DESCALIFICADO para el premio del público.
Cindy despertó presa del terror. Una pesadilla artera, vívida y pavorosa la trajo de vuelta desde el mundo de los sueños a la realidad de la pobreza. Miguel, su pareja, la quedó mirando estupefacto. Cindy, en esa silenciosa y serena noche adornada con estrellas mortecinas, taladraba absorta las cornisas de los históricos edificios de la Plaza de Armas y ni siquiera oía a Miguel preguntarle qué estaba pasando…
– Cindy, Cindy. Háblame ¿Qué ocurre?
– ¿Cómo? ¿Qué? ¿Dónde estoy?
– Estás aquí conmigo. Tranquila. Ya pasó. Fue sólo una pesadilla.
– No lo sé. Fue tan real, casi como una premonición. Había detonaciones por doquier, botas trepidantes y fusiles en ristre. Un hombre escapaba por las calles vacías de la ciudad. Unas sombras lo perseguían, lo rodeaban y lo golpeaban sin cesar. El hombre que tenía la cara moreteada, la boca sin dientes y escupía chorros de sangre, gritaba con desesperación: “no me maten, tengo familia”, pero las sombras no atendían sus lamentos, simplemente lo arrojaron al suelo y…
– Calma, calma, estás aquí conmigo. Fue sólo un mal sueño. Vuelve a dormir.
– No, no puedo y no quiero ver ese cuadro otra vez.
-Pero Cindy.
Cindy y Miguel son dos vagabundos que se han hecho una pequeña casa con cartones en una de las esquinas de la Plaza de Armas. Por las noches gélidas, se cubren con unas frazadas viejas que han sido acribilladas por el inexorable paso del tiempo. Cuando tienen menos fortuna, utilizan diarios amarillentos con noticias aciagas que pronostican que los Cuatro Jinetes del Apocalipsis recorrerán las aceras de esa gran ciudad incendiado la urbe con las antorchas del caos. Pero ellos, no creen en esas exageraciones de la prensa. Tienen necesidades urgentes que no se encuentran delineadas en las columnas de esos periódicos, ¿Acaso esas hojas amarillentas les hablan de su hambre? Sí, esa hambre que día a día se les enreda en las tripas y no los deja pensar. A veces, algunos transeúntes misericordiosos, impactados por los rostros cadavéricos de estos mendigos, les lanzan mendrugos de pan o les traen un gran tazón metálico con agua, del que los vagabundos, sorbetean acelerados, nerviosos, paranoicos, como si alguien estuviera agazapado en las sombras, esperando la oportunidad precisa para castigar a Miguel y Cindy por el sólo hecho de su condición de indigentes. Y no dejan de tener razón. En muchas oportunidades, una pandilla de jóvenes rebeldes, los muelen a palos o les destruyen la mísera construcción que les sirve de improvisada y accidental vivienda. Otras veces, los queman con cigarrillos, mientras celebran estos crímenes con sonoras carcajadas. Pero los vagabundos ya están acostumbrados y se han curtido en estos sufrimientos gratuitos e inexplicables. Los mendigos, conocen la manera de prevenir estos ataques. Miguel es el encargado de hacer una guardia ineludible y cuando observa a los desadaptados acercarse, grita la señal convenida y Rodrigo, otro vagabundo del sector, llega con una pandilla de indigentes y expulsa a los vándalos.
Rodrigo se ha transformado en el protector de Miguel y Cindy. Este viejo vagabundo suele recorrer las calles aledañas buscando “opciones de alimentación” que comparte con la pareja. Rodrigo los espera siempre en la misma esquina. Si su rostro denota nerviosismo, trae malos mensajes. Pero si, por el contrario, una sonrisa encandila su cara las noticias son buenas, muy buenas. Y hoy el mendigo se ha calzado la mejor de las sonrisas. El enjuto vagabundo ha escuchado sobre una oportunidad única. En el centro de la ciudad, cerca de la Casa de Gobierno, un supermercado ha desechado alimentos vencidos. Tienen poco tiempo. “Si no nos apuramos, el camión de la basura se llevará esa comida lejos, muy lejos”. Rodrigo nota algo extraño en la cara de Cindy, que no irradia la felicidad de otras jornadas.
– Cindy, ¿qué pasa? te veo pálida.
– No es nada, tuve una pesadilla. Fue terrible.
– Vamos, mujer, deja de pensar en eso, tendremos un festín soñado que te hará olvidar esa pesadilla. Regálame una sonrisa.
– Gracias Rodrigo.
Pero ese día, los miedos de Cindy no parecen un delirio inexplicable, el ambiente realmente expele una fragancia extraña. Otras jornadas, a esa misma hora de la madrugada, ya se ven a las primeras almas traspasar la bruma matinal y dirigirse a sus respectivos trabajos. Pero hoy, ni siquiera se adivinan las sombras lejanas, ni los ruidos de los motores de los autos, ni mucho menos el silbido que anuncia que los basureros están recolectando los tachos de los desperdicios Hoy sólo se observan las bolsas de basura apretujarse unas contra otras buscando un calor pasajero. Más allá en una pared se lee un rayado político, una amenaza abierta a la insurrección. Pero Cindy, Miguel y Rodrigo continúan su camino sin musitar palabras. Que saben ellos de política, de amenazas, y de juegos electorales. ¿Acaso esas monsergas están dirigidos a ellos? De ninguna manera, a los vagabundos sólo les interesa ganarle la partida a los basureros invisibles y llegar pronto a ese Jardín del Edén de la comida descompuesta, hurgar entre la basura y encontrar esas latas de conservas de las que sólo puede lamerse escaras de aceite o almíbar, o esos productos lácteos de textura viscosa y sabor ácido que pueden maquillar el hambre brevemente.
El silencio entonces se quiebra. Se escuchan los zapatos de un hombre repicar en el pavimento. El hombre está escapando de un enemigo espectral. Las sirenas de la policía ululan amenazantes y anuncian que se están acercando. Las veloces botas de sus perseguidores parecen homenajear a Mercurio. El hombre no tiene escapatoria. Las sombras de la muerte aparecen por todos lados. El hombre está solo en su tragedia. Sabe que nadie atenderá a sus gritos y que esos uniformes bípedos pronto lo rodearán. El perseguido tiene una única salida, debe llegar al callejón que conduce al Parque Municipal, lugar donde fácilmente podrá perderse entre la tupida foresta y liberarse del terror y la muerte.
Los vagabundos se encuentran cara a cara con el hombre y, presos del pavor, cambian su trayecto y prefieren esconderse detrás de unos basureros, cubrirse con cartones y mirar expectantes. Dos sombras, un teniente y un conscripto, han logrado cazar al hombre y lo empujan al suelo. Los golpes le caen a la víctima por todos lados, sean de puños, de culatas o de puntapiés. El hombre se queja y grita, se retuerce y clama por piedad; como un último recurso, les explica a los uniformados que tiene familia y que no ha hecho nada malo. Las sombras son sordas a sus lamentos.
El oficial le espeta al conscripto que cumpla con su deber. Pero el joven tembloroso, no puede apuntar a la cabeza del hombre, que, arrodillado, mira a los vagabundos esconderse bajo los cartones.
– ¡Qué espera Pérez!, Dispare. Mate a este subversivo. ¡Es una orden! ¡Ejecútelo!
– Pero, teniente, es sólo un hombre…
– No me venga con esas estupideces, Pérez. Cumpla la orden, Si no lo hace, no dude que yo ejecutaré a este desgraciado y además lo pondré al lado de este terrorista y los mataré a los dos. Dispárele ¡Carajo!
Pérez hala el gatillo y una detonación sorda traspasa la nuca del hombre. Sin embargo, la bala no está satisfecha y necesita llenarse la boca con más sangre. El hambriento proyectil sigue su mortal vuelo y se incrusta en el pómulo de Rodrigo. El vagabundo no alcanza a quejarse y se desploma en el suelo inerte. Cindy y Miguel se miran estupefactos.
Miguel observa a su amigo muerto, y comprende que este absurdo crimen no debe quedar impune. El vagabundo emerge de los cartones y da un salto sobrenatural contra el teniente. Cindy le grita, que se detenga, que no vale la pena morir. Pero Miguel, obnubilado por la venganza, no escucha, enseña sus colmillos y muerde al oficial en la mano.
– Arghhhh. ¡Demonios! ¡Me mordió! ¡Este perro me mordió! ¿Quieres ser héroe, maldito perro? Pues, te vas al infierno, animal desgraciado.
Sólo necesita un disparo que desciende como un rayo y aniquila al héroe anónimo. Cindy mira desde lo lejos y se acurruca entre los cartones. Sus ojos negros se cruzan con la mirada demente del oficial, que vuelve a cargar el revolver y la apunta. Las balas escapan: una, dos, tres, cuatro… Cindy no siente nada, simplemente deja que el metal premonitorio la libere, la eleve a otra dimensión sin uniformes, ni subversivos; sin asesinos, ni muertes…
– Malditos perros, se creyeron terroristas y ahora están bien muertos. Pérez, llama al cuartel, di que la situación está controlada y que envíen una patrulla de inmediato. Pérez, ¿Qué demonios está esperando? Es una orden…
158-Malditos Perros. Por Erebus,

Erebus. Ya lo dijo enrique II lo importante es que tu cuento es excelente y puede ganar el premio del jurado, que es el que verdaderamente importa.
Ánimo paisano!
No te confundas nina, ni hagas demagogia barata. Este premio tiene como finalidad traer gente al portal. Da igual que sean primos, amigos o vecinos. Aqui no se vota la calidad, sino la cantidad de votos. Para la calidad, existe un jurado que elige a 10 finalistas y luego a tres ganadores. Ese es el verdadero premio. Lo que ocurre es que la organización esta matando la gallina de los huevos de oro. El portal sin visitas, se hunde, y solo este premio al publico trae esas visitas, y en vez de potenciarlo, se dedica a descalificar por chorradas… que siga asi y terminaran por no hacer mas concursos, tiempo al tiempo.
Otros, que estan muy bien vistos por aqui, se dedican a visitar a todos los concursantes y de paso mendigar su voto ¿no es eso peor aun? y nadie a dicho nada al respecto.
Nina interesante tu comentario y tienes una parte de razón, es verdad que puede parecernos que el voto del público genera, el amiguismo y el voto sin leer el relato. En mi caso, pedí al menos que leyeran el cuento y que discutieramos el tema. La violencia ý persecución política es un tema que aun produce división en mi país. La idea del relato era precisamente eso, que la gente leyera el cuento y que se produjera un debate, libre y abierto del tema. Al menos en otros escenarios, no aquí, se dieron interesantes discusiones. No creo que solo se haya votado por un «favor»…
No tengo problemas en copiar parte del mail que envié a mis contactos:
«Mi cuento se llama Malditos Perros. Lo recomiendo. Sin embargo, puede generar mas de algun comentario o polemica. Leanlo, podemos comentarlo…Quise ambientarlo con el Golpe del 73, pero al final, quedo como cualquier situación caotica social sin ideologia particular, creo que en terminos literarios-filosoficos fue mejor asi. Las dictaduras, las persecuciones, los ajusticiamientos no son exclusividad de un sólo sector politico».
como también puedo citar mi recomendación a mis contactos::
«otra cosa, voten desde un solo computador, cualquier «trampa» me eliminan»…
Por tanto, en mi caso no me siento representado por eso del amigo que vota y no lee. Claro que puede ocurrir, pero esa nunca fue mi idea y es algo que no puedo controlar.
Despues de todo, se encuentra disponible la opción de comentar el cuento y curioso..los relatos menos votados son, muchas veces, tambien los menos comentados.
Lo segundo, habría que preguntarse quienes no hacen la tarea ¿los 4 relatos que si generaron comentarios y tiene mas votos ? O los mas de 190 cuentos que tuvieron pocos votos y comentarios.
La solución entonces es sencilla. Hay 202 relatos y que solo voten esos 202 usuarios. y que el «público» sean 202 usuarios. Asi los relatos más votados no despiertan suspicacias de «arreglos», trampas, corrupción, etc.
Entendemos que la votación del público y la elección del jurado son dos cosas distintas, pero de ahi a suponer que un cuento que es muy votado debe ser un relato mediocre de un escritor popular puede ser más bien un prejuicio.
Me parece perfecto que los concursantes busquen sus apoyos para el premio del público,y no veo en eso ni trampa ni corrupción ni esas cosas tan exageradas que ando leyendo. Tampoco entiendo el comentario de Roca,que también se cuelga con el dramatismo hablando de asesinatos de gallinas aprovechando para escupir a otros concursantes y que es casi identico a otro que ya he leído por algún otro relato.
Del comentario sobre la discriminación, eso sobrepasa el dramatismo a niveles de paranoia.
Nina aporta un poco de sensatez- por fin sin dramatismo alguno- aportando un punto de vista,al igual que Enrique, que pone el acento en lo que es importante.
Erebus, el relato es un digno concursante y no tienes porqué que explicar «lo que no puedes controlar».
Saludos desde Argentina y ánimo.
Gracias a quien corresponde por lo de «demagogia barata». Pero, según la definición del DRAE: » Práctica (política) consistente en ganarse con halagos el favor popular», podrá comprobar que la palabra «demagogia» no es la más acertada para calificar mi comentario. Y barato tampoco me ha salido.
Me parece muy buena idea traer gente al portal, y mejor aún limitarse a decirles: «Hay un concurso literario en tal página en el que yo participo. Lee y vota, pero no te digo cuál es mi seudónimo para que seas imparcial». (Y habría que ver si toda esa gente vuelve a visitarlo, pero siempre es posible que alguno se enganche). Y, en cuanto a que «no se vota la calidad», ya me dirá usted qué es lo que se vota entonces: si no eso, sí, al menos, el atractivo del relato al margen de su mayor o menor calidad literaria. Respecto a las visitas a otros concursantes para pedir (que no «mendigar») su voto, no, no me parece peor. Incluso podría ser un riesgo para el solicitante, que se expone a ser calificado muy bajo por quienes quieran favorecer su propio relato a toda costa.
Erebus, contestando sólo al último párrafo de tu comentario más reciente (pues creo que al resto ya lo he hecho indirectamente), no he dicho nada sobre la relación entre el número de votos del público y la calidad del relato: al menos uno de los escritos descalificados, que yo recuerde (pues estoy hablando de memoria), a mí me gustó, como podrás comprobar si quieres. Tampoco he dicho que el tuyo sea malo (algo «buenrrollista» y convencional, eso sí… porque también se puede ser convencional y progresista al mismo tiempo: son dos conceptos que no se excluyen forzosamente).
Nina… entiendo que nunca has dicho que un relato muy votado es un relato de mala calidad. Sin embargo, en muchos casos, se suele leer en los comentarios «ahh la única forma que tienes de ganar es consiguiendo votos, porque tu cuento sin amigos no llegaba a ningun lado». Es una pena. Uno que escribe, sabe que el escribir no es un acto para los amigos. Flaco favor me harian mis amistades con un elogio fácil o 10 estrellas sino son capaces de mostrarme los errores para que los corrija. Agradeceré siempre más la crítica que el aplauso.
Por otro lado, puede ser una buena idea el mensaje que dices: dar la posibilidad a que uno «publicite» no sólo el propio relato sino los otros 201 cuentos. Sin embargo, sigo sosteniendo que es una labor de cada uno de los concursantes hacer su propia campaña si quieren obtener el premio al público. En caso contrario, porque no establecer por las bases que un concursante defina si quiere optar por el premio del jurado o por el premio del público. Asi los relatos más votados no caen en esta purga absurda, donde el único pecado es tener muchos votos y donde una Santa Inquisición Técnica puede mandarte a la hoguera sin ni siquiera escuchar tus descargos.
Por último, sobre el andar mendigando votos. Yo cai en eso y tengo mis motivos. Y los explicaré, porque yo no oculto nada. Despues de una semana de que me bloquearan los votos(supongo que a Vicente, Diophines, Polonia tambien), descubri que oh sorpresa los unicos que podían votar eran otros usuarios y fui a conseguir esos votos. Explicación sencilla. No me averguenzo, ¿Qué otra opcion tenía? ¿Fue justo, acaso, bloquearnos? Nadie que no fuera un concursante de este certamen podía votar por mi. Asi que fui a conseguir los últimos votos que podía. Voté, entre muchos otros, por el relato de Diophines y Polonia y mis votos no contaron…pensé ingenuamente que quizás después de alcanzar un número de votos, los nuevos no «aparecían»)
Pues bien, se me bloquearon votos por 10 días y ni siquiera se dio una explicación, dos semanas después del «bloqueo», además se me descalifica…
Que mas puedo decir. Una pena.
Empiezo por decir que hablo como simple lectora, sin ningún tipo de influencia en este asunto. Entiendo que se te ha descalificado sólo para este premio y que continúas teniendo las mismas opciones que los demás para el del jurado, y también que has actuado sin malicia, pensando que tu sistema era legítimo, aunque yo no esté de acuerdo con tu punto de vista. Y sigo diciendo que la palabra correcta no es «mendigar». No me parece mal pedir a los demás concursantes que voten tu relato. Al final, votarán si quieren y como quieran. Con amigos y parientes es otra historia. Si acuden a tu llamada, no va a ser con espíritu crítico ni para machacarte, evidentemente.
Por motivos más que obvios, no puedo ni quiero entrar en esta polémica. Sólo quiero decirte, Erebus, que tu relato, en mi opinión, es bueno y que el tiempo es un juez imparcial que da y quita razones. Cuando uno tropieza y no se cae, avanza más rápido.
Gracias Hoskar, asumo que como todo relato siempre es perfectible. Aun hoy lo estoy corrigiendo y puliendolo día a día…quien sabe cuando encontrará ese «tiempo» este relato…
Quizás la rabia mayor, es precisamente que estos actos arbitrarios (descalificación) se hagan sin motivos y que nos dejen como unos tramposos y no podamos, al menos, defendernos.
Mucha suerte en ambas votaciones Hoskar.