor, nada había sucedido después de que aquella extraña mujer desapareciera. Había sido todo un sueño? Una alucinación? Eso es lo que él quiso creer y lo que intentó gravar en su mente, pero una extraña sensación le seguía corroyendo por dentro, como si en el fondo supiera que ese espíritu era real y que en un momento u otro, se cumplirían sus amenazas.
Llegó la noche y la hora de echarse en la cama. Pasaron horas y esa sensación no le dejaba dormir. Pasó largo rato meditando sobre lo que le podría pasar si esas palabras se llegaran a cumplir algún día. Recordó momentos pasados de su vida, como si intuyera que algo iba a cambiar radicalmente el rumbo de su existencia y no podría revivirlos nunca más. Recordó por unos instantes esos sentimientos, que presagiaba no volvería a poder sentir: el amor, con el correspondiente odio a sólo una delgada linea de distancia; la amistad, la euforia de poder estar junto a los suyos, a pesar de que tuviese pocos amigos; la alegría de saberse afortunado, con ciertos matices, de la vida que le había tocado vivir... Multitud de pensamientos inundaron su mente como un río desbordado después de una gran tormenta... Finalmente, se durmió.
Al día siguiente, Cristóbal despertó en un extraño lugar. Todo estaba rodeado de agua. Intentó avanzar hacia adelante, pero pronto se topó con un cristal. Sí, estaba dentro de una pecera; su propia pecera. Ese era el castigo que Gaia le había impuesto.
Al principio le fue imposible asumir lo que veía, por ese motivo su cabeza volvió a creer que estaba en un sueño. "Al fin me he dormido, y ahora mis preocupaciones siguen tormentándome en sueños", pensaba. Pero a medida que pasaban las horas se iba dando cuenta de que todo aquello duraba demasiado para ser un sueño; empezaba a comprender que sus temores se habían hecho realidad y que nada de lo que había pasado tenía que ver con alucinaciones o sueños. Ahora era un pez. Un pez encerrado dentro de su propia pecera. Un capricho de la naturaleza había querido que probara en su propia piel el sufrimiento que puede sentir un animal, una planta, o cualquier criatura viva del planeta cuando se enfrenta a la especie humana: esa especie que se cree reina del planeta y que campa y destruye a su voluntad sin mirar a su alrededor, sin comprender que es sólo una mas de las millones de especies que la rodean, y que al igual que todas las demás, no tiene derecho a decidir sobre el futuro de la naturaleza.
Su aspecto exterior era el de un pez, pero interiormente seguía siendo humano, así que no tardó mucho en aflorar una reacción típica de nuestra especie: la venganza. “Si la madre tierra me ha hecho esto, se lo devolveré por dónde más le duele”, pensó él. Pronto se dedicó a matar a bocados a todos los demás peces del acuario, sin plantearse en ningún momento las consecuencias que eso podía tener. No quedó alma con vida.
En ese momento de nuevo sucedió algo raro. La misma mujer que vio antes apareció delante de la pecera, en el comedor de su casa, y abriendo la trampilla por dónde él siempre echaba comida a sus peces habló de nuevo:
- Veo que has decidido que no quieres volver a tu forma humana, me equivoco? En vez de pensar en lo que habías hecho te has puesto a matar a tus nuevos semejantes, y matar por el simple hecho de matar es el peor pecado que puede cometer cualquier criatura que viva en nuestro mundo. Pero esta vez no voy a castigarte. Tu mismo te has impuesto la pena de muerte al no querer volver a ser hombre, ya que ahora estás viviendo en tu propia pecera, y no habrá quién te alimente. Acaba de empezar una lenta agonía que terminará en una de las peores muertes posibles. Vas a morir de hambre, y por propia voluntad!
Así fue como una típica reacción humana condenó a muerte a este inconsciente leñador; y así se demuestra que todo mal que le hagamos a nuestro planeta, nos será devuelto. Se demuestra que Gaia perdona, pero no olvida, y cuando se cansa de soportar el dolor que los humanos le infringen, esa reacción humana que mató a nuestro protagonista también se hace evidente en ella. Se venga. Cómo dice una canción de un conocido grupo español:
“Todo mal que me hagas a ti te lo harás, pues la Tierra es tu hogar. Y al igual que amar, también sé castigar: La venganza de Gaia tendrás!"
© Elbak
certamen@canal-literatura.com
© 2013 Asociación Canal Literatura. Todos los derechos reservados