premio especial 2010

 

May 29

De entre todos los poetas Metáfora prefería a Soneto, no por su condición de romántico ni por su aire culto y distinguido, sino porque lo había perseguido en cada verso hasta enamorarse de él y convertirlo en el objeto único de su obsesión.

Un buen día, mientras observaba disgustada el efecto grávido de sus pechos, rondaría ella los cincuenta, Metáfora se encontró exhausta de soñarlo, le envió una carta breve exponiéndole que lo amaba y solicitó conocerlo.

Tampoco fue menos directa la respuesta de él, quien la citó en su Florencia natal y aceptó ese amor inesperado con el mejor de los talantes, sin prejuicios de edad ni de cordura. Así que aquella mañana de mayo, cuando Metáfora se apeó en el andén de la estación, la ciudad de Florencia se presentó ante sus ojos como un universo lleno de expectativas. Apuntó entonces sus senos agotados hacia el norte de la ciudad, donde él la había citado, y encaró con paso firme hacia el  punto medio del puente Vecchio, donde la esperaría Soneto.

Así vestida, con el traje azul cielo, vaporoso y atrevido, suelta la melena riza por sobre la espalda angulosa, Metáfora resultaba espectacularmente bella, como recién salida de un poema medieval y por eso, a quienes se la cruzaban por las calles de adoquines se les ocurría la idea de que Florencia se había convertido de nuevo en la sede de romances increíbles de los siglos anteriores. Pero Metáfora, del todo ajena a aquellas sensaciones, tan sólo repetía para sí unos versos de Garcilaso:

“Escrito está en mi alma vuestro gesto

y cuanto yo escribir de vos deseo;

vos sola lo escribiste yo lo leo

tan solo, que aun de vos me guardo en esto”

 

Al otro lado de la ciudad, Soneto, quien no parecía menos ansioso que ella, se colocaba sus rizos, endecasílabos y negros, en un tupé anticuado mientras tarareaba estrofas enteras de corrido. Entre tanto que se acicalaba como una novia inexperta, Soneto también retocaba la decoración de su viejo ático. Un jarrón con flores aquí, las tazas del café allá. Y es que después de tantos años escribiéndole al amor, aquella mañana de mayo Soneto se encontraba visiblemente nervioso por aquella situación inesperada. Devolvió ahora el jarrón a su alacena inicial y colocó la taza invertida, sello infalible de pulcritud, que pensó atareado. Se abalanzó después sobre el teléfono que sonaba y despidió a su editor con un cuarteto que más bien debiera haber reservado para ella:

“En esto estoy y estaré siempre puesto;

Que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,

De tanto bien lo que no entiendo creo,

tomando ya la fe por presupuesto”

 

En el mismo momento en que Soneto colgaba el teléfono, Metáfora comprobó que todavía faltaban unos minutos para las doce del mediodía y, a pocas manzanas del Puente Vecchio, cuando ya se divisaban las casitas coloridas que lo atravesaban, sonrió complacida y se sentó a esperar en una cafetería cercana.

Removía el azúcar dentro de la taza, olfateando el humo del café negro, cuando el mismo Indalecio Novela se presentó ante ella con una sonrisa socarrona, tan prosaica como sólo podía ser la de Indalecio, y se sentó sin preámbulos en su misma mesa. Metáfora, cansada ya de inventar excusas para aquel pretendiente obstinado -quien durante años la había perseguido con el argumento de que ella no estaba hecha para un verso-, bebió el café de un solo trago y con la voz quemada de pura rabia, le zampó en su cara los siguientes versos:

“Yo no nací sino para quererle,

Mi alma lo ha cortado a su medida;

Por hábito del alma misma yo le quiero.”

 

Cabe ahora explicar que la historia de Indalecio Novela y Metáfora es otra bien distinta. Provista de la trama intrincada de una prosa respetable se resume en que él, elocuente como ninguno, la deseó desde siempre, mientras que ella, que desde niña profesaba por Soneto un amor ciego y exclusivo, lo había rechazado una y otra vez sin dilaciones. Por eso, en este día fatídico para él, Indalecio cometió la grosería de colarse en esta historia, la que tan sólo pertenece Metáfora y a Soneto, para jugar sin suerte su última carta en el amor.

Pero sin ánimo de entretenerme más con este otro cuento, os referiré que Metáfora lo despachó otra vezcon un palmo de narices y, mientras bajaba por la calles de Florencia, a punto de alcanzar el puente Vecchio, le vinieron a la memoria las muchas veces que había soñado con aquel momento. Se recordó a sí misma con un par de trenzas y la cara pecosa recitando los versos endecasílabos, siempre agrupados en dos cuartetos y dos tercetos, del joven Soneto que ya componía.

Luego vinieron sus años de facultad y se supo con la mirada brillante mientras repetía las poesías de él y soñaba luego con el día en que ambos formarían un hogar: Soneto siempre solícito para abrirle la puerta, regalándole flores, declamando para ella. Así descubrió Metáfora que, durante todos estos años, se había acostumbrado tanto a esa imagen inventada de Soneto que ésta no era sino su mejor amiga y confidente. Había soportado a través de ella el peso de la soledad y la rutina y  había sido también su confesora y su mejor compañía y así, maravillada, Metáfora cayó en la cuenta de cómo a lo largo de los años todas esas sutilezas habían sido el origen su felicidad intacta.

Mientras Metáfora bajaba pensando en esto hacia el punto de encuentro, Soneto, pobre diablo, aún sorteaba los coches y los taxis de la ciudad. Desencajado, temía llegar tarde a la cita. Pero entonces, un minuto antes de las doce, cuando su vista ya alcanzaba el puente de los Suspiros, se detuvo en seco, como frenado por un infarto repentino, y concibió la revelación insólita de que toda su vida había sido feliz simplemente soñando quién lo leería; quién, al otro lado de sus versos, soñaría con amarlo algún día mientras que él le recitaba sus sonetos.

Y en el preciso momento que sonaron las doce del mediodía en el reloj de la catedral, ese instante mágico que pertenece al Ángelus, cada uno a punto de tropezar con el otro que ya llegaba por el extremo opuesto del puente, sufrieron los dos esta misma revelación insólita, la certeza absoluta de que la felicidad no reside en ningún otro sitio que en el camino mismo que lleva hasta los sueños y por eso, también al tiempo, ambos se volvieron hacia atrás y, mientras regresaban sobre sus propios pasos de ideales e ilusiones, aún con la mirada húmeda por el acierto, rezaron a un mismo tiempo la letanía sagrada con que concluía su soneto preferido:

 

“Cuanto tengo confieso yo deberos;

Por vos nací, por vos tengo la vida,

Por vos he de morir y por vos muero”

219-Escrito está en mi alma vuestro gesto. Por El polichinela, 4.9 out of 10 based on 12 ratings

Enviar a un amigo Enviar a un amigo Imprimir Imprimir


10 Responses to “219-Escrito está en mi alma vuestro gesto. Por El polichinela”

  1. HÓSKAR WILD dice:

    Pues me quedo con la intriga de qué habría salido de ese hipotético encuentro entre Metáfora y Soneto.
    Mucha suerte.

    VA:F [1.9.22_1171]
    Rating: 0.0/5 (0 votes cast)
  2. la ciudad dice:

    la verdad…

    VA:F [1.9.22_1171]
    Rating: 0.0/5 (0 votes cast)
  3. Ambrose Bierce dice:

    Completare la frase: «la verdad… me parece de una sensibilidad exquisita»

    VA:F [1.9.22_1171]
    Rating: 0.0/5 (0 votes cast)
  4. Gárgola dice:

    Me parece muy original y muy bien construido, a semejanza del soneto que vas desgranando.
    Solo una puntualización. El primer terceto del soneto de Garcilaso dice así:

    Yo no nací sino para quereros;
    mi alma os ha cortado a su medida;
    por hábito del alma misma os quiero.

    Ignoro si los cambios que has introducido en él han sido deliberados o producto de una mala transcripción.
    En cualquier caso, ese detalle no empaña para nada tu excelente trabajo.
    Espero que tengas suerte.

    VA:F [1.9.22_1171]
    Rating: 0.0/5 (0 votes cast)
  5. Gárgola dice:

    Repasando el relato creo comprender que efectivamente esos versos los altera la protagonista para hacer ver al pretendiente molesto que ella ama a otro hombre. La lástima es que con ello se pierde la rima (quererle/deberos), aparte de que el último verso te ha salido de 12 sílabas en lugar de las 11 reglamentarias. Podrías haber suprimido la palabra «misma» y hubiera mantenido la métrica de los restantes versos.

    VA:F [1.9.22_1171]
    Rating: 0.0/5 (0 votes cast)
  6. Antístenes dice:

    Una «fabulita» bastante embrollada y algo cargante, sin más…
    Suerte.

    VA:F [1.9.22_1171]
    Rating: 0.0/5 (0 votes cast)
  7. Yucatán dice:

    ¿Qué hubiera salido del encuentro entre Metáfora y Soneto, Hóskar? Me parece que los únicos amores perfectos son los platónicos: nunca defraudan y son gratificantemente previsibles, ya que los conducimos a nuestro antojo y nos responden justo como y cuando queremos.
    Hicieron muy rebién en largarse cada uno por su lado antes del momento fatal.
    No llego al punto de recomendar el matrimonio con Indalecio Novela -dejando a Soneto en la recámara de la fantasía, para caldear las tardes invernales- porque mi cinismo y falta de escrúpulos no llegan hasta ahí.
    ¿O sí? No sé. 😛

    VA:F [1.9.22_1171]
    Rating: 0.0/5 (0 votes cast)
  8. Yucatán dice:

    Olvidé decir, Polichinela, que el relato me ha gustado por el tema (los amores soñados) y por cómo lo has desarrollado, con el punto justo de efectos retóricos. Tierno, invita a la sonrisa y muy agradable de leer. Suerte.

    VA:F [1.9.22_1171]
    Rating: 0.0/5 (0 votes cast)
  9. Luc dice:

    Muy lograda esta prosa con el lenguaje y la construcción verbal de quinientos años atrás, disuelta en los espacios de una ciudad emblema del Renacimiento, otro personaje más del relato. Hay que haber leído mucha poesía para manejarla con esa soltura.
    No puede hablarse de moraleja, pero sí de un aviso para navegantes más o menos románticos o más o menos adolescentes, proclives al desbarajuste amoroso transitorio. Por si alguno se asoma por aquí.

    VA:F [1.9.22_1171]
    Rating: 0.0/5 (0 votes cast)
  10. Luzzz9 dice:

    Muy original.
    «la felicidad no reside en ningún otro sitio que en el camino mismo que lleva hasta los sueños «,

    Un saludo

    VA:F [1.9.22_1171]
    Rating: 0.0/5 (0 votes cast)

 

 

 

 

 

 

 

Pagelines