Un herido de guerra, dedicado a humanizar, todas las mañanas atraviesa el río Mayra hasta el barrio de las Morerías. Aplica muy bien su arte. Es un don que maneja hábilmente, sin sucumbir ante los variados y perversos deseos de los verdugos de infelices condenados. Aquellos condenados, pobres miserables, que roban para alimentar a sus protegidos.
Por la corredera de Arabí bajan, con paso precipitado, a primera hora de la mañana los ejecutores.
¾¿Eh, qué llevas en ese fardel? ¾pregunta uno de ellos al herido de guerra.
¾ Anda, entra con nosotros —dice otro—, lo vamos a descubrir ahora mismo.
Entraron en un cafetín, un antro donde ofrecen un lujurioso y deshonesto espectáculo en el que bailarinas sirven té mientras danzan y se exhiben ante los parroquianos sin ningún pudor. Los deshumanizados ríen a carcajadas, arengan, agarran a las bailarinas, jadean, vociferan y gritan expresiones de júbilo.
El herido de guerra desata el fardel, aparentemente repleto de comida, para saciar el hambre de unos cuantos. Ante la mirada expectante de los deshumanizados, despliega un manuscrito y se pone en pie.
Como un rapsoda recitó unos versos sufíes: serranías que muestran el respeto a la vida, tinajas repletas de agua bendita, cestas de enea con frutos de compasión, gorros que cubren de paz y amor.
Todos escuchaban atentos sus palabras; menos uno, el único de cabello rubio, que aprovechó para registrar el fardel hasta llegar al fondo donde descubrió una cajita de madera. Allí estaban las almas de los deshumanizados renovándose. Las almas saltaron a su cuerpo en el momento en que el rapsoda acabó el último verso.
¾¿Qué haces? ¾ interrogó un alma renovada al ladrón rubio.
¾¿Qué os ocurre; es que no vamos a desvalijar a este patán? ¾le contestó el ladrón, enfurecido por la actitud de desaprobación de sus compañeros.
¾Devuélvele esa caja.
¾¡Última oportunidad! ¾avisó el herido de guerra, ¾deja pasar tu alma renovada.
¾¡Eso nunca! ¾y huyó corredera arriba hasta la plaza de ejecuciones, donde accionó el mecanismo de la muerte ante la muchedumbre.
El alma voló de la cajita, deambuló por la plaza hasta que la aceptó otro deshumanizado.
215- Los deshumanizados. Por Ricis,
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Supongo, o me gusta suponer, que en alguna parte existirá una cajita parecida, aunque me temo que tendrá el tamaño de un arcón gigante.
Muccha suerte.
Gracias. Sería estupendo poder renovar el alma de algunos (o muchos9 deshumanizados.
Es muy difícil que un relato que comienza con un párrafo tan enrevesado e ilegible como este,
«Un herido de guerra, dedicado a humanizar, todas las mañanas atraviesa el río Mayra hasta el barrio de las Morerías. Aplica muy bien su arte. Es un don que maneja hábilmente, sin sucumbir ante los variados y perversos deseos de los verdugos de infelices condenados. Aquellos condenados, pobres miserables, que roban para alimentar a sus protegidos».
consiga que algún lector se sienta atraído para continuar leyendo.
No sé si es un virus que está circulando por este foro, pero le sugiero que trate de escribir como habla; como la gente normal habla.
La retórica superflua no atrae a nadie desde los tiempos de Quevedo; y además él era un maestro de ese arte empalagoso.
Seamos naturales en la escritura, compañero, y conseguiremos mucho más que empalagando los relatos. Le aseguro que es muy de agradecer.
Suerte, en cualquier caso.
Extraña apreciación Hank. Justamente hay que escribir como no se habla, excepto al trascribir literalmente un díalogo, claro.
Y menos escribir como habla la gente normal, que habla horriblemente, por cierto. No juzgo el relato, que lo considero desbalanceado y algo confuso, pero el primer párrafo es rico y sencillo.
Al fin, que de otra forma, acabaremos con monosílabos. Y luego comenzaremos con gruñidos. En eso estamos.
Ser natural en la escritura implica un trabajo que pocos encaran hoy en día. Ser natural es lo opuesto a ser pedestre. Y eso somos, en general. Pedestres o pedantes.
No hay que andarse con rodeos: malo con «avaricia»…
Gracias Antístenes por tu comentario: breve y directo. Así nos ayudamos los unos a los otros a crecer. Se nota que eres un buen compañero. ¿Me podrías decir cuál es tu relato para, sin duda, admirar tu estilo? Estoy deseando leerlo para deleitarme con tu oficio. Te saluda un aprendiz y aficionado.
Elecciones acertadas o no, eso es lo que hacen los autores. Yo entiendo que este relato pretende ser poético, y creo que funcionaría mejor dibujando la personalidad de los personajes y el entorno en el que se mueven en lugar de centrarse en lo que ocurre. Aún así reulta curioso.
Suerte
No quiero repetir el error cometido con otros participantes, a los que hemos inundado su espacio con discusiones ajenas, así que agradecería si alguien me puede indicar cuál es el relato de Panzermeyer (no he sabido localizarlo) para poder contestarle allí con más comodidad.
Gracias
No entiendo cómo se ponen a debatir ante algo tan mal escrito.
Ricis, algo le pasa a tu teclado. Escribe lo que no corresponde. Problema técnico, sin duda.
En cuanto al cuento, leyéndolo me ha recordado aquello de que a menudo el escritor no es quien vuelve visible lo invisible, sino quien vuelve visible lo que ya es visible, y todo el mundo mira y nadie puede o no sabe o no quiere ver, porque a veces es demasiado desagradable o hasta espantoso.
Si me permites la opinión, al rastro para entender tu fábula le falta nitidez. Necesita alguna piedra de color más para que el lector no se quede boquiabierto si saber por dónde cogerlo. O, también, que sencillamente el relato hubiera sido más extenso y generoso de información.