128-Amores. Por Dalle

¡Dios cómo la quería!; la quería tanto que por eso la maté; la prefería muerta que en manos de otro. Se le habían subido los zancajos a la cabeza desde que el tonto ese de Ricardo, el más zángano en no sé cuántos kilómetros a la redonda, le dijo que se presentara a las elecciones como concejala.

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125- Y pierde el sentido. Por Wahad

Probablemente, cuando haya terminado estas líneas nadie pueda leerlas. Esto le dará cierta libertad, tanto en lo que se refiere a la técnica narrativa como en lo que trata del desarrollo de la acción; así podrá lanzarse a vericuetos argumentales tratando de aportar lógica e incoherencia al relato.

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