premio especial 2010

 

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28 Responses to “216- Arcón de odio. Por Anny Zetto”

  1. HÓSKAR WILD dice:

    ¡Cuánto chiflado hay por ahí! Y, casi siempre, alguien de la curia agazapado en las sombras.
    Mucha suerte.

    VA:F [1.9.22_1171]
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  2. Hank dice:

    A ver, Aniceto, ¿no se le ocurre una forma menos rebuscada de decir que su personaje es obsesivo compulsivo que esta?

    “Esa pulcritud en el detalle, esa repetición de acciones, esa simetría en la ubicación de los objetos eran el único y poderoso sostén de su sosiego”.

    Por favor, que esto no es un concurso de retórica, sino de relatos. Seamos más humildes y escribamos cosas interesantes y atractivas de por sí, sin necesidad de embadurnarlas en chantillí.
    Para muestra, otro botón,

    “Pero inmediatamente tornó a lo suyo. A sufrir callado la histeria de su historia, a seguir atesorando silencios en ese arcón obtuso, a alinear ideas, cepillos de dientes y toallas y –en último término- a limpiar el polvo a su colección callada de venganzas, que hacía tiempo tenía desatendida, con sitio también en aquel arcón sin nombre, grande y silencioso, en el fondo intemporal de su trastero de alma.”

    Y no señalo más por no aburrir a la concurrencia.

    Venga, haga un esfuerzo por ser más natural y verá qué bien le resulta el experimento.

    Suerte.

    VA:F [1.9.22_1171]
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  3. Anny Zetto dice:

    Gracias HÓSKAR WILD por la amabilidad de tu paso y tu lectura. A la locura se puede llegar de mil maneras, aunque cuando se atesoran tantas, como le sucede al personaje de este relato, es casi obligado empezar a pensar en camisas de fuerza. Lo malo son los oficios en los que puedan agazaparse, desde donde clamar venganza para su desasosiego.

    Un saludo.

    VA:F [1.9.22_1171]
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  4. Anny Zetto dice:

    Estimado Hank:
    Antes que nada, que sepa que agradezco mucho su paso por mis letras, tanto como deberán estarlo el resto de compañeros a los que usted ha tenido la amabilidad y la paciencia de visitar para después contarlo.

    Y ahí, en el contarlo es donde difiero algunas veces de sus juicios sumarísimos. Normal por otra parte, tan ingente labor de lectura crítica acaba por desbordar cualquier neurona. Y mi relato iba de un obsesivo compulsivo. ¡Qué cosas, Dios! Ya ve qué fácil es hacer juicios de valor equivocados. No se ofenda, no, que es sólo una broma inocente.
    Un escritor de relatos es un contador de historias, lo sabe bien. Pero no de cualquier manera, ni coloquialmente –o quizá sí- porque el cómo lo haga ya será razón de su propio estilo. Que a usted le puede agradar o no, pero que no deja por eso de ser el suyo. Para telegramas o titulares de prensa ya hay otros medios ¿no le parece? Dotar al texto de fuerza expresiva, disfrutarlo mientras se lee sin esperar siquiera –o todavía- a conocer su desenlace, es lo que diferencia a un aspirante a escritor de un guionista de telenovelas de serie B. Si se desvincula la expresión escrita de la carga lírica o expresiva (que no retórica) aprovechando las posibilidades con que el rico vocabulario español nos agradece la pluma, entonces se pierde lo mejor. No se trata de tragar a dos carrillos para matar el hambre -como con su impaciencia usted podría dar a entender- no, sino de paladear mientras se lee. Desnudar del todo un texto de la fuerza agradecida de la palabra es peligroso. De tan simple se puede caer en el ridículo. Yo, cuando de lector me pongo delante de un relato, no quiero que me cuente la vecina del tercero – o quizá sí, pero no en este caso- asaltada por el reportero de turno con rulos y pantuflas cómo se les quemó la casa a los Fernández cuando ella regaba los geranios de madrugada ya ve usted, sino que le ponga nombre a las palabras de su texto para ponerme en vías de imaginar texturas. Si fuera en el comer, no está de más una pizza de vez en cuando, pero no me negará usted que un buen bacalao al ajo arriero –por decir algo sano y sin llegar a platos de cocina creativa- tiene más “fundamento”. Cuestión de paladar, es indudable. Allá usted con su cordura.

    La naturalidad expresiva está en la piel de cada uno. La mía es esta; cuestión de costumbres. Aunque no soy el único. Fíjese que en un relato contiguo al mío le vienen a decir esto mismo que yo le apunto. Una máxima incuestionable: Cuánto más se habla (o más se escribe) más se hierra. Yo incluido. Por eso no es bueno creer que lo que uno piensa es universal. Lo digo por lo de no aburrir a la concurrencia, que dice usted no querer hacer si se extiende enumerando mis circunloquios. No se preocupe, escrito está; y los demás tampoco son tontos, no vaya usted a creer.

    Pero no me haga mucho caso, Hank, que todo es opinable, y en literatura –no soy pretencioso, que yo no me incluyo en ella ni de aspirante- mucho más.

    Un saludo amigo; y alabo y reconozco su esfuerzo lector y crítico, y el que por su motivo -quien más quien menos- acabe por aparecer a defender su estilo –como acabo de hacer yo ahora- asomando al sol del certamen estos cuernos de caracol adormecidos de indiferencia.

    Aún así me sigue pareciendo positiva para mí y aleccionadora su crítica, no crea. Nos veremos en su relato. Hasta otra.

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  5. Hank dice:

    Rebate usted con acierto y cordura mis comentarios, Aniceto, y además lo hace con bastantes argumentos, aunque no todos correctos ni acertados, pero sí es meritorio defender el estilo propio y aunque no coincido en su visión de la literatura moderna, no puedo por menos que alabar las formas con las que ha contestado.

    Más de uno de los que se limitan a dos tonterías para llenar el cupo deberían aprender de usted.

    Gracias por su sinceridad y me alegrará leer su crítica a mi texto.

    Un placer.

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  6. Antístenes dice:

    Si su objetivo ha sido el que no continuase con su historia tras leerle «…el dentífrico y el cepillo dental, callados frente a frente en el ruedo del vaso…», he de decir que no lo ha conseguido. Ha ocurrido tras «lámpara impertérrita» y «lifting «incruento»…

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  7. la ciudad dice:

    anny: a los que no nos convenció tu historia, bien podrías aplicarnos estas líneas que tú mismo escribiste:
    -¡Pandilla de cobardes! -masculló Hermógenes- si os acabo de perdonar la vida. ¿Y así me lo agradecéis, imbéciles?

    Pero inmediatamente tornó a lo suyo. A sufrir callado la histeria de su historia

    VA:F [1.9.22_1171]
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  8. ALBA LONGA dice:

    He disfrutado tu relato y el comentario que le haces a Hank, tanto o más que el propio relato. Comparto plenamente lo que allí expresas pues también me deleito, como tú, en el sabor de las palabras y sus matices irisados. Entiendo que todo relato que se precie debe mantener un delicado equilibrio entre contenido y forma, de tal manera que ninguno prevalezca o predomine sobre su contrario. Al decir, ni huevo ni gallina, sino un buen caldo.
    Ocurre que en esto de la literatura, como en casi todos los ámbitos de la vida, hay una tendencia irrefrenable hacia la simplificación, tal vez por comodidad, acaso por ignorancia, o prisa, o molicie ¡qué se yo!
    Pero como no es lo mismo sencillez que simpleza se acaba cayendo, con demasiada frecuencia, en la vulgaridad. Y es que quienes defienden que los autores debemos escribir tal y como se habla en la calle, confunden la literatura con la crónica. Porque en la calle se habla de muchas maneras y casi todas pobres pues prima la urgencia en la comunicación. Sin embargo, la lectura nos brinda el sosiego necesario para la delectación, la degustación lenta del matiz, el descubrimiento del guiño que se oculta en cada palabra, su poliédrica inteligencia.
    Es cierto que, por cuestiones de verosimilitud, el autor debe sujetarse en cada ocasión a las demandas del relato y adoptar, cual mimético camaleón, las formas que mejor se ajusten a ese milagro cotidiano que se establece entre escritor y lector (cuando ambos los son plenamente), que pone en comunicación inalámbrica y eterna dos almas alejadas por el tiempo y el espacio. Cuando el punzón de la palabra es capaz de pulsar y despertar esas emociones atávicas e inconscientes grabadas en nuestro común pasado colectivo y nos hace cómplices de la misma aventura vital. Eso es la literatura.

    Desde luego entiendo que has acertado en tu relato con la elección del estilo y del vocabulario (pues al final todo es una cuestión electiva), ya que logras transmitir con precisión esa personalidad abigarrada y contradictoria del personaje. Enhorabuena.

    Por último te invito a leer mi cuento, el 181, y te propongo que dejes allí tu opinión sincera sobre el mismo. Te lo agradecería mucho.

    Un saludo cordial.

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  9. Anny Zetto dice:

    Se apropia usted de la paternidad de un cínico, amigo Antístenes, y trata de hacele honor comentario a comentario. La diferencia es que aquel griego tenía más bagaje cultural que lo que usted aparenta o deja entrever. Mire, le guste o no, la literatura nombra a sus autores por la capacidad que tienen de rendirle culto a la palabra, a la metáfora, al gesto, a la calidad del idioma que emplean, a la par que a las historias que cuentan. O quizá todo lo contrario, pero siempre adrede, intencionadamente. Entrar en los cánones de la perfecta prosa al uso no es mi motor de escritura, sino dotar de sentido lírico e imaginativo a lo que me viene a mostrar la prosa de lo cotidiano. Contar, sin más ni más, no me complace. Otra cosa es cómo le llegue a usted -a los demás- y opinen, como hace usted y los demás, en el sentido de sus propios gustos. Ahí le doy toda la razón. Pero no es bueno descalificar por el mero hecho de no entender o disentir de forma o fondo. Mi verbo lleva implícita una carga poética que a usted le distrae o le persuade de leer. Allá usted con su textura léxica, yo disfruto en el juego de los pormenores, donde los objetos son también parte del entramado de la historia y juegan a humanizarse y a sentirse vivos. Pero sólo es mi idea, apenas nada.

    Buscaré su propia prosa para saber cuánto es usted de cínico.

    Un saludo y gracias por su comentario.

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  10. Anny Zetto dice:

    Es «la ciudad» tan grande que se muestra autosuficiente para contestarse sola. La ciudad nunca duerme, lee y fagocita cuánto atrae.

    El respeto a los demás y a sus opiniones es para mí lo primero. Disienta o no de las mismas, sean o no rebatibles. Nunca insulto ni menosprecio a nadie, por sistema, porque tampoco me gusta que lo hagan conmigo. Por eso no le aplicaría a ningún lector el párrafo extraído del relato que usted apunta. Bastante es ya que le lean a uno como para responder con salidas de pata de banco. Otra cosa es defender –por lógica- lo que uno ha escrito, exponiendo sus intenciones primeras y argumentando qué y cómo se propuso llevarlo a cabo. El resultado es opinión de los demás, y siempre respetable, hasta cuando duela. Gustarle a todo el mundo es imposible, pero no gustarle a nadie es del todo decepcionante.

    Lo que sucede aquí es que no todo el mundo se expresa tras leer, y la opinión de unos pocos puede dar una visión sesgada. Como en todo, se manifiestan los más osados, los más críticos, los más inconformistas, el resto contempla y calla. Aunque la indiferencia es la peor de las críticas.

    Siento verdaderamente que no le convenciera mi historia. Pero no, “la ciudad”, no hay insultos; agradezco su paso, su opinión y su guiño. Y ahora sí, soy yo quien retorna a la histeria de mi propia historia.

    Gracias por su lectura y su opinión.

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  11. Ojalá vivieran Hodgson o Milton. dice:

    ¡Brillante, brillante! De verdad que me alegro de que hayas creado a este personaje: muy carismático en pocas líneas.
    Hay tantas lecturas y tantas críticas dentro del relato que me he quedado con ganas de mucho más (el párrafo 12 es brutal (al menos para mí))… De verdad que el vocabulario es espléndido y, para quién está acostumbrado a la lectura, no me parece complicado.

    Me gustaría estar en contacto: para mí el concurso es importante (obviamente) pero lo prioritario es conocer a escritores con los que pueda compartir la pasión por la escritura.

    Por lo demás, es una pena que haya lectores que confundan al personaje con el autor… Aunque, sin duda, lo peor es que haya personas que se dediquen a intentar dinamitar a sus compañeros por un concurso… Por lo menos aquí el señorito Hank ha tenido un poco de elegancia y ha escondido la cabeza a tiempo, eso sí, conservando algo de su indispensable prepotencia… Mira que atreverte a decir tonterías sobre un relato como éste, qué huevos (sí, sí, cada uno tiene su opinión, pero la tuya es interesada, no constructiva, que se te ve el plumero).

    En fin, enhorabuena y saludos Anny Zetto, espero que no te haya incomodado mi comentario. Si tienes algún espacio donde publiques estaría encantado de conocerlo!

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  12. Ruiz de la Muela dice:

    Nada más empezar a leer tu personaje me recordó al de «mejor imposible», una gran película y el tuyo un gran relato. Suerte

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  13. la ciudad dice:

    Mi querido Anny. No te lo tomes tan a pecho, cierto que nunca duermo y leo y fagocito cuanto atraigo. Me precio de tener tiempo (y no te creas que mucho) lo aprovecho para leer y escribir, que son dos cosas que me apasionan. Que bueno que te diste cuenta del guiño, de eso se trataba, igual hasta de arrancarte una leve sonrisa, pero no de insultarte o de ofenderte. siento mucho que así haya ocurrido, leí tu narración y simplemente no me gustó, celebro que a muchos les haya gustado y que hasta la consideren de lo mejorcito del certamen. A mí no me gusta el gazpacho y eso no quiere decir que no me guste la cocina española.
    Hay cosas que si me han gustado como el cuento de Alba Longa, que por cierto contesta a mi entusiasta comentario y lo hace para «trece rosas» y yo, pues no me azoto. Tampoco me ofendí por los comentarios que a mi cuento hicieron Antistenes y Dominose (a lo mejor soy masoquista) Así es esto mi querido anny. Suerte

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  14. Luc dice:

    Un recorrido vital, más que un puro relato, con un estilo muy concreto (llevado sin muchos preámbulos ni contemplaciones a un nivel bastante avanzado), mediante el que han maniobrado con gran éxíto escritores de gama alta. Por ello ésta es ante todo una apuesta arriesgada que, a priori, me imagino que el autor ya espera que será comprendida por unos pero no por otros.
    En fin, que cada cual escribe como le da la gana, y para el lector la disposición más pragmática es pensar que con cada cosa que lee se le ensancha el mundo.

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  15. Anny Zetto dice:

    Un gran comentario el tuyo Alba Longa, y lo suscribo por completo, porque independientemente de que tus aseveraciones -que son también las mías- pudieran ser rebatibles, el estilo y la corrección léxica, la forma y el fondo no dejan lugar a dudas. Y no lo digo porque estés en consonancia con mis premisas, sino porque aunque fuese todo lo contrario seguiría pensando lo mismo. No es cuestión de estar o no de acuerdo -la diferencia, además, enriquece- sino porque argumentas con inteligencia tus puntos de vista.

    Detrás de tu atinada crónica se asoma una persona brillante y buena conversadora, amante de la lectura -entre otras artes- y con los ojos bien abiertos a todo lo que el mundo y sus alrededores acaba por depararnos. Lo demás es ilusión para contarlo.

    Lo importante, sobre todo, es el cambio de pareceres.

    Gracias por tu lectura y tu tiempo, y un abrazo.

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  16. Anny Zetto dice:

    Gracias por tu presencia y tus hermosas palabras «Ojalá vivieran Hodgson o Milton» y aunque reconozco que me halagan, también creo en conciencia, que son exageradas y no las merezco en absoluto. El escritor busca, muchas veces sobrepasado por la imaginación de sus personajes, en donde ubicar su ficción y con qué personajes asumir una historia como creíble, dudosa o concienzudamente descabellada, y aunque una y otros conserven algo -es inevitable y hasta grato- de la personalidad de su autor, precisamente la más divertida de las prebendas que tiene el escritor es que puede fantasear, jugar, elucubrar y atribuirse dotes de dios menor para ubicar y contar dónde y cómo mejor le parezca todo lo que su sapiencia o desmesura le cumpla. Lo demás, el reconocimiento, los premios, el anhelado éxito, será después otro escalón, otra vigilia.

    Lo que es indudable es que quien pretende escribir, tiene que tener también la vocación de leer, y de enriquecer su vocabulario, siquiera para saber llamar a cada cosa por su nombre, aunque luego lo utilice o no lo utilice, en la medida que desee. Hasta para jurar en arameo hace falta estilo, ¿o no?

    Desvelar aquí y ahora personalidades y lugares de escritura estaría en contra el anonimato de este certamen. Ya habrá tiempo, al finalizar el mismo, de ubicarse y ubicarnos.

    Gracias y un abrazo.

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  17. Anny Zetto dice:

    Muchas gracias Ruiz de la Muela por tu paso por mi relato, y la por la aportación que haces al relacionarlo con esa película de Nicholson. La verdad es que no había caído en la cuenta. Tampoco he visto la película aunque conocía de su existencia, pero trataré de hacerlo ahora, picado ya por la cuiriosidad que tú me revelas.

    Mis personajes nunca acostumbran a ser triunfadores de la vida, sino todo lo contrario. Mi escritura apunta, quizá por vocación -me lo voy a tener que hacer mirar, por si acaso- a personajes que deambulan las calles sin especial sobresalto, personas aparentemente normales, vulgares, cotidianos, con los que puedes cruzar un buenos días a la salida de cualquier panadería de barrio, o dictaminar a solas, en el ascensor, el clima del próximo trimestre. Los grandes héroes de las grandes mentiras improbables, acaban por cansarme la piel de aburrimiento. Y asumo el día a día, como el mejor botín de inspiración posible.

    Un abrazo de gracias.

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  18. minerva dice:

    !Qué miedo me dá este conductor! Anny. Tengo que decirte que me ha gustado el relato y su forma de expresión; sus metáforas y esos juegos de palabras que nos hacen saborear la prosa. Mi estilo de escribir es distinto, pero cada uno escribimos como nos sale, ¿verdad?
    Me lo he pasado en grande con los comentarios. Mucha suerte.

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  19. Me ha gustado mas el trazo del personaje que la historia, pero la historia me ha gustado mucho asi que…despejen la incognita.

    Suerte!!

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  20. Anny Zetto dice:

    Gracias «la ciudad» por volver al relato y dejar evidencia de tus apreciaciones. Pero yo no estaba ofendido, no, sólo que me parecía poco clarificador tu comentario al texto, y el párrafo del mismo elegido como respuesta, por el propio contenido; aparte de que no te hubiera gustado el relato, como cláramente manifiestas, y yo acepto y te alabo por tu sinceridad. Para gustos se hicieron los colores, y hasta quienes se sueñan escritores. Se aprende más de una mala crítica que de una alabanza sin fundamento.

    Sonrío contigo, alabo tu esfuerzo de tiempo y lectura y comparto contigo el gusto por la cocina española, gazpachos aparte.

    Un abrazo.

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  21. Anny Zetto dice:

    Muy buena visión crítica Luc. Sintetizar estructura y pretensiones, de quien se atreve a publicar sus miedos literarios, hacen de tu ojo lector una lupa grande y concisa. Apoyo tu tésis (no buscada a priori) de recorrido vital más que relato, pero seguro que tú sabes que suele ser la historia quien obliga al escritor -por mucho que éste se niegue- antes que al contrario. Es empezar a tirar de la madeja y el personaje se emancipa del autor y pretende volar solo, o conducir trenes de RENFE con ínfulas de suicida vengador. Personajes de papel, sueños de blanco.

    Gracias por tu comentario crítico.

    Un abrazo.

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  22. Anny Zetto dice:

    Gracias Minerva por tu paso y tu comentario. No le temas a los suicidas que anuncian su decisión, son sólo seres timoratos que buscan la comprensión y el cariño que les negara la vida, quizá porque nunca se atrevieron a demandarlo de viva voz, o a salir ellos mismos en su busca sin esperar a que fueran los demás quienes se les acercaran a compadecer su entorno.

    En todo caso, me sirvió de argumento para enhebrar este relato cariacontecido, crítico y algo irónico, que disgusta por igual -parece- a quienes lo alaban como a quienes lo denostan. Y eso no es del todo malo, lo peor es la indiferencia.

    Afortunadamente cada quien busca su propio estilo de contar, y eso hace amplio y agradable el horizonte del concurso. Ya se sabe que en la varidad…

    Un abrazo.

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  23. la ciudad dice:

    any: Ya no te dije en mi segundo comentario, pero volví a leer tu relato y ¿qué crees? no sólo me gustó, le encontré sentido. felicidades

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  24. Roberta B. dice:

    La historia que cuenta el relato me ha gustado, la forma, menos. Desde mi punto de vista el abuso de adjetivos dificulta la lectura. De todas formas, creo que cada uno tiene un estilo, y haces bien en defender el tuyo.
    Suerte en el certamen.

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  25. Anny Zetto dice:

    Gracias «Seres Entrópicos» por vuestra apreciación y vuestra visita. Es lo que tiene ser varios, que podéis consensuar vuestra opinión con vosotros mismos, y así nunca os equivocais a pesar de vuestro desorden aparente. Los que vivimos del singular, anunque tengamos varios «yos» acabamos siempre en el perfil de la duda, porque no tenemos con quien contrastar los gustos.

    El galimatías que formulais tiene su miga, y yo -egoista- me quedo con la parte más favorable.

    Siempre se aprende, hasta de la incertidumbre.

    Un abrazo.

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  26. Anny Zetto dice:

    Gracias «la ciudad» por hacerte tan habitable. Parece que los semáforos están en el lugar de siempre y funcionando a pleno rendimiento. El tráfico es a veces como un relato parsimonioso que abunda en el epíteto (atasco) pero que deja disfrutar del panorama o del humo de los tubos de escape, según tendencias, y que obliga al conductor o al peatón a detenerse un momento y observar su entorno, observarse sí, por si le hubiera de importar tomar conciencia de seguir viviendo. Mañana…, mañana quizá ya sea mañana.

    Un abrazo.

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  27. Seres Entrópicos dice:

    No es nada egoísta, todo en mi comentario era favorable 🙂

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  28. Anny Zetto dice:

    Gracias Roberta B. por tu visita y tu sincero comentario. Nadie dijo que leer un relato, o cualquier otra cosa, hubiera de ser facil. Leer es una diversión y dentro de ella se encuentra la dificultad o el disfrute de aprovechar las posibilidades infinitas que el idioma castellano proporciona. Jugar con la palabra, aprender de ella y con ella es ya en sí mismo un objetivo. Puede que mi relato abuse del adjetivo, que abusa, pero desde la idolatría que la palabra merece. Vulgarizar lo obvio hasta la deglución sencilla es tan miserable por parte del escritor como hacer pasar por la turmix un arroz con bogabante con tal de que se lo coma la prole de los vivos. Que se lo coma tal como está quien verdaderamente le guste y lo disfrute, y lo valore. No quiero hacer similititudes ni categorizar mi relato, no, es sólo un ejemplo de que no hay que tratar, por sistema, de que todo sea sencillo para todos. Será el lector y su voluntad de llegar al final de una lectura quien haga fácil o difícil la forma y el fondo de cada relato. Pocas cosas hay sencillas en la vida, todo cuesta un esfuerzo, no simplifiquemos tanto la prosa que rebajemos -sin querer- la categoría del arte.

    No obstante, comparto contigo que mi relato abusa del adjetivo.

    Un saludo.

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