Me encontraba sentado en mi sillón favorito leyendo un libro que demandaba mucho esfuerzo cuando un ángel abrió la puerta ventana y entró al living.
– ¡Tranquilo! No temas. No te hare daño. Soy un ángel – Me dijo en un perfecto castellano neutro porque este ángel era el representante de Sudamérica.
– Te estuve observando desde hace unos días como luchas con ese libro que es muy difícil. Y como premio a tu esfuerzo vengo a concederte ¡UN DESEO!!
– ¿Un deseo? ¿Pero esa no es tarea de los genios?
Mi pregunta lo incomodó un poco.
– ¿Que importa eso, quieres que te conceda un deseo o no?
– Bueno, si… pero no se me ocurre nada….
– Algo debes desear más que nada en esta vida hombre. Piensa.
– Mmmm… Dejame ver. ¡Ah! ¡Ya lo tengo! ¡Deseo una máquina, una máquina que pueda cebar mate! ¿Que te parece?
Sorprendido respondió:
– Explícate mejor por favor.
– Es fácil – respondí – una máquina que me cebe mate mientras leo o escribo, así no tengo que interrumpir mi actividad y puedo aprovechar mejor mí tiempo.
– ¿Pero que clase de deseo es ese?
– Intentá leer y tomar mate al mismo tiempo y te vas a dar cuenta que tengo razón. Es muy incómodo. Hay que interrumpir la lectura a cada rato para volcar el agua en el mate y al final ni leo ni cebo. En cambio con una máquina que yo pueda acomodar junto al sillón que vaya cebando y cambiando la yerba estaría más que cómodo y te lo agradecería mucho.
Se quedó pensativo
– No prefieres una buena suma de dinero, serías millonario y podrías contratar a alguien que te la fabrique. Hay buenos inventores en tu planeta….
– De ninguna manera, no necesito dinero, solo quiero mi máquina cebadora de mate.
– ¡Ufff!! Está bien. Eso si, me podrías hacer un dibujo porque no se por donde empezar.
No soy muy buen dibujante, pero accedí a su pedido y dibujé una maquina que tenía cuatro brazos dos para calentar el agua y dos para cebar y cambiar la yerba. Tenía también otras prestaciones pero no quiero extenderme demasiado con tecnicismos que no vienen al caso.
Le entregué el plano. El ángel lo estudió detenidamente y dijo:
– Muy bien. Voy a cumplir con tu deseo.
Después de unos minutos de máxima concentración finalmente hizo aparecer la máquina.
– Listo. ¿Es esta la máquina que querías?
– Creo que si, tengo que estudiarla.
– Ah! me olvidaba- dijo y me extendió un manual – No tengo tiempo para explicarte cómo funciona.
Tomé el manual.
– Fue un placer conocerte. Si vuelvo a verte espero que tengas deseos menos complicados. Adiós.
Abrió la puerta-ventana y salió volando.
Uds. se preguntarán como me fue con la máquina. Mal, funcionó unos meses y después se descompuso. Actualmente duerme en mi baulera junto a una bicicleta que le regalé a mi hija y que nunca usa.
De todos modos la culpa fue mía. Tendría que haber reclamado la garantía.
76- Un ángel sin ingenio. Por Doctorpi
2 comentarios
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Ya no te puedes fiar ni de los ángeles. Va uno con toda la buena intención del mundo y se portan como vulgares humanos. Se nos está yendo ésto de las manos….. Mucha suerte y muchas gracias por compartir este relato lleno de sarcasmo.
Simpático relato, pero hay que tener mucho cuidado con lo que queremos o deseamos, creo que en este caso la culpa no fue del ángel, el sólo cumplió el deseo del lector.