128-Amores. Por Dalle
¡Dios cómo la quería!; la quería tanto que por eso la maté; la prefería muerta que en manos de otro. Se le habían subido los zancajos a la cabeza desde que el tonto ese de Ricardo, el más zángano en no sé cuántos kilómetros a la redonda, le dijo que se presentara a las elecciones como concejala.
