premio especial 2010

 

May 24

Después de golpear a mi hijo, puedo hacer casi cualquier cosa. Es habitual, sin embargo, verme deambular por la casa, encender un cigarro o beberme medio litro de agua. Sin remordimientos. Sin sobresaltos.

Los días no son iguales si no golpeo a mi hijo. Algo como una rutina lo invade todo, una línea recta, un vapor, un extenuado paisaje se yergue ante mí si no veo sus lágrimas, sus lamentaciones, sus gritos, sus apagados espasmos. Puedo, incluso, leer el diario, sobre todo las páginas deportivas, algún suceso internacional de relevancia para luego comentarlo con mi suegro. Ellos: mi suegro, mi suegra, los hermanos de mi mujer, saben que golpeo a mi hijo. La casa es demasiado pequeña. El pasillo, demasiado estrecho. Pero nada dicen. Nada acotan. Temen que también los golpee a ellos, creo. Aunque mi suegro es un hombre corpulento, no sé, tal vez un día se llene de valor y me pregunte, me pregunte por qué golpeo tanto al «niño», a su «nietecito», ya sabemos esas ternuras inabarcables de las que son capaces los abuelos.

No existen causas justificadas o injustificadas cuando se golpea a un niño. Se le golpea y ya. En mi caso, no obedece a un ansia educacional. No siempre se trata de corregir una conducta, un mal hábito, una mala respuesta, una insubordinación. No. De igual manera lo puedo golpear si se come toda la comida, si se duerme temprano, si dice adiós, si tira un beso o abraza desmesuradamente a alguien. Sobre todo cuando abraza desmesuradamente a alguien. Me aborrece verlo abrazar desmesuradamente a alguien. Todo ternura. Todo candor. Todo «niñohermosomiraquebienseportasipareceunhombrecitoetc.».

No sé cuándo comencé a golpear a mi hijo. Es habitual encontrar a ciertos padres que te confiesan que todo llegó con una infidelidad, una frustración, un odio, una impiedad de repentina aparición. Siempre una justificación, una hora, un día, un mes preciso. En mi caso, debo decir, se difumina en mi memoria, pero creo advertir que todo comenzó con la ampliación de la casa. Elena estaba eufórica. Quería celebrar. No todos los días una casa se amplía, se convierte en un hogar verdadero, con sus justas habitaciones, el baño impecable, la cocina aún más impecable, el patio inmensurable. Felices ambos, fui hasta el cuarto del niño: a besarlo, a contagiarlo de nuestra felicidad y, aunque estaba dormido, profundamente dormido para recrear una de esas frases vacías tan en uso hoy, creo recordar que sí, que fue allí la primera vez. Sin remordimientos. Sin sobresaltos. Sin furia. Sin incrementos significativos de adrenalina, serotonina o emociones secundarias. Lo golpeaba sin prisa, rítmicamente, sin crescendos ni vivaces, con pleno dominio de mi respiración: inspiración profunda/ golpes mesurados/ contundentes/ bien distribuidos/ espiración pausada, como la de un yoga en profundo estado Zen.

Después de golpear a mi hijo —no siempre—, he comenzado a sentir unos deseos inviolables de golpear a Elena. Es cierto que está embarazada y que en estas circunstancias será difícil convencerla de mi necesidad, pero creo que todo matrimonio debe conversar, dialogar y comprender aun los asuntos más escabrosos, como este, por ejemplo.

Esta breve declaración, o confesión —sin remordimientos, sin sobresaltos—, la hice ante el juzgado, y aunque Elena, mis suegros y el resto de sus familiares se mostraron retraídos e inclementes, sobre todo inclementes, me alegró ver a mi madre y a mi padre tan preocupados, y sobre todo las lágrimas de mi hijo: todo ternura, todo candor, todo «niñohermosomiraquebienseportasiparece-

unhombrecitoetc., quien reclamaba el abrazo de su padre, entre otras idioteces tan propias de los niños bondadosos como él.

186- Después de golpear a mi hijo. Por El caballero andante, 5.2 out of 10 based on 21 ratings

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15 Responses to “186- Después de golpear a mi hijo. Por El caballero andante”

  1. Luc dice:

    Bien redactado.
    Del tema mejor no hablamos; que no todos los desnortados están en el manicomio es tan indiscutible como la ley de la gravedad.
    Sí debo añadir que la sucesión monocorde y rítmica de la trama en este monólogo confesional hace sospechar el desenlace desde aproximadamente la mitad del texto. Tal vez porque, a poco lector de cuentos que se sea, no esperas otras clases de epílogos. La conciencia nos queda más tranquila, aunque desgraciadamente la realidad supera en cinismo e impunidad a esta ficción.
    Tampoco me parece que conviniera utilizar otro registro narrativo; creo que es exactamente el que la historia requiere.
    Un relato sentido y de intenciones nítidas.

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  2. Cánquel dice:

    Se me ha revuelto el estómago. La frialdad del descerebrado maltratador eriza el vello tal y como lo describes. Sobervio. Imposible quedar indiferente después de imaginar la escena en la cama mientras le golpea por que sí. Me gusta que en ningún momento hablas de la reacción del niño. Está claro que ese tipo ni la oye, ni la siente. El retrato de alguien al que «se le ha caido» en alguna parte la capacidad para compadecerse. Impactante.

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  3. HÓSKAR WILD dice:

    Sencillo y descrito con toda la frialdad que tienen algunos de esos indeseables que aun andan sueltos.
    Mucha suerte.

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  4. LUCIO ANNEO dice:

    Se me han puestos los pelos de punta… Realmente sobrecogedor, transmite el sadismo propio de un monstruo. Es un buen relato, te deseo mucha suerte!!!

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  5. Rita dice:

    Muy duro y muy crudo!

    Suerte

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  6. RUIZ DE LA MUELA dice:

    Sorprendente, un tema muy complicado tratado con una desconcertante naturalidad. Buen relato

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  7. Esperanza004 dice:

    La descripción de una persona demente, malvada, fría y cruel. Un relato corto, entretenido y feroz.

    Suerte

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  8. Granizo dice:

    Tremendo relato (en todos los sentidos). Consigues desentrañar la mente del tipo y que uno lo odie como se merece. El tema no te puede dejar indiferente. Suerte

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  9. Atenea de Fuego dice:

    Buena prosa, pero es un tema terrorífico. Me he quedado con el corazón en un puño.
    Suerte en el concurso.

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  10. la ciudad dice:

    Si algo detesto es que se maltrate a un niño, en cualquiera de sus formas.

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  11. la ciudad dice:

    Si algo detesto es que se maltrate a un niño, en cualquiera de sus formas. La narración o confesión está bien escrita, pero produce náuseas.

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  12. Antístenes dice:

    Un relato «políticamente correcto» en exceso. La psicopatía de individuo está totalmente desdibujada. La falta de empatía emocional, con las repercusiones que sus actos causan en los demás, no impiden que el sujeto satisfaga pulsiones concretas y, en esta historia, se ignoran. Y, en todo caso, al menos para mí, me resulta totalmente increible el final. No he conocido niño alguno que, harto de bofetadas, encima busque un «abrazo» de quien se las dio…
    Suerte.

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  13. Toribio dice:

    El «síndrome de Estocolmo» y el apego al maltratador (sobre todo si la víctima es alguien débil), está bastante estudiado.

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  14. Gárgola dice:

    Esperaba algo más, aparte de esa frialdad, de ese cinismo, un tanto irreal, sobre todo teniendo en cuenta que se narra en primera persona y por el propio agresor. Creo que detrás del maltrato siempre hay una razón: odio a la humanidad, venganza hacia la madre-esposa, imitación del trato recibido por parte de nuestros progenitores, etc. Quizá hubiera estado bien darle un toque surrealista a la historia, por ejemplo que el maltratador fuese un anciano que, habiendo perdido la cabeza por demencia senil, ‘golpea a su hijo’, o algo así. En fin, es sólo una opinión.
    Te deseo suerte en el concurso.

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  15. LUCIO ANNEO dice:

    No me gusta discutir con los comentaristas de relatos, pero en esta ocasión, y con la seguridad de que Gárgola siempre argumentará positivamente mi comentario, en mi modesta opinión jamás un maltratador justifica su postura, y desde la óptica de un no-maltratador resulta sumamente irrealista darle otra versión a la historia. El malo no necesita jamás aclarar su postura…

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